La moda del testigo invisible en el juicio por las mascarillas: de la ex al “experto” inmobiliario
El Supremo permite ocultar su imagen a testigos principales o accesorios del ‘caso Koldo’


A veces la vida conduce a situaciones inesperadas, aunque solo muy excepcionalmente ante el Tribunal Supremo. Para su desgracia, es lo que ha ocurrido con algunas de las mujeres clave del caso Koldo y hasta con un agente inmobiliario. Así lo han debido percibir, como un infortunio, porque han pedido directamente a los magistrados que oculten su imagen durante el juicio que se celebra estos días por los presuntos amaños para comprar mascarillas en el Ministerio de Transportes. Empezó Jésica Rodríguez, expareja del exministro José Luis Ábalos, y ha marcado tendencia porque ni otra ex, la de Koldo García, ni un testigo secundario ―aunque gran “experto” inmobiliario― han dado la cara.
Rodríguez, cuya figura planea en cada sesión, acudió al Palacio de las Salesas enfundada en una mascarilla y unas gafas de sol. Eso y el flequillo que enmarcaba la cara junto a una larga melena negra (o peluca) apenas permitían identificarla. Los pocos afortunados que pueden seguir el juicio en riguroso directo aguardaban expectantes su irrupción en sala para descubrir el verdadero rostro de uno de los personajes protagonistas de la presunta trama, alguien a quien los investigadores ―y al última hora Ábalos también― perfilan como un cohecho con patas. El momento nunca llegó. Hubo que conformarse con una voz. ¿El motivo? Preservar la intimidad de la testigo. Ya ha sufrido bastante por el escarnio público.
Cuestionada o cuestionable, la decisión del tribunal no sorprendió porque el magistrado instructor, Leopoldo Puente, ya lo acordó cuando declaró en plena investigación. Lo inesperado ha sido este lunes, cuando lo que parecía otra peluca (pelirroja) ha asomado por el respaldo de la silla por la que desfilan testigos e imputados. Era Patricia Uriz, otra mujer que acostumbra al disfraz en sus apariciones públicas. ¿Y por qué? Petición expresa. Concedida. Esta otra voz ha relatado que gestionaba como podía la gran cantidad de dinero en efectivo que manejaba. Solía tener unos 10.000 euros en el “armero” de casa, para los gastos del día a día. Hasta 13.000 euros tenía cuando la Guardia Civil entró en su vivienda. Ni su pareja (este lunes se ha destapado que en realidad nunca fue su marido) lo entendió. El verdadero quebradero eran los muchos gastos en los que Ábalos y su exasesor incurrían en sus trabajos para el Ministerio, el PSOE o en su vida personal y que ella se ocupaba de contabilizar, documentar y, cuando se podía, cobrar.
Koldo García era de dejar dinero y eso a ella le traía de cabeza, pero “aguantaba”. Con Transportes solían ir a “gastos pagados”, aunque no siempre, y ahí iba ella con los tiques. A Ferraz no le gustaba guardar dinero “en un cajón” y la llamaban para que fuera a recoger los famosos sobres con efectivo (del ministro o de su asesor) cuando los billetes y las monedas empezaban a acumularse. Otra vez con los tiques. Todos. Porque si no había tique no había pago. “Eran muy rígidos”. ¿Y las “chistorras” de los mensajes?, ha preguntado el abogado de la acusación popular. Ni idea. En esas conversaciones no se reconoce. Como tampoco nadie a ella.
La moda del testigo invisible la ha consolidado Manuel Pérez Vilariño. “Experto”, “pionero” en alquiler vacacional en la Costa del Sol. Inventor, le ha faltado decir. Encima, garantiza un “trato de proximidad” a los más de 500 clientes que asegura que tiene al año. Koldo García casi se convierte en uno de ellos, de ahí que la “familiaridad” con que le trataba en sus conversaciones haya confundido a las acusaciones. Una vez más, el presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta, ha tenido que intervenir para poner orden. En concreto, para explicar al testigo las distintas relaciones que pueden darse: “hay conocimientos, hay amistades y hay intereses comunes”. Ahora sí: Ábalos era un “conocido” y su hijo casi amigo ―“es más de mi edad”―. Por eso, analizó si el supuesto soborno que se le ofreció al ministro en forma de chalé era una operación rentable. No lo era. No vio el contrato ni valoró que era un alquiler con opción a compra. Pero él sabe “perfectamente” la rentabilidad que se le podía sacar, después de que Ábalos y su familia lo disfrutaran, para realquilar a turistas. Sabe cuándo vienen, cuánto se quedan y cuánto gastan. No necesitaba más. Es una pena que no haya querido salir en cámara. Teniendo en cuenta que se acerca el verano, habría sido una buena publicidad. Quizá ahora se arrepienta.
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