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Barrié de la Maza, el colegio que quiere perder su nombre franquista

El centro de Santa Comba propone a la Xunta cambiar de denominación, mientras la ciudad de A Coruña se atrinchera desde hace dos décadas como reducto gallego de los honores a falangistas y amigos de Franco

Pedro Barrié de la Maza (izquierda) y Francisco Franco manipulan una cámara de fotos en una visita a A Coruña en agosto de 1965.Archivo CRMH de A Coruña

“¿CEIP Barrié de la Maza?”. La trabajadora que atiende al teléfono del colegio público de Santa Comba (A Coruña, 9.442 vecinos) tiene que seguir utilizando el nombre oficial, y franquista, del centro mientras no se completen los trámites (consistorio mediante) del cambio de denominación y la Xunta de Galicia no confirme la decisión que tomó a finales de enero, por unanimidad, el consejo escolar. Era un viejo deseo, y una propuesta defendida hasta el final por un profesor querido, Fernando Pintos, que murió en enero, recién jubilado. El CEIP, que en el futuro se llamará —como quería Pintos— Atomé, el alias de Antonio Tomé, un médico y caricaturista del lugar, celebró el medio siglo en 2025. Se inauguró el año en que murió Franco, inmerso en esa inercia de la dictadura que sembró el callejero y las infraestructuras españolas de nombres de esos gerifaltes del régimen que urdieron una élite hoy todavía influyente en muchas partes.

Antiguos profesores del colegio recuerdan que se escogió ese nombre, el de Pedro Barrié de la Maza, porque “se esperaba” que los gestores del legado de este banquero del régimen —fallecido en el 71— “hiciera inversiones” en el centro educativo, aunque ”lo único que regaló“ la fundación creada por el millonario franquista, años después, ”fue un vídeo VHS”. El director del CEIP, César Ramos, cuenta que hace más de tres años que el sindicato CIG (Confederación Intersindical Galega) planteó extirpar la nomenclatura del régimen y que, una vez que el tema llegue al pleno municipal, “el alcalde deberá emitir un informe” para la delegación territorial de la Consellería de Educación. También habrá de “localizar a los herederos de Atomé” para que den su beneplácito. El proceso tiene sus plazos, pero el curso que viene, como muy tarde, la vuelta al cole debería ser bajo un rótulo nuevo.

Casa Cornide A Coruña

Una espera breve, si se la compara con las ya casi dos décadas que el Ayuntamiento de A Coruña lleva blindando, entre otras, la figura de Pedro Barrié de la Maza, financiero coruñés (desde el Banco Pastor) del ejército sublevado; poderoso empresario bendecido por Franco; amigo personal del dictador que promovió el regalo de Meirás y la entrega del palacete Cornide; entre otros hitos largamente investigados. Desde que el Gobierno de Zapatero sacó adelante en 2007 la Ley de Memoria Histórica, A Coruña ha estado gobernada mayoritariamente por el PSOE (Javier Losada e Inés Rey, actual alcaldesa) y también por la Marea (Xulio Ferreiro), salvo cuatro años que estuvo en manos del PP (Carlos Negreira). Pero la ciudad sigue siendo la mayor excepción en Galicia a la ley que obliga a retirar placas y simbología fascista.

En las salas nobles de la casa consistorial, el palacio de María Pita, lucen los retratos de los alcaldes y prohombres de Franco, y en la segunda mayor urbe gallega perduran los monumentos, las calles y avenidas bautizadas con nombres vinculados al régimen, el ejército franquista y la Falange. Esto a pesar de que subsiste desde 2017 (entonces gobernaba la Marea Atlántica) un Consello Municipal da Memoria Democrática (CMD), presidido por responsables del gobierno local, que nació como “órgano consultivo y de participación para la reparación de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura” y, con este mismo fin, despojar de honores a las personalidades de la dictadura. Tras la primera cita para constituir el Consello da Memoria, integrado por seis instituciones culturales y memorialistas, historiadores y políticos, las reuniones se cuentan con los dedos de una mano.

