La Fiscalía francesa pide cinco años de cárcel a Josu Ternera y la prohibición de permanecer en el país
La pena de prisión estaría exenta de cumplimiento porque su participación en ETA entre 2002 y 2005 no está directamente relacionada con atentados. También destaca su papel en las negociaciones de paz


José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera, ha escuchado esta tarde en el tribunal de apelación de París la pena que solicita la Fiscalía por su pertenencia a la organización terrorista ETA entre 2002 y 2005. El ministerio público considera que su participación no fue relevante en la comisión de atentados y valora su papel en las negociaciones de paz. Por eso, reclama al tribunal cinco años de cárcel con suspensión de la pena (no deberá entrar en prisión), pero con la prohibición de permanecer en suelo francés. Una pena que podría complicar su estrategia para evitar las cuentas pendientes con la justicia española.
La sentencia definitiva no se conocerá el próximo 2 de julio. Pero, de confirmar la pena solicitada por la Fiscalía, Ternera tendrá dos posibilidades: recurrir al Tribunal Supremo y ganar tiempo para evitar la extradición que pide España a través de las euroórdenes dictadas por el juez Santiago Pedraz, o cambiar de país exponiéndose a una extradición al no tener proceso pendientes en esos posibles países.
Urrutikoetxea ha llegado puntual a la segunda jornada del juicio en París que determina su implicación en ETA entre los años 2002 y 2005. La segunda y última vista del proceso, en el que la fiscal desvela la pena que demanda y se conoce el posible alcance del caso. Pero más allá de su resultado, marcarán el futuro judicial en España de Ternera, actualmente en libertad vigilada en Francia. Hasta que no se resuelva este proceso —también el Tribunal Supremo en caso de condena y nuevo recurso—, las euroórdenes para su extradición no podrán hacerse efectivas.
La jueza ha dedicado la mañana a recorrer la militancia del exterrorista para trazar un retrato de su influencia en los distintos periodos. Especialmente su papel entre los años 2002 y 2005, cuando Urrutikoetxea asegura que tenía un rol sin gran relevancia en el aparato internacional y de la construcción de un diálogo con las diferentes partes. En esa época fue cuando se encontraron sus trazas de ADN y huellas en dos pisos francos de ETA en Lourdes y en Villeneuve sur Lot que ocupaban el entonces jefe militar de la organización, Peio Equisabel, y su lugarteniente, José Manuel Ugartemendia. “No me acuerdo de las fechas, pero si estaban las huellas es que debí estar”, ha admitido Ternera, que ha matizado el carácter rutinario de esas visitas en el marco del diálogo con gente de “de fuera y de dentro” de ETA.
La fiscal del Tribunal de Apelación de París, Naïma Rudloff insistió en su requisitoria en que no hay que ver a esta figura histórica de ETA como “un negociador de paz”, que es como ha querido presentarse durante este juicio de dos días, sino como alguien que, si bien “participó en negociaciones”, estaba “implicado en una organización con la que estaba en total adhesión con su modo de acción”, es decir, “con los atentados”. Pero también ha señalado que “el tribunal debe relativizar su responsabilidad al perímetro que se le reprocha, porque no se le encontraron ni armas ni explosivos” en los pisos que fueron registrados. Además, ha apuntado que desde ese periodo no ha estado implicado en ninguna acción armada.
El relato de Ternera
Ternera ha explicado también su visión del conflicto y cómo se distanció de ETA en 2005 por su distinta visión de la resolución con la nueva cúpula dirigente después que fuesen detenidos los viejos líderes Mikel Albizu Iriarte, alias Mikel Antza, y María Soledad Iparraguirre, alias Anboto. Ternera y la nueva cúpula, liderada por Francisco Javier López Peña, alias Thierry, veían las cosas diferente. “Pertenecí a una organización que cometía atentados. Pero trabajé para superar ese periodo de violencia en una vía de negociación con el gobierno español”, ha recalcado. Y, acto seguido, ha añadido: “Yo creía que había las condiciones políticas, sociales y societales para que ocurriera. Advertimos la temperatura en la sociedad vasca. Pensaba que era el momento político para dejar atrás el periodo de lucha armada. Pero me encontré con militantes que no compartían ese punto de vista”.

El acusado ha contado también cómo en el proceso de negociación abierto por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, participó en las reuniones en Suiza. El 21 de junio de 2005 se encontraron en el hotel Wilson de Ginebra (Suiza), Ternera se encontró con el presidente del Partido Socialista de Euskadi (PSE), Jesús Eguiguren. Ternera acudió a la cita con un ejemplar de un libro de Eguiguren publicado cinco años antes, Los últimos españoles sin patria (y sin libertad), en cuyo prólogo apuntaba las claves para hallar una solución al terrorismo en Euskadi. Si el Gobierno estaba dispuesto a suscribir lo que decía el prólogo de su libro, le dijo Ternera, podría llegarse a un final de la violencia. Pero llegar a Suiza desde Francia no era fácil. “Pedimos garantías de que cuando nos desplazáramos en por el país tuviéramos el teléfono del prefecto de Nicolas Sarkozy. También el teléfono directo del jefe de la policía española. Si nos paraban y teníamos un problema podíamos llamarles”, ha relatado.
Aquella cita fue el comienzo de las conversaciones entre el Gobierno y ETA que culminaron, nueve meses después, en el alto el fuego permanente de la banda, el 22 de marzo de 2006. Un paréntesis fugaz que la nueva dirección, como el propio Ternera vino a decir en el juicio, mandó al garete poco más de un año después.
La jueza ha escuchado atenta las andanzas de Urrutikoetxea desde el comienzo de su militancia. A veces incluso ha sonreído, como al citar el libro de cocina que el ex etarra escribió en la cárcel Giltzapeko sukaldaritza (La cocina entre barrotes), editorial Hiru Argitaletxea, o al exponer su visión del mundo y la sociedad actual después de alcanzar la paz. “Vivimos un periodo desde hace 15 años en el que no hay violencia armada, pero no se puede hablar de paz. La paz es más que la ausencia de violencia, sobre todo de un lado. La paz no es paz sin justicia. Nuestros derechos, el derecho internacional, no es respetado. Por no hablar de otro tipo de violencia contra inmigrantes, y directa contra nuestra lengua y nuestra historia”, ha señalado. Urrutikoetxea volverá ahora a su casa del País Vasco francés. Pero deberá regresar a París el próximo julio para escuchar la sentencia.
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