La extrema derecha trata de apropiarse de las reivindicaciones del campo catalán
Tanto Vox como Aliança Catalana lanzan mensajes para apoyar las manifestaciones de los agricultores contra el acuerdo europeo con los países del Mercosur


El campo catalán empieza el año como lo comenzó en 2025: con los tractores en las calles para protestar contra decisiones que se toman en Bruselas. Hace un año, el Govern de Salvador Illa logró desactivar la ira de los agricultores con una serie de promesas para aliviar la carga burocrática que sufren. Este año las protestas, que este jueves lograro colapsar la AP-7, la N-II y los accesos al puerto de Tarragona, se centran en el rechazo al acuerdo de la Unión Europea con los países de Mercosur, que se está terminando de negociar, y puede que en esta ocasión el malestar sea aún más difícil de desactivar. El sector acumula mucho enfado y hastío, especialmente tras la sucesión de crisis sanitarias que han afectado a los ganaderos durante los últimos doce meses, así como por los constantes desencuentros con Bruselas, entre los que el acuerdo con los países latinoamericanos ha resultado ser paradigmático. La extrema derecha es consciente de ello, y mientras los tractores bloqueaban las carreteras ya estaban lanzando mensajes de apoyo. Y en este caso no hay distinción entre nacionalismos: tanto Vox como Aliança Catalana han intentado hacer suyas las reivindicaciones de los campesinos.
El acuerdo de la Unión Europea con los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay como miembros de pleno derecho, a los que se suman otros como estados asociados) ha vuelto a encender la mecha de los agricultores y ganaderos catalanes, que ya llevan meses en alerta por crisis como la de la peste porcina africana o la polémica por los días de pesca permitidos por Europa. El enfado no es solo catalán o español, sino que afecta a toda Europa. Con protestas en varios países, especialmente en Francia, las de España han estado protagonizadas por los agricultores catalanes, con cortes en varias carreteras que pueden repetirse en los próximos días. “Estaremos de forma indefinida hasta que España no se retire del acuerdo con Mercosur que pretende firmar la Unión Europea”, aseguró un portavoz de Revolta Pagesa, Jordi Ginebreda, quien tachó de “hipocresía” el pacto comercial que quiere cerrar la UE. “Exige a los de aquí y abre la puerta a otros que no cumplirán las mismas exigencias”.
El acuerdo crearía la mayor zona de libre comercio del mundo y, a ojos de los campesinos, supondría la entrada de competencia desleal por parte de los agricultores de América Latina. El acuerdo en realidad lleva 25 años negociándose, y ha tomado impulso a partir de la necesidad europea de ganar relevancia geopolítica tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
Las reivindicaciones de los agricultores y ganaderos de Cataluña, ya desde las protestas de 2024, se vehiculan a través de la plataforma Revolta Pagesa, cosa que ha dejado en un segundo plano a los sindicatos y asociaciones tradicionales en el sector. El origen de Revolta Pagesa está en las protestas de febrero de 2024, cuando, inspirados por las manifestaciones del campo francés, en España se empezó a articular un movimiento similar. Revolta Pagesa se desvinculó de los primeros grupos españoles precisamente porque en la organización entraron personas relacionadas con la ultraderecha. La distancia que de entrada marcaron los agricultores catalanes, sin embargo, no ha impedido que los partidos de ultraderecha en Cataluña hayan intentado una vez más apropiarse de las reivindicaciones.
Vox, con 11 de los 135 diputados del Parlament, ha aprovechado su tribuna en la cámara catalana para lanzar su mensaje. El portavoz de la formación ultra en Cataluña, Joan Garriga, ha asegurado que el acuerdo de la Unión Europea con Mercosur “es una amenaza directa” al sector primario catalán y ha criticado al Govern por no cuestionar las decisiones de Bruselas que afectan al campo catalán. “No hacen nada”, ha dicho, y ha pedido la comparecencia del consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat, Òscar Ordeig, a quien ha tachado de “auténtico traidor”.
En el caso de Aliança Catalana, que tiene dos diputados en el Parlament y una presencia cada vez mayor en las zonas rurales y en capitales de comarca del interior de Cataluña, la estrategia es ir haciéndose con los símbolos y proclamas de los agricultores. Por ejemplo, el símbolo, importado de las protestas francesas, de poner boca abajo los carteles con el nombre de los municipios a la entrada de los mismos. Aunque son varias las poblaciones donde los agricultores hicieron uso de este símbolo el año pasado, en Ripoll el Ayuntamiento, gobernado por Sílvia Orriols, lo reivindicó como propio: “No es ningún error, es un grito de alerta del campesinado catalán, que se encuentra en una situación límite. Desde el Ayuntamiento de Ripoll damos apoyo a esta protesta de Revolta Pagesa y a quienes luchan para defender la tierra”, apuntó el año pasado el Ayuntamiento de Ripoll en su cuenta de X.
Este jueves, varias cuentas de Aliança Catalana en las redes sociales criticaron el acuerdo con Mercosur: “Sin campesinado no hay territorio, ni economía, ni futuro. Todo nuestro apoyo a los campesinos que se movilizan contra el acuerdo UE-Mercosur. Defender el campo es defender el país”, señaló la cuenta del partido en el Pla d’Urgell.
Más allá de la instrumentalización política, las protestas de los agricultores y ganaderos por el acuerdo europeo amenazan con extenderse si finalmente se firma el pacto. El consejero Ordeig tiene previsto reunirse este viernes con los representantes de las manifestaciones, pero no está claro si este año, como hicieron el anterior, el Govern logrará desactivarlas.
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