La economía catalana da indicios positivos mientras la pobreza se agrava y llega al 24,8% de la población
Casi la mitad de los catalanes tiene dificultad para llegar a fin de mes. La Cambra de Comerç de Barcelona ve señales para un cambio de modelo productivo que dependa menos del turismo


La economía catalana da señales de estar en buen camino y de apuntar hacia uno todavía mejor, pero a la vez arrastra el lastre de la pobreza cronificada, que ya afecta al 24,8% de la población, ocho décimas más que el año anterior, según los datos publicados este jueves por el Idescat. El informe de coyuntura económica de la Cambra, presentado también este jueves, muestra que Cataluña mejora en productividad, en inversión productiva y en ocupación, y que se está detectando un cambio de estructura productiva en la que el turismo y la hostelería, los sectores más precarios, pierden algo de peso relativo, mientras que sectores de más valor añadido como la ingeniería, la arquitectura, los servicios profesionales y las tecnologías de la información y la telecomunicación van ganando peso. ¿Cómo es posible que la economía dé señales tan positivos y que al mismo tiempo la pobreza esté enquistada e incluso suba? Las entidades sociales denuncian que el incremento del coste de la vida, especialmente de la vivienda, atenaza cada vez más a las familias vulnerables, mientras que la Cambra cree que la única manera de bajar la curva de la pobreza es que la economía siga creciendo y continuar mejorando el patrón de este crecimiento.
Los datos de pobreza salen de la Encuesta de Condiciones de Vida 2025, que muestra una cruda realidad. La tasa AROPE, un estándar internacional que mide tanto la población en riesgo de pobreza como aquella con carencias severas o con problemas de empleabilidad, crece ocho décimas hasta el 24,8% de la población, lo que rompe la tendencia descendiente de los últimos cinco años. En cambio, en el conjunto de España la tasa AROPE ha descendido por segundo año consecutivo, hasta el 25,7%.
Analizando cada uno de los componentes de la tasa AROPE, vemos que el porcentaje de la población que está en riesgo de pobreza en Cataluña es del 18,9% (1,5 puntos más que el año anterior); la tasa de población con privación material y social severa es del 8,9%, tres décimas más; y el porcentaje en población que vive en hogares con baja intensidad del trabajo es del 5,9%, dos décimas menos.
Más concretamente, la tasa de población con privación material y social severa se nutre de encuestas relativas a las dificultades de las familias para afrontar gastos: en este sentido, la estadística indica que más de un tercio de los catalanes no tiene capacidad para hacer frente a gastos imprevistos y un 29,4% dice que no puede irse de vacaciones una semana al año. Otros indicadores importantes son los que hacen referencia a la pobreza energética: el 16,8% de la población no puede mantener su casa en una temperatura adecuada (1,2 puntos menos que el año anterior) y el 14,2% declara que se ha retrasado en algunas facturas relacionadas con el hogar (una décima menos). Además, casi la mitad de los catalanes (el 47,3%) declara que tiene alguna dificultad para llegar a final de mes.
Todos estos indicadores, con algunos que suben y otros que bajan un poco, muestran la pobreza en Cataluña es una foto que apenas cambia: la parte más vulnerable de la sociedad está cronificada en una situación de precariedad, y por mucho que la economía lleve algunos años dando buenos resultados, estos no llegan a sus bolsillos. “Aunque las familias disponen de más ingresos, el encarecimiento del coste de la vida hace que cada vez tengan más dificultades para llegar a final de mes”, expresa la Taula del Tercer Sector en un comunicado. Las entidades sociales reclaman a la Generalitat que apruebe unos presupuestos sensibles con la actual situación, que se adapten las prestaciones al coste de la vida, y que se tenga en el foco a la infancia, uno de los segmentos de población donde más impacta la pobreza.
Para Joan Ramon Rovira, director del gabinete de estudios de la Cambra, precisamente el “desafío” es que la mejora macroeconómica se traslade a las personas que más lo necesitan. “Ya está llegando a una mayoría de la población, pero hay una parte de la sociedad que no lo recibe”, ha dicho en la presentación del informe de coyuntura. Este informe se fija sobre todo en el comportamiento del PIB, que ha admitido que es “un indicador imperfecto de la realidad. La renta disponible de las familias es más afinado y está muy estancado”. Con todo, la solución está en seguir favoreciendo un crecimiento económico de calidad, algo que Rovira percibe ya en algunos indicadores macroeconómicos.
De entrada, la Cambra mantiene la previsión de que el PIB catalán crezca un 2,9% en 2025 y un 2,4% en 2026, pese a los vaivenes geopolíticos. Pero a diferencia de otras épocas de crecimiento, este no se explica solo por el aumento de la ocupación o las exportaciones (que también muestran datos positivos) sino por el consumo privado y la inversión productiva de las empresas, que tirarán del PIB catalán este año. Rovira ha explicado que esto demuestra, junto con el peso relativo de los sectores productivos, que hay indicios preliminares de “un cierto cambio en el patrón de crecimiento” de la economía catalana.
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