La pesadilla de las obras de soterramiento de la A-5 continúa un año después en Campamento y Lucero: “El tráfico colapsa el barrio”
Los vecinos del distrito Latina denuncian la saturación de la línea 10 de Metro, la eliminación de itinerarios peatonales y el deterioro de la calidad del aire

El futuro de los barrios madrileños de Campamento, Aluche, Las Águilas y Lucero comienza a emerger entre los escombros del antiguo paseo de Extremadura, aunque todavía hace falta mucha imaginación para atisbar el resultado final. Un año después del inicio de las obras de soterramiento de la autovía A-5 en esta zona de la capital, los vecinos todavía luchan contra los inconvenientes de la construcción del Paseo Verde del Suroeste, un proyecto que “priorizará la movilidad peatonal y ciclista” frente al vehículo privado y el transporte público, como promete el Ayuntamiento de Madrid. La lista de problemas con los que conviven los vecinos es interminable, e incluye desde el ruido ensordecedor de la maquinaria que acomete los trabajos hasta la reducción de la movilidad de los propios residentes, pasando por el deterioro de la calidad del aire debido al desprendimiento de polvo y de suciedad en las tareas de perforación del pavimento.
El kilómetro cero de las obras de soterramiento de la A-5 es la zona de Batán, en el barrio administrativo de Lucero. Allí, la operación de transformación urbana despierta una “sensación agridulce” entre los habitantes. Así lo argumenta el presidente de la asociación de vecinos de Batán, Arturo Sáez: “Sabemos que la reforma va a quedar bien, pero desde que empezaron las obras hasta ahora nuestro barrio ha permanecido bastante aislado”. La explicación urbanística de ese aislamiento es la situación geográfica de las viviendas, que por un lado se asoman a la Casa de Campo y, por otro, a la autovía A-5. “Somos una especie de frontera”, resume el presidente del colectivo vecinal.
La mayoría de personas que se desplazan a pie entre la zona de Batán y el resto de Lucero antes transitaban por alguno de los ocho pasos subterráneos desperdigados a lo largo de ese tramo de la carretera, pero esa opción quedó descartada el pasado agosto cuando se cerró la última pasarela para continuar con las excavaciones. “Las asociaciones tuvimos que presionar bastante para que el Consistorio habilitase un paso peatonal”, recuerda Sáez. De aquella, la solución del Área de Movilidad fue instalar semáforos en la superficie para regular el paso de vehículos y de viandantes, además de poner en marcha una línea circular de un solo sentido entre Batán y Lucero con tres autobuses y una frecuencia de aproximadamente 10 minutos.

Otro de los problemas que más ha tensado la vida de los vecinos de este rincón de la capital en los últimos meses han sido los itinerarios especiales para coches. “Las entradas al Parque de Atracciones y al Zoológico pasan directamente por nuestras casas. Esta obra ha provocado que el tráfico de vehículos colapse nuestro barrio los fines de semana. Necesitamos sentarnos a dialogar con el Ayuntamiento, el Parque de Atracciones y el Zoológico para explorar alternativas de movilidad”, reclama Sáez. Para él, las obras se han transformado en una “tormenta perfecta” que todavía no ha terminado. “El corte de la A-5, junto con el corte de la línea 6 de Metro ha sido un verdadero infierno. Para ir al trabajo por las mañanas la línea 10 estaba totalmente colapsada y el barrio no podía entrar ni salir”, se queja.
Justo ahí, en el entorno del Parque de Atracciones, el avance de las obras permitirá recuperar en los próximos días la ruta original en línea recta de la autovía para facilitar la circulación, junto con la eliminación del desvío en la curva del Parque de Atracciones. El desmantelamiento del baipás, que se ejecutará en dos fases, permitirá liberar 500 metros en curva para que el recorrido se estructure en línea recta en ambos sentidos.
Un horizonte de obras
El primer tramo del nuevo Paseo Verde del Suroeste alcanzará los 3,2 kilómetros de longitud, un pulmón natural que contará con 7.200 árboles y que discurrirá entre el final de la avenida de Portugal y la avenida del Padre Piquer. Ese es el plano oficial de la obra, el último borrador que diseñó el Gobierno municipal tras modificar el proyecto inicial que culminaba en la avenida de Los Poblados, no en la calle de Illescas. El túnel que redirigirá el tráfico de la A-5 bajo la superficie del viejo paseo de Extremadura desembocará en el barrio de Campamento, donde ya es visible el esqueleto de hormigón de la infraestructura. El portavoz de la asociación de vecinos de Campamento, Andrés Piñeiro, lamenta que el Ayuntamiento de Madrid no haya atendido las reivindicaciones de su barrio: “Los vecinos de Campamento nos hemos quedado mayoritariamente fuera del proyecto de soterramiento. En el borrador inicial que se nos presentó a los residentes en 2021 el túnel salía después de la avenida de Los Poblados”.
El subterráneo finalmente saldrá a la altura de la calle Illescas, frente a la biblioteca Ángel González. Y, posteriormente, el Paseo Verde del Suroeste ganará un segundo tramo hasta la avenida de la Aviación, una operación que deberá comenzar en 2027 y que ya aterroriza a vecinos como Begoña Fernández, que vive en el número 310 del paseo de Extremadura, frente al acceso del nuevo túnel. “Nadie puede imaginarse el polvo que desprenden las obras. Ni siquiera puedo abrir las ventanas. Además, el ruido es insoportable, empiezan a trabajar a las seis de la mañana”, critica. Esta mujer de 70 años se muestra muy preocupada por cómo afectará a su día a día la apertura del túnel, en una vía por la que circulan diariamente 80.000 vehículos, según las propias cifras del Ayuntamiento de Madrid. “No solo es el polvo, la polución, y el ruido, que ya es bastante. Es que aquí las excavaciones han atraído a las ratas, es un problema muy grave”, condena. Fernández también asegura que su bloque de viviendas ha sufrido cortes de agua y de luz de los que “nadie se responsabiliza”.

La desesperación de vecinos como Fernández contrasta con la admiración de otros. El ambiente que se respira en los márgenes de la A-5 es muy diferente un par de cientos de metros más adelante de la biblioteca Ángel González. En el puente del anillo verde ciclista del paseo de Extremadura, Manuel Moedano, un taxista ya jubilado de 80 años, ha comprobado rigurosamente la evolución de las obras desde que empezaron, el 15 de enero de 2025. No es el único. Todas las mañanas los más entusiastas se acercan por allí para ver cómo trabajan los operarios sobre el terreno y cómo se levanta una obra de ingeniería. Él vive en Cuatro Vientos. “Me conozco la M-30 como la palma de mi mano y he visto cómo han construido los túneles de esa carretera. Esto es una maravilla”, compara. Está claro que el año ha pasado volando para los curiosos como Moedano que se afanan en supervisar la evolución de los trabajos por puro divertimento, pero muy despacio para los que sufren la pesadilla de las obras en sus propias carnes.
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