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La carrera de Canillejas: 45 años como el fortín para los que prefieren correr de verdad a la moda del postureo

José Cano, promotor del trofeo que recibe su mismo nombre, destaca la esencia de esta prueba que llegó a ser considerada como una de las competencias populares más importantes del mundo

Varios atletas y exatletas posan junto a José Cano (centro), el día 8 en Madrid

El barrio madrileño de Canillejas tiene el atletismo en su sangre. José Cano, de 81 años, lo tiene claro. Ha dedicado la mitad de su vida a la organización de una carrera que bautizó con su nombre: el Trofeo José Cano. “Es como mi hijo”, dice orgulloso. Un retoño que comparte con el barrio de toda su vida. El domingo 30 de noviembre, la prueba celebra su edición número 45 y, desde su inicio en 1980, ha recibido a miles de corredores, profesionales y aficionados. Cano valora el legado de la carrera de Canillejas, una competencia popular que llegó a ser considerada como una de las más importantes del mundo. Casi medio siglo después, destaca que la esencia sigue intacta y que hoy es una suerte de fortín para el corredor de antaño: aquel que compite con la ambición de ganar en lugar de limitarse al postureo que, en contraste, detecta en la moda del running.

A Pepe, como le dicen sus amigos, lo respetan como a un patriarca del atletismo en Canillejas. La carrera que inventó y que, desde entonces, organiza y promueve, ha sido la cuna de atletas de élite. Durante su primera década, también reunió a estrellas del deporte mundial, como en 1987. Aquel año, en palabras de Cano, “en Canillejas se hizo la mejor carrera del mundo”. Su memoria sigue intacta y recuerda con facilidad aquellos nombres: Paul Kipkoech (Kenia), que ese mismo año fue campeón mundial de los 10.000 metros en Roma, Steve Binns (Reino Unido), quinto en la misma final, Michael McLeod (Reino Unido), subcampeón olímpico en el 84, y Domingo Castro (Portugal), subcampeón mundial de los 5.000 metros. “Teníamos al equipo keniata entero, al equipo inglés entero, medallistas olímpicos”, comenta Cano sobre los profesionales que, en su época dorada, galoparon en una carrera popular por las calles de un barrio obrero de Madrid.

La carrera de Canillejas nació cuando todavía no había llegado la moda del running. Una moda con la que José Cano tiene sus diferencias: “En los 80 le decían jogging. Ahora lo llaman running. Somos un montón de parlantes españoles, pero adaptamos runner como una moda, porque parece que ser runner es más importante que ser corredor”. Su defensa está con el corredor de antaño, aquel que compite para ganar y no teme a las rutas con desnivel. En contraste, dice, están quienes prefieren correr en una calle cuesta abajo porque requiere menos esfuerzo, una crítica que hace a los trazados de las carreras comerciales. “Han querido comprar mi carrera, pero yo la creé con un nivel deportivo y quiero que siga así. Prefiero tener 5.000 corredores a 50.000 y que el 90% venga a hacer postureo”, explica. Aferrado a la identidad original de su carrera, Cano recuerda con humor una anécdota: “Conocí a Fred Lebow cuando vino a Madrid. Me lo presentaron y le enseñé el tipo de carrera que yo tenía. Me dijo que si yo hubiera nacido en Nueva York sería millonario por mis ideas. Él se hizo millonario con el maratón de esa ciudad; yo no”.

El primer ganador de la carrera de Canillejas representa al corredor de antaño del que habla Cano. Carlos García, de 79 años, nació en Burgos, pero su vida ha estado en Madrid. Perteneció al equipo nacional de atletismo y, cuando su etapa profesional estaba terminando, se dedicó a las carreras populares. “Cuando salió la primera de Canillejas, me apunté de inmediato”, rememora. García tiene fresco el recuerdo de cómo transcurrió la competencia y cómo llegó en primer lugar, abrazado por el fervor de los espectadores en un ambiente que describe como único. Tenía 34 años cuando ganó la primera edición del Trofeo José Cano y hoy, casi medio siglo después, sigue quedando con sus amigos en la Casa de Campo para correr cada fin de semana, aunque ya no compite. Dice que dejó de correr las populares cuando se dio cuenta de que no podía aspirar a quedar en la cabeza, pues siempre quería estar al frente. A Canillejas, por ser el primer campeón, le tiene un afecto especial: “No es una carrera normal; es una fiesta del barrio”.