Carlos Babío, investigador que aportó la carga documental para fundamentar la demanda judicial del Estado por las Torres de Meirás, habla de “anomalía democrática” en A Coruña. Babío preside la Comisión pola Recuperación da Memoria Histórica (CRMH), un colectivo que, después de solicitar repetidamente que el Ayuntamiento convoque las reuniones del Consello, del que forma parte, acaba de pedir amparo al Gobierno central. Para la CRMH, existe un “incumplimiento consciente y premeditado” por parte del Gobierno de la socialista Isabel Rey, y una estrategia clara que consiste en “demorar, poner trabas y enredar para ganar tiempo” y salvaguardar las intocables placas del callejero.

El concejal de Cultura de A Coruña, Gonzalo Castro, encargado de convocar las reuniones, explica a EL PAÍS que las anteriores citas tuvo que aplazarlas por cuestiones de salud. El político asegura que la ansiada nueva convocatoria, tras la que se enviará una propuesta sobre símbolos franquistas a la corporación municipal, se celebrará, finalmente, en una fecha tan señalada como el 23-F. “La propuesta va a ser la de dar cumplimiento a la Ley de Memoria Democrática, de acuerdo con los distintos informes históricos existentes”, compromete el edil.

En lo que atañe a Barrié de la Maza, no solo A Coruña le reserva una de las principales avenidas. “También en Sada [el municipio coruñés del pazo de Meirás] está la cosa parada, con avenida y colegio”, lamenta Babío. Y el peculiar título nobiliario que le otorgó Franco en 1955 (Conde de Fenosa, por su empresa Fuerzas Eléctricas del Noroeste, SA, hoy Naturgy) da nombre a la principal plaza de Portomarín (Lugo), el pueblo que el empresario mandó trasplantar ladera arriba para construir el embalse de Belesar, entonces el mayor de España. Además, en O Barco de Valdeorras (Ourense), el CEIP se llama Condesa de Fenosa, por la segunda esposa de Pedro Barrié.

Fue el Ayuntamiento de O Barco, precisamente, el que en 2021 votó en pleno, por unanimidad (incluido el PP), pedir (de momento sin éxito) al consistorio de A Coruña que retirara del callejero el nombre del falangista Sergio Peñamaría de Llano. Antes de ser alcalde franquista de A Coruña, este ilustre local fue fiscal jefe de consejos de guerra sumarísimos y teniente del I Tercio de la III Bandera de la Legión. Según el relato de huérfanos de víctimas de la comarca de Valdeorras recogido por distintos historiadores, participó allí activamente en la represión franquista del 36. Investigadores como Aurora Marco, Jose Antonio Gurriarán, Luis Lamela o Félix García Yáñez recuperaron testimonios que lo describen dirigiendo la ejecución de un matrimonio ante otros vecinos, u ordenando ahorcar a una mujer y su hija. El pueblo de O Barco reclamó a A Coruña que la calle Peñamaría de Llano pasase a llamarse Mártires de Valdeorras, pero en 2021 el PSOE y el PP de A Coruña tumbaron la moción del Bloque Nacionalista Galego para hacerlo realidad.

La situación es “intolerable”, critica la CRMH de A Coruña, que, al tiempo que no deja de exigir al Ayuntamiento una y otra vez desde hace meses, reactivar las reuniones del Consello, pidió a finales de enero a la Dirección General de Promoción de la Memoria Democrática que tome la iniciativa ante la “tomadura de pelo constante” del Gobierno local. Después de años de demora municipal, el colectivo reclama al Estado que “inicie el procedimiento para la inclusión en el catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática”, al menos, de los que ya recoge un informe elaborado por el Instituto Cornide de A Coruña en 2019. Son una treintena de nombres de calles, monumentos, títulos honoríficos y retratos exhibidos en el Ayuntamiento de 14 prebostes de la dictadura franquista y la de Primo de Rivera. Entre ellos figuran Pedro Barrié, José Calvo Sotelo, Alfonso Molina, Peñamaría de Llano o el ferrolano Fernando Álvarez de Sotomayor, pintor de Franco y director del Prado, cuya obra se expuso entre octubre y enero. Precisamente en la Fundación Barrié de A Coruña.

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