Ir al contenido
_
_
_
_
Hiper Bazar
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Saber leer el cielo

El 1 de enero, en medio de un mundo que se descompone, fue el entierro de Severino

Seve, Severino, murió el 31 de diciembre de 2025. Tenía 99 años, los ojos casi grises y las yemas de las manos ásperas. Sabía ver el futuro porque miraba el cielo y éste le decía cosas: si iba a llover, si sería un buen año para el campo. La razón era una brisa y su lengua era la de los refranes. Trabajó en Ubierna, Burgos, en el campo, toda la vida. Vivió con su mujer, “la Emi”, y juntos criaron a sus dos hijos, Rubén y Juanma. Hacía dos años que se había quedado viudo, hacía dos años que se había convertido en un hombre aún más flaco, aún más enjuto, con los ojos aún más grises. Hacía dos años que acompañaba a su hijo a ejercer de cartero por los pueblos. Cuando murió “la Emi”, Seve le dijo a don Pedro, el que había sido el párroco del pueblo: “Cuando yo muera, quiero una homilía como la de la Emi”. Sencilla y corta.

El 1 de enero de 2026 dicen que empezó el año, aunque los años deberían empezar en primavera, que es cuando la naturaleza dicta que la vida emerge. Por eso y por Seve, Ubierna amaneció oscura y fría. En la plaza, en la puerta de la Iglesia, esperaba el pueblo. Don Pedro se excusó por ir vestido de blanco en un funeral “es por la Navidad” y advirtió que, si no cabían todos, podían subir al coro. La homilía fue corta y sencilla como la de “la Emi”, pero Don Pedro estuvo especialmente sombrío. Dijo:

“No estamos viviendo, sino que estamos muriendo. Yo hoy acarreo la muerte de la infancia, la muerte de la adolescencia, la muerte de la juventud y la muerte de la edad adulta”. Como solo se habla de muerte cuando hay muerte, aquella frase despertó a los feligreses que andaban medio dormidos o repasando mentalmente sus propósitos de año nuevo. Después de la frase Cervantina y María Zambranesca hubo huevos rotos con morcilla, un largo viaje en coche y un pensamiento sobre si vivir tanto y pensar tanto salva a uno de la muerte.

El 23 de diciembre, el Gobierno español daba luz verde a transferencias de “material de defensa y doble uso” israelí para Airbus, el 29 de diciembre el youtuber murciano TheGrefg entrevistaba al dictador salvadoreño Nayib Bukele (el vídeo tiene ya 3,6 millones de reproducciones y una ristra de comentarios que ponen la piel de gallina). El mismo día, Caminando Fronteras publicaba los datos de las personas que han intentado llegar a España en 2025 y que han muerto en el camino: 3090. El 3 de enero, Donald Trump anunciaba la captura de Nicolás Maduro en un ataque militar de Estados Unidos contra Venezuela mientras, por detrás, le salpicaba el caso Epstein.

Escribo entre dudas porque siento los mecanismos de poder como un temblor que todo lo agita y provoca intemperies, ajenos al dolor y a la muerte. Ajenos a la vida. Como si la vida cada vez se pareciera menos a sí misma. Vemos cómo Israel masacra al pueblo palestino, cómo Bukele presume de mantener a su país en un estado de excepción permanente y las cárceles en condiciones infrahumanas, cómo Trump se hace con el mundo a golpe de armas y talonario. Los políticos destruyen la vida y nosotros miramos y escribimos y comentamos sobre ello como si todo esto fuera lógico y normal, como si tuviera sentido analizar lo inefable, como si fuéramos los que grababan el incendio en el bar de la estación de esquí de Crans-Montana, en Suiza.

En algún momento de mi vida –o de la muerte de la juventud- hablé con Seve y le pregunté sobre cómo leer el cielo. La respuesta la grabé en un vídeo que creo que perdí y cuyo contenido se me resbala entre las neuronas. La razón ha dejado de ser una brisa y mi lengua ha perdido los refranes. Un buen propósito de año nuevo (que debería empezar en primavera) podría ser: “Encontrar la medida y el estilo del vivir que merece nuestra muerte”, que escribió la Zambrano. Recuperar la naturaleza y la lógica de la vida. Volver a leer Delirio y destino.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Jimena Marcos
Periodista en EL PAÍS Audio. Trabajó como editora jefa en Podium Podcast y como guionista en programas de TVE y Movistar+. También ha colaborado con Producciones del K.O, Carne Cruda, Radio 3, La Coctelera y Adonde Media.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_