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Elecciones aragonesas
Análisis

El Gobierno sale tocado, pero no hundido

La Moncloa acusa el golpe, aunque cree que ha salvado los muebles y las cosas serán muy diferentes en generales, como en 2023

01:02
Torró, sobre el PP en Aragón: "Ni presupuesto, ni Gobierno"
Pedro Sánchez, en un acto de cierre de campaña el pasado 6 de febrero en Zaragoza.Foto: Marcos Cebrián (Europa Press)

Con la única excepción del milagro de julio de 2023, que permitió que Pedro Sánchez siga en La Moncloa, y el éxito de Salvador Illa en Cataluña, las urnas no paran de dar malas noticias al PSOE y al Gobierno en los últimos años. La derechización de la sociedad española parece imparable, pero el Gobierno y su presidente, Pedro Sánchez, se han conjurado para que toda esta secuencia de cuatro elecciones autonómicas diseñada por el PP no tenga una consecuencia directa sobre el Gobierno. Y este resultado, pésimo para la izquierda aunque ligeramente mejor de lo esperado y peor del previsto para el PP, consolida la idea inicial del Ejecutivo.

Cuando se convocó esta secuencia de elecciones en lugares donde el PSOE está en la oposición y, por tanto, tiene serias dificultades políticas, con crisis internas incluidas como la de Extremadura —donde no se resolvió bien la sucesión de un líder fuerte como el fallecido Fernández Vara—, Pedro Sánchez ya se lo dijo a todo su entorno: son plazas muy difíciles, vamos a intentar salvar los muebles, pero no tenemos expectativas de gobernar, así que no vamos a ponernos nerviosos y mantendremos el rumbo aferrándonos al Gobierno, que es lo mejor que tenemos.

En el Gobierno se vivió así esta noche electoral en Aragón con un sabor agridulce. Por un lado, es evidente que el resultado es pésimo y no atribuible a un mal candidato, como en Extremadura: esta vez era la portavoz del Gobierno de Sánchez, Pilar Alegría, la que se presentaba, y, por tanto, detrás de ella estaba toda la imagen del presidente, que genera una gran división y moviliza mucho el voto de la derecha contra él, pero a la vez sigue siendo el candidato más fuerte para la izquierda.

De alguna manera, era el Gobierno de Sánchez el que también se presentaba con su mejor candidata posible a las elecciones. Y la derrota ha sido tajante, con una pérdida de cuatro escaños. Sin embargo, desde el punto de vista simbólico es muy importante que el PSOE no haya bajado de 18, el mínimo histórico del fallecido Javier Lamban, gran rival interno de Sánchez y de Alegría. Ese dato, y la inesperada caída del PP, algo que no sucedió en Extremadura, hacían concluir a algunos ministros consultados que al menos se habían salvado los muebles y que son los populares los que tienen que hacer una reflexión sobre su estrategia, que ha permitido un crecimiento desorbitado de Vox y una dependencia aún mayor.

“La estrategia del PP de normalizar a Vox solo fomenta el fascismo moderno en nuestras instituciones”, resumen en La Moncloa. Esa fue la línea del primer discurso de Pilar Alegría. Y ese será el argumento principal al que se aferrará Sánchez, que este lunes reunirá a su Ejecutiva en el PSOE y todo el Gobierno.

El presidente del Gobierno, que en 2023 logró una inesperada movilización de la izquierda, sobre todo contra Vox, está convencido de que este efecto sigue presente en el mundo progresista, y que, llegado el momento clave, el de las elecciones generales, volverá a tener su empuje.

Obviamente en el Gobierno hay mucha preocupación con esta derechización de fondo de la sociedad española que se ha visto en Extremadura y Aragón y se puede también visualizar en Castilla y León y Andalucía, pero a la vez cree que esta explosión de Vox, con su inédita fuerza para condicionar los gobiernos del PP, no solo es un problema para los populares, que convocaron estas elecciones para intentar frenar a Vox y han terminado haciéndole un favor enorme, sino que también puede ser un gran motor movilizador de una izquierda que está en horas bajas. Millones de españoles progresistas, los mismos que se movilizaron en 2023, verán ahora cómo es en realidad el efecto de un Vox crecido e imaginarse así cómo sería su vida si Santiago Abascal llegara a La Moncloa en 2027. La inestabilidad que está generando la tensión entre el PP y Vox, que aún no han sido capaces de hacer un gobierno en Extremadura, es una baza importante para el Gobierno, que tratará de explotarla al máximo.

El problema de este argumento es que en Aragón tampoco ha habido una gran desmovilización del electorado progresista, porque la participación ha sido más alta de la prevista. Y aun así Vox se ha disparado y ha doblado escaños. Varios ministros consultados recuerdan en cualquier caso que cada elección es un mundo, y señalan que lo que sucedió en 2023, cuando el PSOE recuperó en lugares como Madrid 400.000 votos entre una elección autonómica y las generales de dos meses después, ha dejado inutilizada cualquier posible extrapolación entre unos resultados autonómicos y unas generales.

“Cada elección tiene una pregunta clave. Y la victoria o la derrota electoral depende de esa pregunta. ¿Cuál será la de 2027? No lo sabemos. Pero sí está claro que la pregunta en Aragón no favorecía a la izquierda porque se estaba cuestionando por la continuidad de un presidente que lleva solo dos años en el poder, que no ha sufrido aún desgaste, y que durante sus primeros meses prácticamente no tuvo oposición”, señala un ministro.

Se refiere a una cuestión muy comentada estos días en los círculos del poder socialista: el fallecido Javier Lambán, después de perder el poder, se concentró mucho más en su batalla contra Sánchez, al que culpaba de la pérdida de varias autonomías y ayuntamientos clave en 2023, que a hacer oposición a Jorge Azcón. Alegría, con el apoyo de Sánchez, le ganó el pulso a los lambanistas hace un año y se hizo con el control del partido, pero con mucha división interna, y desde entonces ha intentado desgastar a Azcón, pero claramente no lo ha logrado de manera significativa. A diferencia de Extremadura, Alegría se queda en Aragón, ha logrado quedarse en la cifra de 18 —bajar del peor resultado de Lambán habría sido un golpe durísimo— y se prepara ahora para aprovechar esa guerra que viene entre el PP y Vox. Nadie se llama a engaño en el Gobierno: la ola derechista es muy fuerte, la marca PSOE aguanta a duras penas y la de Sumar lo tiene aún más difícil, pero la decisión de fondo no cambia: Sánchez quiere terminar la legislatura y dar la batalla de 2027 confiando en que para entonces la situación sea muy diferente a la actual. No hay nada que apunte a ese cambio de tendencia con el que sueña La Moncloa. Pero un año y pico en política es una eternidad.

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