Esta fiesta popular también ha sido cuna de deportistas de élite. Fernando Carro, de 33 años, es especialista en 3.000 metros obstáculos y dentro de su palmarés está la medalla de plata en el campeonato europeo de 2018. “Conozco esta carrera desde la más tierna infancia”. Tenía tres años cuando corrió en Canillejas, su barrio de toda la vida, y es la razón por la que su madre siempre le ha dicho que aprendió a correr antes que a caminar. Sin el Trofeo José Cano, Carro reconoce que no habría seguido el camino del atletismo. Desde 2007 no participa en la carrera de Canillejas ―ahora compite a nivel internacional―. Sin embargo, confiesa que, como espectador, no se pierde ninguna edición y disfruta especialmente de la carrera de menores de cinco años o chupetines. “Muchos niños han aprendido los valores del deporte en esta carrera. Me sigo viendo reflejado en ellos”.

La llamada para los menores no se queda dentro del barrio. Jesús España, de 47 años, reconocido como uno de los mejores atletas españoles de la última década, compitió por primera vez en Canillejas cuando tenía 12. Ese mismo año, en 1990, comenzó a correr en Valdemoro, donde ganó cada prueba en que participó. Canillejas, dice España, gozaba de una reputación especial: “Para nosotros era como el mundial de las carreras populares. Era un nivel tremendo”. Ese nivel puso a prueba a un joven que estaba acostumbrado al podio. “Corrí mucho. Creo que fue la vez que más corrí y quedé séptimo. Fue una pequeña decepción para mí, aunque mi entrenador me decía que terminar séptimo en Canillejas era la leche”.

La historia de Jesús España es una de las favoritas de Pepe Cano. La cita cada vez que habla de su carrera para valorar la exigencia y los atletas que ha ayudado a formar. Además de lo deportivo, Cano también celebra el impacto social. En los 80, recuerda, “Canillejas era uno de los peores barrios de Madrid. Había muchos heroinómanos”. Con actividades deportivas, se centró en formar a los más jóvenes para protegerlos de esa lacra.

Salvar vidas

La experiencia le ha confirmado a José Cano que correr ayuda a cambiar vidas, sobre todo a los más jóvenes. Pero la edad no es un límite para la salvación. David Canal, de 46 años, es recordado como uno de los mejores velocistas de España y tiene una historia agridulce con el deporte. Su palmarés es amplio, con campeonatos internacionales y dos récords nacionales, pero una experiencia personal lo llevó al exilio. Tras una depresión que duró más de diez años y que lo hizo intentar suicidarse tres veces, Canal se reencontró con el atletismo. Él agradece a su pareja por ayudarlo a regresar a las pistas. “Un día me subí a la báscula y marcó 98 kilos. Me quedé en shock. Pesaba 20 kilos más de lo que pesaba cuando competía”. Ella aprovechó ese momento para decirle que tenía dos opciones: morir en vida o volver al deporte que le arrebataron. “Yo elegí vivir y volver a entrenar”. David Canal corre por primera vez en Canillejas y enfila su segunda experiencia con los 10.000 metros. “Es una carrera legendaria. Iré a sufrir porque para mí esa distancia es una barbaridad. No soy una persona de venir a pasear. Voy a correr al máximo, que acabe reventado”.

Han pasado 45 años y Pepe Cano ve con orgullo el legado de su carrera. Cuenta que cada año es más difícil organizarla. “Un mogollón” en el que trabaja sin descanso para conseguir patrocinadores. Lo que comenzó como una ruta que partía de la farmacia en la que trabajaba evolucionó hasta convertirse en referente mundial. Todavía resiste ante la proliferación de carreras populares y conserva la esencia que su creador cultivó desde el primer momento, desmarcándola de cualquier interés ajeno a lo deportivo. “Hubo una época en que los políticos querían arrogarse la carrera. Lo mejor que hice en mi vida fue ponerle Trofeo José Cano porque así nadie puede decir que es suya”. Insiste: un hijo que comparte con el barrio de Canillejas.

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