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Un teléfono para prevenir la pederastia: “Tengo miedo de ser un pedófilo”

La asociación PrevenSI recibió el año pasado 885 contactos por casos de personas que sienten atracción por menores

Anna Calabuig atiende una llamada en PrevenSI, en Barcelona, a 27 de marzo de este año. GIANLUCA BATTISTA

Los límites entre la pedofilia (atracción sexual recurrente hacia niños o adolescentes) y la pederastia (el acto cometido por un adulto sobre un menor) son claros, pero en ocasiones esa frontera se rompe y los efectos son devastadores. La psicóloga Laia Calabuig trabaja a diario para evitarlo. Atiende mensajes y llamadas de personas que en algún momento se han sentido atraídas por menores de edad desde PrevenSI, una asociación con sede en Barcelona que ofrece un servicio de prevención del abuso sexual infantil centrado en individuos que sufren esa fascinación. “Tengo miedo de ser un pedófilo”, dicen quienes piden ayuda, conscientes de que algo falla. El año pasado llegaron a la organización, desde España y de países latinoamericanos (el país con más visitas a la web es México), 885 consultas.

“Nuestra perspectiva no es buenista, es de efectividad”, sostiene Núria Iturbe, responsable del área de Investigación Social de Intress, una de las entidades impulsoras de PrevenSI. Argumenta su pragmatismo: “Intervenir de forma temprana puede evitar entre cuatro y siete víctimas de violencia sexual infantil no detectadas por cada una que sí detecta el sistema”.

En los juzgados se repiten cada semana, y van a más, los casos de abusos sexuales infantiles. En todos ellos convergen cuatro factores de riesgo. Hay dos que tienen que ver con el agresor: su motivación y que haya superado todas las barreras morales que fijan que la pederastia no está bien y es un delito. Los dos últimos están centrados en la víctima: que tenga un entorno con capacidad para protegerla y que el menor no se encuentre en una situación de vulnerabilidad que lo deje indefenso. PrevenSI es la única institución en España que se encarga del primer bloque, el de los potenciales agresores. Sigue, desde una lógica más mediterránea, la senda que han abierto en otros países instituciones similares, sobre todo Stop it now, británica de origen y que se ha extendido a otros territorios en forma de franquicia.

Al correo electrónico que abre cada día Calabuig llegó hace unas semanas el mensaje de un hombre que contaba tener fantasías sexuales con jóvenes cuando los ve. Los pensamientos que ahora le obsesionan y le dan miedo no son nuevos. De hecho, hace seis años ya contactó con la entidad y superó sus temores tras asistir a un psicólogo, tal y como le habían aconsejado en PrevenSI tras una época de contactos anónimos. Ahora el problema es que no tiene dinero para sufragar la terapia que le ayudaría y, aunque puede parecer que vuelve a la casilla de salida, sabe qué tiene que hacer para contrarrestar sus pensamientos. Iturbe reconoce rápidamente su expediente porque fue ella quien lo atendió en 2020 y, pese al nuevo mensaje de ayuda, lo celebra. “Este es un caso de éxito, porque sabe identificar cuándo necesita ayuda y asume que lo que le va bien es hablar de ello”, argumenta.

Alguien al otro lado

Hablar. Esa es la cuestión que intenta resolver el servicio, según explica su directora, Mireia Serra: “Es importante que cuando contacten, haya alguien detrás que no haga un juicio inicial. Que sepan que pueden volver a llamar. Porque algunos de ellos han ido en busca de ayuda a un servicio médico y les han dicho ‘aquí eso no lo atendemos’ y esa respuesta es muy perjudicial tras el gran paso que supone pedir ayuda”. Al final, quienes lanzan ese SOS son personas a quienes les gustaría que les dijeran que lo que les sucede no es grave, pese a que ellos mismos reconocen en sus adentros que sí lo es. Como el cliché del diablo y el ángel: uno le dice por una oreja que la pedofilia no es para tanto, mientras que el otro le advierte de todo lo contrario. En esa batalla por la discrepancia, dice Serra, “si no puedes parar ese proceso a través de tus creencias, es que necesitas ayuda externa”.

Es importante que cuando contacten haya alguien detrás que no haga un juicio inicial. Que sepan que pueden volver a llamar"
Mireia Serra, directora de PrevenSI

Quienes acuden a la llamada (o al correo electrónico, o al chat; siempre anónimo y confidencial) son personas que han identificado que hay una situación, la de proyectar imágenes con jóvenes, que les atrae y que a la vez les genera malestar. Esa idea era quizás al principio residual, pero cada vez roba más tiempo. En momentos de estrés, de problemas o de tensión personal, puede tener un efecto balsámico, lo que puede llegar a confundir por su efecto positivo. Pero en realidad, quienes piden ayuda lo ven claramente como un problema personal. “Nuestra idea es la de poder intervenir en la línea que va desde el primer pensamiento a saltar a la acción”, dice Calabuig.

