¿Quién no hizo alguna vez una fiesta solo para no invitar a un amigo?
Patricia y Koldo: un piso en Benidorm para dejar a un hijo fuera de la herencia y 2.000 chistorras entre Pamplona y Madrid


En 2019, Koldo García Izaguirre y su mujer, Patricia Uriz, mantuvieron una conversación de WhatsApp de esta guisa: “Tengo una pequeña alegría para el día de elecciones”, escribió Koldo. “¿Pase lo que pase?”, dijo Patricia. “Sí”, respondió Koldo. Y añadió, en un mensaje posterior, frustrando la sorpresa: “2.000 txistorras”. Era “pequeña” la alegría.
Cuando estas conversaciones salieron a la luz, incluidas otras en las que Koldo reclamaba a su mujer que guardase las chistorras en “maleta, bolso, abrigo y cartera”, el exasesor de Ábalos dijo que por chistorras se refería a eso: a chistorras. No se puede faltar al respeto de esa forma al Dios Amor. Es preferible contar la verdad al tribunal que decir que, pase lo que pase en las elecciones, le vas a dar una alegría a tu mujer que consiste en regalarle 2.000 chistorras. Tampoco estás mandándole un mensaje muy elegante: en las elecciones europeas qué le vas a regalar, ¿forraje? Y luego mandarla por ahí con las chistorras metidas en el abrigo y en la cartera (¿en qué cartera cabe una chistorra?, ¿no hay que investigar eso?).
A estos hechos se tuvo que enfrentar Patricia Uriz esta mañana en el Tribunal Supremo. Uriz llegó a declarar al Supremo envuelta en misterio (es increíble que hayamos tenido que sufrir todos una pandemia para que unos cuantos, hasta entonces en la inopia, descubriesen la relación de la mascarilla con el anonimato). Ya no es esposa de Koldo, y reclamó no ser grabada ―el juicio solo se retransmite para la prensa― en su declaración. Dijo que no reconocía los mensajes en que su marido le hablaba de 2.000 chistorras. Normal. Quién, en un momento de euforia, no le ha dicho a su mujer que le regalaría 2.000 chistorras, y su mujer no quiere ni acordarse de eso: “Mira, mira, ni me hables...”. Y el día de las elecciones generales, ni más ni menos, el día más romántico de la legislatura. Si estar enamorado consiste en que te ofrezcan la luna, por qué no matar con tus propias manos cinco cerdos y ponerte a hacer 2.000 chistorras en el salón esperando las encuestas a pie de urna, “aunque el resultado me da igual”.
No le daba igual el resultado a Uriz y así lo dijo en su declaración, ya que si el PSOE perdía, ella perdía su trabajo, pero Koldo no. Eso implicaba vivir separados, dijo, una en Pamplona y otro en Madrid. ¿Cuántas chistorras hay que atar para unir las dos ciudades y que Koldo agarrase un extremo y Patricia otro, el famoso hilo rojo?
Se juzgan más dramas de lo que parece. Dijo Uriz, por ejemplo, que Koldo compró una vivienda en Benidorm y lo puso a nombre de su hija menor de edad. ¿Por qué? Para “dejar fuera de la herencia” a su otro hijo. Claro que sí. Es probable que hasta ni le apeteciera comprarlo. Y raro es que no lo pusiese a nombre del tipo que peor le caía a su hijo. Había que joder al muchacho como fuese. ¿Se imaginan que fuese por eso? ¿Quién no organizó alguna vez una gran fiesta, una fiesta increíble, solo para no invitar a un amigo? Si no lo hiciste, es que no tienes amigos. Por los amigos y por los hijos se hace lo que sea, hasta comprar un piso en Benidorm solo para que el chaval no lo tenga.
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