Una protesta clama en Cuenca contra las plantas de biometano: “Nuestros pueblos no son espacios vacíos”
Cerca de 2.000 personas se manifiestan en Carrascosa del Campo contra los siete proyectos de biogás que se tramitan en la comarca y una industria que solo les concibe como “territorio de sacrificio”


Los vecinos de Campos del Paraíso (Cuenca) no quieren plantas de biometano en un territorio casi virgen y en el que el único desecho agrícola que generan sus agricultores es la paja de cereal, el cultivo omnipresente en un municipio con apenas 600 habitantes censados y diseminados en cinco pueblos: Carrascosa del Campo, Loranca del Campo, Olmedilla del Campo, Valparaíso de Arriba y Valparaíso de Abajo. Su lucha para frenar la tramitación de tres plantas de biogás ha recibido este sábado el respaldo de 40 asociaciones y de muchos otros vecinos de los pueblos aledaños en una manifestación que ha recorrido las calles de Carrascosa del Campo y que, según sus organizadores, ha reunido a 1.800 personas que no quieren que esta comarca se convierta en el sumidero de miles de toneladas de purines. Los olores, pero también el transporte de estos desechos y el uso del digestato, el residuo que queda tras el proceso de transformación en biogás, amenazan con vaciar estos pueblos y con contaminar sus suelos y acuíferos, según denuncian los afectados.
“Si echamos más digestato a las tierras de cultivo no podríamos abrir el grifo del agua”, asegura Carlos Muñoz, portavoz de la Asociación Vecinal Campos del Paraíso Comunidad Rural, que teme que este residuo, que contiene antibióticos y metales, afirma, “acabe en los suelos y, de ahí, a los alimentos”. Las empresas lo ofertan como biofertilizante, pero el sector agrario abomina de este abono. “No te aclaran que es un residuo y que de biofertilizante no tiene nada”, explica Agustín Valencia, agricultor de 50 años con cultivos de cereal, girasol y olivar. Los vecinos desconfían además del empleo que estas empresas venden como el maná para la salvación de estos pueblos. “Sospechamos que el empleo no se va a consolidar aquí, sino que va a venir de fuera”, cuenta Sonia Isidro, vecina de Loranca del Campo, de 49 años, y maestra en Huete, que denuncia la “falta de transparencia” de estos proyectos que, sospecha, llevaban gestándose más de un año. “Son empresas que, al final, están minando nuestro territorio y que no traerán nada positivo”, remarca Muñoz.
De las tres plantas proyectadas, la que impulsa el gigante de la celulosa ENCE, la más avanzada al estar en fase de evaluación ambiental, es la que se ubicará a apenas 2,5 kilómetros de las casas de Carrascosa del Campo. Una macroplanta que, según los datos aportados por la empresa, podrá gestionar 140.000 toneladas de residuos orgánicos, 90.000 de ellos purines de cerdos, y a la que suman las proyectadas en Olmedilla del Campo y en otros municipios cercanos, como Tarancón o Huelves. En total, siete plantas en un radio de apenas 30 kilómetros que sumarán un millón de toneladas de desechos. Un modelo de biometanización mal dimensionado que, según los vecinos, se disfraza de economía circular cuando no lo es porque los purines que tratarán no se generan en estos pueblos, en los que apenas hay un rebaño de ovejas. “Si fueran plantas de menor tamaño sí sería economía circular, pero traer 140.000 toneladas de fuera es todo lo contrario. Solo una de estas plantas moverá más de 90 camiones para trasladar estos desechos”, relata Muñoz.
La plataforma vecinal, que ya ha recogido más de 4.000 firmas a través de change.org, no quiere que estos pueblos se conciban como un “territorio de sacrificio”, que asume los impactos “mientras los beneficios se concentran lejos”, dice el texto leído al término de la marcha. La Junta de Castilla-La Mancha, que tramita un decreto para regular estas instalaciones, recuerda que son los ayuntamientos los que, de forma motivada, pueden frenarlas valiéndose de sus normas urbanísticas y de un informe que recoja el impacto socioeconómico de estas instalaciones. El Ayuntamiento de Campos del Paraíso tratará de impedirlos con una ordenanza de vertidos y dilatando al máximo la licencia de obras que estas empresas necesitan para justificar los fondos europeos que reciben para proyectos de descarbonización. “Legalmente no podemos negarnos a conceder la licencia, pero trataremos de poner todas las trabas posibles”, explica a EL PAÍS Francisco Javier del Saz, alcalde popular de Campos del Paraíso, que asegura apoyar “al cien por cien” a sus vecinos.
Muñoz insiste en que no se oponen ni a la industria ni a la transición energética. “Estamos deseando que llegue una gran empresa que se adapte al entorno y que cuente con la licencia social de los vecinos, pero queremos industrias que respeten nuestro territorio y que no vengan a contaminarlo. Ojalá tuviésemos una industria de perfumes o una galletera porque eso ayudaría a acabar con la despoblación, uno de los grandes problemas que tenemos”, reconoce. Este joven de 30 años, que trabaja como consultor en Cuenca y que vuelve siempre que puede al pueblo de sus padres, se involucró en la causa junto a varios amigos, hartos de ver cómo la riqueza esquiva este rincón de la geografía conquense. “Por aquí pasa el AVE, una autovía, el trasvase Tajo-Segura... proyectos que no dejan nada en nuestros pueblos. Cuando paseamos por el campo vemos placas solares y molinos eólicos que invaden nuestro territorio sin dejar un beneficio real. Es algo que lleva pasando desde hace años y estas plantas de biometano han sido el detonante definitivo”, zanja.
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