Las claves del éxito del concierto por Palestina: Rosalía, Pep Guardiola y la mejor Barcelona
Los artistas y el público del Sant Jordi sacan de nuevo la mejor versión de la capital catalana


Muchos agoreros en los últimos años han salido a advertir sobre la supuesta degradación de la marca Barcelona. Pues bien, ya no es necesario que sigan angustiados: la ciudad sigue muy viva. Lo demostró este jueves con un Palau Sant Jordi que se llenó hasta arriba para denunciar el genocidio en Gaza, devolviendo a Barcelona a su mejor versión: la de aquella ciudad que mencionaba George Bush para avisar de que lo que pasara en sus calles no iba a cambiar su política sobre Irak o la que salía en masa para reivindicar su solidaridad con el pueblo sirio bajo el lema Volem acollir. Barcelona ha vuelto a reivindicarse este jueves a si misma al corear una y otra vez el cántico Free Palestine en un emotivo y sorprendente concierto en el que han brillado todas y cada una de sus estrellas: desde unas implicadísimas Bad Gyal y Amaia a una Rosalía que apareció por sorpresa e hizo callar a quienes la criticaban por su falta de implicación en las causas políticas o humanitarias.
El Palau Sant Jordi de Barcelona fue este jueves el colofón de una gran campaña internacional para denunciar las matanzas en Gaza y recaudar fondos para su población con un concierto que buscaba ser una suerte de gran manifiesto a favor del pueblo palestino. La capital catalana enseguida respondió a la convocatoria de Act x Palestine y el recinto colgó en poquísimas horas el cartel de sold out, casi con la misma facilidad con la que lo han hecho estrellas como Madonna, Lady Gaga, Bad Bunny o la propia Rosalía. El público, que gritó en innumerables ocasiones Free, free Palestine! llevó en volandas un concierto ideado en varios actos, que partió con la intensidad que le imprimeron la Fura dels Baus, que recurrieron a Shakespeare para trasladar al público toda la asfixia a la que se ha visto sometida la población gazatí.
Hubo mucha reivindicación, pero Barcelona precisamente sabe cómo mezclarla con la diversión. El escenario, pensado como una gran ágora, encadenó momentos de elevada emotividad. Como el discurso de Pep Guardiola: “Los hemos dejado solos y abandonados”. Como la conversación entre el activista Kayed Hamma con el actor Eduard Fernández. O el mensaje de Arab Barguti, hijo del líder palestino Marwan Barguti. O los sonidos de Tiraniwen. O la espléndida actuación de Amaia, que dejó al Sant Jordi sin aliento con Tengo un pensamiento. O las referencias a Federico García Lorca.
La diversión –y la sorpresa— empezó a llegar con el talentoso Guillem Gisbert y Mushkaa. Pero el pabellón se vino abajo a las diez de la noche, cuando los carteles anunciaron a Rosalía. La superestrella catalana no estaba prevista en el cartel, pero durante el día se había especulado sobre su posible participación tras ser vista por las calles de Barcelona. La intérprete despejó todas las dudas que se habían lanzado sobre su compromiso con la causa palestina. “Hoy especialmente es un honor subir a este escenario. Muchas gracias por permitirnos estar aquí, por invitarnos…”, dijo ante el entusiasmo de un público que apenas tardó segundos para levantarse y entonar La Perla. Ya no hubo tiempo de sentarse: enseguida llegó Bad Gyal, que puso a bailar al público y que, al acabar, clamó de forma desacomplejada por una Palestina libre y dio paso a Morad.
Sobre el escenario pasaron infinidad de intérpretes: Lluís Llach, Fermín Muguruza, Oques Grasses... Todos fueron más allá de Palestina: señalaron las crisis migratorias de Canarias y los episodios xenófobos de Torre Pacheco o Badalona. Y también el ICE de Donald Trump. Porque se trataba de disfrutar de las voces de Rosalía, Bad Gyal, Amaia o Tiraniwen, pero también de aportar un poco de luz en tiempos sombríos. Barcelona en su mejor versión.
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