Peinado se cuela en el banquete de Xi Jinping con Begoña Gómez
La esposa de Pedro Sánchez se enteró por la prensa de su procesamiento minutos después de llegar al hotel en el que se aloja en Pekín


Eran las seis de la tarde en Pekín cuando la caravana presidencial interrumpía el tráfico de las inmediaciones del hotel donde se aloja la delegación española. Es sencillo averiguar que un alto mandatario está en la zona porque las autoridades chinas han armado un gran dispositivo, coches aparatosos y jóvenes militares uniformados en las esquinas, para la seguridad de Pedro Sánchez y su esposa. Begoña Gómez —gabardina beige, gesto sonriente— descendía de uno de esos vehículos solo unos minutos antes de enterarse de la decisión del juez Juan Carlos Peinado de procesarla por cuatro delitos, uno menos de los que estaba manejando.
Fuentes de La Moncloa aseguran que la esposa del presidente se ha enterado a la vez que el resto de los ciudadanos de que Peinado la quiere llevar a juicio. Ha sido en China, después de una mañana en la que Gómez ha acompañado al presidente en todos los actos de su agenda. En primera fila del salón de la Universidad de Tsinghua, donde Sánchez ha pronunciado una conferencia; en la Academia de las Ciencias, donde le han otorgado una cátedra de honor y en la visita a la tienda central de Xiaomi. Allí se le ha visto curioseando en las virguerías tecnológicas de los últimos modelos de coches eléctricos. Han estado juntos en todos los actos de la agenda pública y, durante el fin de semana, en la visita privada a algunos de los atractivos turísticos de la ciudad, tal y como se ha visto en vídeos de particulares en redes sociales chinas.
La presencia de Gómez en Pekín era pública y muy publicada; y en el Gobierno sostienen que nada “es casual”. Cuando informaron la semana pasada de que Gómez formaría parte de la delegación que está en China, se oyó en los corrillos de periodistas alguna chanza con “a ver, Peinado”. Sobrevolaba en el ambiente su irrupción en octubre de 2024 en el viaje oficial a la India —donde estaba la esposa de Sánchez—, ampliando los delitos que le atribuía y, un mes después, cuando Gómez se desplazó a Brasil con el presidente, pidió consultar sus cuentas. Comunicó que imputaba por este caso al ministro Félix Bolaños (aquello no prosperó) mientras todos los focos apuntaban a Sánchez en la decisiva cumbre de la OTAN de La Haya y cuando estaba en Nueva York, en la Asamblea General de Naciones Unidas, dictó que un jurado popular juzgara a su mujer. En todos los viajes internacionales del presidente hay ruedas de prensa y, en todas ellas, se ha colado Juan Carlos Peinado; da igual la relevancia del foro internacional del que se tratara.
Quienes conocen bien al presidente cuentan que, de todos los frentes que tiene abiertos y todas las dificultades que afronta en esta legislatura, este asunto es el que más le afecta. Sus respuestas en público hasta ahora han sido de confianza en que los tribunales terminarán probando su inocencia —también la de su hermano, que se sienta en el banquillo en Badajoz en mayo—, pero desde el inicio de la causa, el conocido como caso Begoña ha sido su talón de Aquiles. De hecho, la imputación en abril de 2024 fue el motivo que le llevó a publicar una carta en X, sin contar con la opinión de nadie de su entorno, en la que amagaba con dimitir ante lo que consideraba una persecución contra su pareja para hacerle daño a él y a su proyecto político. Después de cinco días de reflexión y desconcierto generalizado, el presidente anunció que seguiría en el cargo, y no ha dejado de exhibir públicamente su apoyo incondicional a su esposa, aclamada en mítines socialistas y respaldada sin fisuras por el Gobierno, el PSOE y sus socios. PP y Vox la han atacado con fiereza.
Peinado inició la investigación a raíz de una denuncia del pseudosindicato Manos Limpias y ha dirigido una instrucción rocambolesca que ha dado para casi todo. Ha impuesto multas a abogados que han sido eliminadas por órganos superiores, ha tenido que desimputar a supuestos implicados sobre los que no pesaban indicios y ha provocado situaciones inéditas como la toma de declaración en la Moncloa del presidente del Gobierno y el actual ministro de Justicia. Las pesquisas del juez tenían ya poco margen: el 27 de septiembre cumple 72 años y, por ley, tiene que jubilarse.
Tenía que decidir y lo ha hecho en otra fecha señalada. Quién sabe si uno de los hombres más poderosos del planeta, el presidente Xi Jinping, terminará sabiendo de la existencia del titular del juzgado número 41 de Madrid: este martes Begoña Gómez está invitada a un banquete oficial en el Palacio del Pueblo de Pekín.
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