Raíles, vagones y tres niveles en el nuevo narcotúnel localizado por la Policía en Ceuta
El “laberíntico” pasadizo estaba en el polígono de El Tarajal, cercano a Marruecos y donde hace un año se halló una galería similar

Lo que hace unos años era una simple sospecha policial, ya es una realidad contrastada y, además, por partida doble. La Policía Nacional localizó el pasado fin de semana un narcotúnel que, desde Ceuta, conducía hasta Marruecos y permitía la entrada en España de ingentes cantidades de hachís. Es el segundo pasadizo de estas características que se localiza en la ciudad autónoma después de que en febrero del año pasado la Guardia Civil localizase otro. Ambas galerías tenían, además, varios elementos en común: las dos tenían sus entradas en naves del polígono de El Tarajal, muy próximo a la frontera con el país magrebí y, además, desembocaban en el municipio marroquí de Castillejos (Fnideq en árabe) y, en concreto, en un zona cercana a una base militar marroquí.
Sin embargo, el narcotúnel descubierto ahora por la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional tiene una sofisticación técnica mayor que el de febrero del año pasado. Así, el “laberíntico” túnel, como lo describe el Ministerio del Interior, tenía tres niveles: un pozo de descenso, una cámara intermedia que permitía almacenar los fardos hasta que eran sacados a la superficie y una línea final hacia Marruecos en alguno de cuyos tramos una persona podía ponerse de pie. Las pesquisas apuntan a que sus constructores aprovecharon para su construcción los antiguos aliviaderos de aguas pluviales del polígono, que hace años habían sido sellados.
La galería estaba equipada con una red eléctrica, raíles, vagones y un sistema de poleas a modo de montacargas “para el traslado seguro” de los alijos tanto por el túnel como hasta la superficie. También contaba con un eficaz sistema de drenaje que impedía que se inundara. Todo ello permitía que los narcos hicieran el trasiego de los fardos con la mínima presencia de personas de la galería, lo que reducía el riesgo de que fueran detectados. La capacidad de movimiento de droga era, según la investigación, de hasta dos toneladas diarias. La entrada al túnel en el lado español de la frontera estaba camuflada detrás de un refrigerador insonorizado de grandes dimensiones en una nave de El Tarajal, aunque también se han inspeccionado otros locales cercanos por la sospecha de que la infraestructura pudiera ser aún más extensa.
En el caso del narcotúnel hallado hace un año por la Guardia Civil, la entrada estaba bajo una trampilla metálica disimulada con cubos de plástico negros cargados con escombro apilados sobre dos palets de madera en una antigua marmolería sin actividad del mismo polígono, pero su construcción y funcionamiento eran más precarios. Si bien contaba con un sistema de iluminación propio, la estructura era más endeble. Así, las paredes del pasadizo, excavadas a 12 metros de profundidad, estaban cubiertas de tablones de madera y los porteadores debían avanzar a gatas, ya que la galería tenía 70 centímetros de ancho, no superaba los 120 de altura y en algunos tramos esta se reducía hasta los 50 centímetros. Aunque contaba con un sistema para evacuar el agua que se filtraba, esta inundaba parte del recorrido y, de hecho, se localizaron trajes de neopreno usados supuestamente por los porteadores para transitarlo. Durante la inspección del mismo se encontró una maleta con la que supuestamente se trasladaba la mercancía arrastrándola por el túnel.
La operación policial que ha permitido ahora localizar el nuevo narcotúnel se desarrolló el pasado viernes y se saldó con una veintena de detenidos, entre ellos un ex guardia civil y un conocido narcotraficante de La Línea de la Concepción (Cádiz). 14 han ingresado en prisión provisional. La investigación apunta a que las grandes cantidades de hachís con las que traficaban ―los agentes intervinieron durante las pesquisas un alijo de 15 toneladas en Almería― tenían como destino final España y varios países europeos, como Francia y Holanda. En el operativo, desarrollado tanto en Ceuta como en Andalucía y Galicia, se realizaron 29 registros y se intervinieron cerca de un millón y medio de euros y 66 equipos de comunicación.
La investigación, que dirige el Juzgado de Instrucción número 3 de la ciudad autónoma, comenzó hace poco más de un año y se centró desde el principio “en una estructura ceutí” que enviaba hachís producido en Marruecos y con capacidad para transportar la droga a distintos puntos de Europa, para lo que contaba con numerosos vehículos. En la ciudad autónoma se realizaron nueve registros en zonas como la Marina Española, en el centro, el barrio del Príncipe, la avenida del Muelle Cañonero Dato, Arcos Quebrados, Benítez, la avenida del Teniente Coronel Gautier y el polígono de El Tarajal, donde finalmente se ha localizado el nuevo narcotúnel.
Las fuerzas de seguridad tenían desde hace años la sospecha de que existía al menos una de estas galerías en Ceuta por la que las organizaciones criminales abastecían a Ceuta de grandes cantidades de hachís procedentes de Marruecos que, posteriormente, era trasladado a la Península en camiones y remolques que embarcaban en ferris. Esa conjetura se consolidó en diciembre de 2023, cuando la Guardia Civil interceptó en el puerto, a punto de salir con rumbo a Algeciras (Cádiz), un camión que transportaba oculto entre deshechos 3.000 kilos de hachís, una cantidad de droga que superaba, con mucho, la que las tramas pueden colar a través de los pasos fronterizos legales o del doble vallado perimetral de la frontera.
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