La gran mayoría de solicitantes de ayuda son hombres. Más allá de ese perfil, no hay elementos que permitan definir fácilmente a las personas que acuden a PrevenSI, a quienes la asociación protege con celo de su exposición pública para no poner en peligro su propósito. Por eso ninguno habla para este reportaje. Algunos son solteros. Otros tienen pareja, a quienes a veces confiesan lo que les ocurre. Los hay que son consumidores de pornografía, en unos pocos casos también infantil. Hay quienes han llegado a seguir o fotografiar a jóvenes en espacios públicos para satisfacer sus fantasías. Alguno escribió en un mensaje de ayuda aquello de que “tengo un amigo que tiene un problema” para confesar unos días después que era él quien buscaba amparo. Otros están en terapia psicológica y en muchas ocasiones (un 30%) son los propios psicólogos los que llaman porque no saben cómo abordar el caso de un paciente. También buscan ayuda personas vinculadas a individuos con sentimientos pedófilos. Hay quien está destrozado y admite haberse planteado el suicidio.

En unos pocos casos, el servicio de atención ha acabado llevando a Fiscalía posibles comisiones de delitos (uno el año pasado después de que una persona probara que otra consumía pornografía infantil). Solo en un caso se ha llegado a cursar denuncia ante la Policía por pederastia desde que en 2019 se puso en marcha el proyecto.

A veces, se abre una conversación que nunca irá a más. O que renacerá semanas o meses después a través de un nuevo contacto. Uno de los retos es que el servicio supere la primera llamada o el primer mensaje, aunque tengan que pasar meses para que eso ocurra. La velocidad no es relevante, resalta Calabuig, que explica que en ocasiones los procesos son más rápidos y en otros son lentísimos. Esa dificultad de crear vínculo, y también la falta de recursos para ofrecer más horas de atención (ahora son 32 horas semanales), provocó que un tercio de los contactos no llegaran a prosperar y no se tenga información específica de la persona que contactó, si bien PrevenSI considera que un 39% de ese paquete tiene que ver con la preferencia sexual orientada a niños y adolescentes. “No puedes hacer muchas preguntas a la vez”, dice sobre la paciencia necesaria para generar confianza y forzar la reflexión, si bien en los primeros contactos se intentan establecer los parámetros de riesgo de cada caso. Por ejemplo, si las personas que piden ayuda están en un entorno en el que hay menores.

Un nuevo paso, de pago

Cuando Calabuig lo considera necesario y cree que ha llegado el momento, lanza una pregunta: “¿Crees que te iría bien tener una ayuda?”. Ese último paso es el de transferir la atención a un psicoterapeuta y garantizar que hay una conexión con él. Se le busca uno en la zona donde reside; se contacta primero al especialista para advertirle y asegurarse de que le podrá prestar atención… Se evitan todos los riesgos de romper la línea de relación creada con el tiempo de mensajes o llamadas telefónicas. El año pasado, se cerraron 39 derivaciones, pero el mayor problema es que ese servicio es privado, y no todo el mundo cuenta con los recursos para afrontarlo.

“Intentamos que la persona entienda su propio funcionamiento: cuál es la atracción, qué siente, en qué situaciones... saber qué elementos son los desencadenantes”, explica Lorena Magdaleno, psicóloga del Instituto de Psicología Forense, una entidad privada que participó también en la creación de la asociación. A partir de ahí, intervienen en el ámbito del control de los impulsos y de la autorregulación, “para que tenga herramientas concretas para frenar conductas de riesgo”, y trabajan en pensamientos distorsionados que pueden llevar a justificar o minimizar la conducta, de forma que puedan conocer el alcance “de su deseo sexual inadecuado”.

El problema es que la falta de recursos ha hecho encallar en ocasiones el proyecto de PrevenSI, una asociación que funciona con mucha voluntad y 40.000 euros procedentes del Ayuntamiento de Barcelona y la ONG suiza OAK Foundation. El dinero dista mucho de los 90.000 que originalmente presupuestaron y que sirve para pagar básicamente el salario de Calabuig. El salario de Serra sale del presupuesto de un Barnahus, centros especializados en la atención de abusos a menores, cuya concesión fue otorgada a Intress en Terrassa. La gran crisis se produjo en 2022, cuando el servicio tuvo que cerrar por falta de dinero. Los mensajes seguían llegando, pero no había nadie al otro lado. El grito de desesperación permitió recabar fondos.

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