De punta en blanco, literalmente: liturgia y nervios en las horas previas al ‘show’ de Rosalía en Madrid
Este lunes es la primera presentación de ‘Lux’ en suelo español, en el Movistar Arena, con miles de espectadores que esperan el espectáculo con las expectativas muy altas


A las siete de la mañana, los murcianos Pablo Higueras y Miguel Alcaraz, ambos de 20 años, ya estaban instalados en la fila para el escenario frontal, por la entrada de la avenida Felipe II del Movistar Arena. A las seis y media de la tarde, ya son cientos de personas esperando. Son los primeros que verán el Lux de Rosalía en suelo español, en la noche debut de cuatro fechas en la capital —30, 1, 2 y 3 de marzo—, para después moverse a Barcelona, donde se presentará en el Palau Sant Jordi con cuatro fechas más. Las calles alrededor del recinto están repletas con los fanáticos que esperan entrar a la primera noche de Rosalía en Madrid. Están de punta en blanco, literalmente, para rendir un homenaje sagrado e impoluto a la estética de Lux. Algunos más rigurosos que otros, incluso hay quienes se tiñeron la aureola que ha llevado la cantante en el pelo durante la promoción del disco.
La compra de entradas —que no tomó ni dos horas para vender todos los tickets— fue fácil, dice Higueras, quien se creó una cuenta bancaria en Santander para tener acceso a la preventa. Él sigue a Rosalía desde que Aitana recomendó escuchar Catalina en Operación Triunfo. Alcaraz recuerda haber escuchado Malamente en el coche, en los 40. “Perfección” es la palabra que usan para definir Lux. “Cada álbum que hace ella me parece algo completamente nuevo que siento que nadie más va a poder hacerlo ni replicarlo”, comenta Higueras, que lo escuchó rodeado de velas y con auriculares para disfrutarlo mejor. Coinciden en que su canción favorita es La yugular, pero llorarán más con Magnolias. “Voy sin saber mucho. Sé que hay mucha referencia al arte, pero ahí me he quedado”, asegura Alcaraz, quien esquivó los espóileres que abundan en redes sociales.
En la misma fila, justo detrás, está Diego Medina, un veinteañero con suerte que compró su entrada solo un día antes después de que una chica en X se la ofreciera. Así que está solo, esperando. También estuvo solo en el Movistar Arena de Chile cuando vio a Rosalía en la gira de Motomami Tour en 2022. “Fue un antes y un después en mi vida”, recuerda. Esta vez, dijo, “es una mezcla de emociones”. No pudo dormir y contra tiempo compró el billete desde Ciudad Real, le avisó a su madre que se iba y eligió el atuendo adecuado. Llegó a la fila a las ocho de la mañana con la esperanza de que la cantante incluya en su repertorio Dolerme y Como un G.

Al doblar en la esquina, por la calle Jorge Juan, están los treintañeros Isaías Falcón, Reyes Crespo, Jose Velásquez y Joaquín Morro. “Seguimos a Rosalía desde que tenía 900 seguidores, desde un principio”, dice Crespo. “Desde el concierto en Plaza Colón, un poquito antes”, agrega Falcón. Todos estuvieron en la gira de Motomami y aseguran que ahora fue más difícil conseguir entrada. De nueve amigos, en esta ocasión solo asisten cuatro. Aunque están vestidos de blanco con brillos en el rostro, prefieren la estética de Motomami. No estuvieron nerviosos por la cancelación del show en Milán porque había varios días entremedio para que se recuperara: “Nos acabamos de enterar de que ha devuelto el dinero, que nos parece increíble, porque hay otros artistas que no lo devuelven si han empezado el concierto”, dice Falcón.
Por la misma calle, segundos en la fila y resguardados del sol por un paraguas, están David Santos, de 25 años y Cristián Avendaño, de 27. Cuando fue el lanzamiento de Lux, se unieron a la listening party de Rosalía: “Recuerdo ponerme el disco y decir, ‘vale, este es el momento’. Además, somos bailarines, y pensaba ‘esta canción es full para bailar, esta para improvisar”, recuerda Avendaño. Tienen altas expectativas del show, no solo por la música, sino por todo el montaje de danza que ya ha dado que hablar, con la participación del artista Dimitris Papaioannou y el colectivo francés (LA)HORDE. “Vamos a llorar con Magnolias y Memorias... Y con la nuestra: Sauvignon blanc”, dice la pareja.

Los que no están con ropa acorde al álbum son los matrimonios David Rodríguez (48) y Jorge Montero (50), y Diego Carrasco (46) y Juan Vicente Troyano (50). “No nos decoramos. Tengo demasiado sueño”, “Hay gente muy equipada”, “Tenemos la edad de los padres”, “Somos capaces de mucho, pero no nos podíamos pintar el cuerpo para este concierto”, se interrumpen entre risas. Siguen a Rosalía hace años. Sobre Lux, dicen: “Lo mejor de ella; Motomami nos gusta menos, Lux nos parece brutal”. Rodríguez agrega: “Para que un artista me ponga la piel de gallina es muy complicado, porque ahora todo suena igual”. El álbum lo escucharon como un ritual, completo, aunque primero disfrutaron de Berghain, la primera canción que se lanzó del disco. El grupo espera escuchar el remix de Berghain y La Perla. “El show con Jimmy Fallon con los colchones lo encontré brutal", cuenta Rodríguez, pero ahora han intentado no ver adelantos, aunque “algunas manos” han visto por ahí, en referencia los videos que circulan en internet de la puesta en escena de La Perla en los conciertos del tour.
A las seis cuarenta, cuando la fila para ingresar ya avanza, llegan María Jesús, Carla y Laura: abuela, madre y nieta. La más fanática es Carla. De hecho, las entradas son un regalo por sus 50 años. “Desde la gala de los Goya, cuando apareció con esa canción tan preciosa, ahí me enamoré de ella”, dice. “Es maravilloso, tiene una voz increíble”, agrega emocionada, mientras su madre y su hija se ríen. “Ya estoy llorando, casi... Yo la voy a apoyar siempre”, asegura, y cuenta que su relación con la cantante es importante: “Motomami me salvó la vida, tenía problemas de salud y yo salía a andar con la música. Mi hora de caminata era con el disco”. También enemiga de los spoilers, se ha asegurado de no ver nada relacionado con el concierto e incluso eliminó su Instagram. María Jesús, la abuela, preparó tres canciones para la ocasión: La Perla, Mio Cristo y Berghain. Sobre la intoxicación de la cantante en Milán, el domingo se aseguraron de que el concierto seguía en pie: “Pobrecita, es que le gusta comer y probar de todo”, dice Carla. La fila avanza y ellas también. Por cierto, también iban de blanco.
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