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Las agendas de Villarejo se vuelven contra los principales acusados en el juicio de Kitchen

El principal investigador de la trama otorga una gran veracidad a esos cuadernos personales: “Villarejo no se engaña a sí mismo”

Eugenio Pino, ex director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, sentado en el banquillo de la Audiencia Nacional, la pasada semana.Javier Lizón (EFE)

Las agendas del oscuro comisario José Manuel Villarejo arrojan bastante luz sobre las maniobras que, paradójicamente, él acostumbraba a ejecutar en las sombras. Al menos, así lo considera el inspector jefe Gonzalo Fraga, el funcionario de la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional que ha liderado la investigación sobre el caso Kitchen, la operación de espionaje urdida en 2013 contra Luis Bárcenas y que se enjuicia desde la pasada semana en la Audiencia Nacional. Esos “diarios” de Villarejo (donde anotaba sus contactos, averiguaciones e impresiones) constituyen una de las principales pruebas presentadas contra la antigua cúpula del Ministerio del Interior de la era de Mariano Rajoy, que se sienta en el banquillo de los acusados. Fraga otorga a esos cuadernos una enorme veracidad: “Villarejo no se engaña a sí mismo”, ha resumido ante el tribunal este lunes, antes de explicar que esos miles de apuntes recogen de manera detallada numerosos hitos de la trama desplegada contra el extesorero del PP.

Durante su declaración como testigo en la tercera sesión del juicio sobre Kitchen, que continuará este martes, el funcionario de Asuntos Internos incidió en que estas agendas de Villarejo se erigen como una de las grandes “fuentes de prueba” del sumario, junto a los audios que el comisario grabó en secreto durante años y la documentación que se le intervino en los registros de su domicilio —que incluye, por ejemplo, los recibís firmados por el chófer de Bárcenas tras los pagos que le hacían con dinero de los fondos reservados—. En esos cuadernos, según indicó el inspector jefe, quedaron reflejados los profusos contactos que mantuvo con Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad y mano derecha del ministro Jorge Fernández Díaz; y con Eugenio Pino, director adjunto operativo (DAO) del Cuerpo.

Según abundó el agente de Asuntos Internos, los cuadernos personales de Villarejo conforman una carta de navegación que conduce en Kitchen hasta ambos procesados. “En los diarios son muchos los ejemplos de la dación de cuentas a Eugenio Pino de la información que facilitaba Sergio Ríos, [el conductor de Bárcenas captado como confidente]”, relató el inspector jefe al tribunal, que precisó que Villarejo otorgó al entonces DAO el sobrenombre de “Pin” en sus agendas.

Al ex secretario de Estado lo bautizó de diversas formas. En un informe, el investigador Gonzalo Fraga señaló que, cuando nombraron a Martínez director de gabinete del ministro, el comisario lo empezó llamando “Fco Martínez”. Pero, a medida que sus contactos se hicieron más habituales, ese alias fue evolucionando en sus cuadernos a “Chisco”. En ese sentido, Villarejo anota su apodo junto a comentarios muy sospechosos en pleno rendimiento de la trama. Por ejemplo, el 29 de julio de 2013, apunta junto al nombre de Chisco: “Insiste en la importancia del tema LB [Luis Bárcenas]. Plantea línea dura hacia él ya. Se va de vacaciones, pero habrá contacto diario”. O el 4 de marzo de 2014, después de que funcionarios de prisiones cachearan a un compañero de Bárcenas en la cárcel y le encontraran una nota del tesorero, vuelve a escribir junto a “Chisco”: “Varias llamadas sobre papel interceptado a Sánchez, colega de LB. Hay que localizar al sujeto que tiene los audios que dice que hay que anular”.

La Fiscalía Anticorrupción pide 15 años de cárcel para Martínez y Pino por su implicación en la trama. También para el comisario Andrés Gómez Gordo, al que Villarejo apodó como Andy y Cospedín (ya que fue asesor de María Dolores de Cospedal, ex secretaria general del PP). Gómez Gordo cogió el relevo de Villarejo, que había captado a Sergio Ríos, en el pago de los fondos reservados al conductor. “Y ese cambio tiene un reflejo en los diarios”, precisó este lunes el inspector jefe de Asuntos Internos.

Por supuesto, en los diarios de Villarejo constan los numerosos contactos con Ríos, al que apodó “chef” o “cocinero” —de ahí que bautizara a la operación como “Kitchen”, “cocina” en inglés—. Y con el comisario Enrique García Castaño, alias El Gordo o Big, que admitió su participación en el operativo irregular (aunque él no se sienta en el banquillo por su mal estado de salud). Y también con el comisario José Luis Olivera, Oli, quien fuera jefe de la unidad que investigaba Gürtel y quien, según Gonzalo Fraga, proporcionaba “mucha información” a Villarejo, que se ocupaba de “dar cuenta de ella hacia fuera de la policía” y a cargos del PP, como Cospedal y su marido, Ignacio López del Hierro.

El principal investigador de Kitchen reconoció que en esos diarios personales, eso sí, no se encuentra recogida ninguna supuesta conversación o contacto con Fernández Díaz. De hecho, la defensa del exministro trata de usar esa baza a su favor. Pero el dirigente conservador se sienta en el banquillo porque su mano derecha, aunque siempre ha defendido que creyó que Kitchen era legal, afirmó que su jefe también estaba al tanto de la operación de espionaje. De hecho, para demostrarlo, aportó a la Audiencia Nacional una batería de mensajes de teléfono que, según dijo, recibió de Fernández Díaz en pleno despliegue contra el extesorero. Esos SMS hacen referencia explícita al conductor de Bárcenas —“Chófer B. Sergio Javier Ríos Esgueva (ahora hace esa función con su mujer)”— y al supuesto robo de los dispositivos electrónicos del extesorero y su pareja para acceder a su contenido —“la operación se hizo con éxito. Se ha volcado todo (2 iPhone y un iPad)”—.

Pero, además, Martínez contó ante el juez que él llevó y mantuvo la interlocución con Villarejo durante años porque así se lo pidió el ministro. “Me mandaste a mí a hablar con él”, le llegó a espetar el ex secretario de Estado al ministro durante un careo en la Audiencia Nacional, cuando le reprochó a Fernández Díaz que fuese diciendo en la prensa que él nunca había hablado con Villarejo.

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