Interior tardó casi dos meses en suspender al comisario acusado de acoso y lo mantuvo como jefe de la subinspectora cuando ella ya había denunciado
La jefatura de Cooperación Internacional permitió que Emilio de la Calle viajara con su subalterna a Calcuta tres días después de que ella hubiera aportado un audio con los insultos del policía. Interior asegura que estuvieron en contacto y que ella quiso viajar. Fuentes del caso señalan que nadie le planteó que hubiera otra opción


El Ministerio del Interior tardó casi dos meses en suspender de empleo y sueldo al comisario Emilio de la Calle, denunciado por acoso sexual y laboral e imputado actualmente en la Audiencia Nacional, desde el momento en el que una subordinada informó a sus superiores de lo que estaba viviendo en la Embajada española en la India donde ambos estaban destinados. La subalterna manifestó entre el 6 y el 7 de febrero de 2025 el terror al que estaba sometida y dijo que estaba recibiendo ayuda psicológica. Además, envió un audio a la Policía en el que De la Calle la insultaba y la agredía supuestamente con una colleja.
A pesar de ello, la División de Cooperación Internacional —dirigida por la comisaria Alicia Malo y de quien dependen las embajadas— permitió que tres días después de que verbalizara su miedo, la mujer viajara con el comisario a Calcuta durante tres días (viaje en el que ella grabó audios en los que él le decía “eres retrasada mental”, “tengo ocho meses para putearte”, “te dejo como un trozo de carne, te reviento”, “ponte escotes para estas fiestas”...). El expediente disciplinario tardó más de un mes en abrirse después de esa primera denuncia. Y no fue hasta el 21 de marzo de ese año cuando se firmó el cese del comisario y el director de la Policía Nacional, Francisco Pardo, remitió las actuaciones a la Fiscalía de la Audiencia Nacional por si hubiera delito. Así lo certifican los 125 folios del expediente que Interior remitió al Ministerio Público y a los que ha tenido acceso íntegro EL PAÍS.
Preguntado el Ministerio del Interior sobre por qué no se tomaron medidas desde el comienzo y se evitó que la subalterna tuviera que viajar con el comisario cuando ya había comunicado su temor, un portavoz oficial asegura que fue Sandra (nombre ficticio para proteger su identidad) la que decidió viajar para que De la Calle no sospechara, que se estuvo en contacto con ella en todo momento y que tras el viaje ella no reportó ninguna incidencia. Fuentes del departamento que dirige Fernando Grande-Marlaska afirman que en este caso se actuó de forma correcta y siempre la mano de la víctima.
Sin embargo, en la documentación del expediente donde se detallan todos los pasos que se dieron desde Interior no aparece reflejado de forma oficial que se le diera una alternativa a realizar ese viaje de trabajo, ni que personal de la Policía estuviera en contacto con ella esos días o que se aplicara alguna medida de seguridad. Fuentes cercanas a la investigación aseguran que a ella no se planteó otra opción distinta a hacer el viaje y que esa falta de actuación provocó que en los días posteriores se produjeran más delitos como la presunta agresión sexual que sucedió el 14 de febrero.
La cronología de lo sucedido revela que pasó casi un mes (29 días) desde el momento en el que un funcionario de la División de Cooperación Internacional elaboró la primera nota informativa sobre la situación de la agente hasta que el Régimen Disciplinario de la Policía le abrió un expediente a Emilio de la Calle para analizar su conducta.
Durante ese tiempo, no solo se siguió produciendo el supuesto maltrato, sino que, además, sucedió el episodio en el que Sandra sufrió un desmayo debido al estrés y el comisario la acompañó a su vivienda y le dio un beso que ella asegura que no consintió. Este hecho ha derivado en que la querella presentada por Sandra en la Audiencia Nacional incluyera un delito de agresión sexual además de múltiples derivados del maltrato y acoso laboral y sexual.
6 y 7 de febrero de 2025. Primer informe: A pesar de que Sandra no se atrevió a tomar la iniciativa de denunciar internamente, un mando de la Policía que conoció la situación que ella está viviendo dio el primer aviso a la División de Cooperación Internacional, de la que depende la embajada. Una funcionaria de esa División mantuvo dos llamadas con ella entre el 6 y el 7 de febrero y elaboró una nota informativa sobre la situación. Sandra corroboró que, efectivamente, llevaba desde julio de 2024, cuando entró en el puesto en la India, viviendo en un clima laboral de gritos, amenazas, instrucciones contradictorias y control absoluto por parte del consejero De la Calle. Manifiestó que había testigos, pero que tenía miedo a denunciar. Preguntó “qué pasará con ella, pues por ejemplo la próxima semana tiene previsto un viaje con el Consejero” y dijo que ese mismo día el comisario “se ha enfadado y ha tirado las sillas, incluso”. Repitió que tenía mucho miedo a denunciar y preguntó si el asunto podía continuar de oficio. Le dicen que sí y que “se dará traslado a la superioridad” del tema. En los siguientes días la documentación del expediente no muestra ningún avance.
Del 10 a 13 de febrero. Viaje a Calcuta: el comisario Emilio de la Calle viaja con Sandra a Calcuta. Entre las más de 20 horas de grabaciones que ella realizó a lo largo de los meses para protegerse, hay varias de este viaje en las que él le dice: “Te dejo como un trozo de carne [...] ten cuidado, no vuelvas a tocarme más los cojones”; “Odio a la gente como tú”; “Me quedan ocho meses para putearte y eso se me da de bien, pero que flipas”: “Soy muy torcido, mucho”. Preguntado el Ministerio del Interior sobre por qué en este punto no se tomaron medidas y se evitó que la subalterna tuviera que viajar con el comisario, fuentes oficiales aseguran que se le dio la oportunidad a Sandra de asistir o no, pero que ella decidió ir para que él no sospechara que podía haber una denuncia, que una persona de la Policía estuvo en contacto con ella en todo momento y que tras el viaje ella no indicó que había ocurrido nada. Sin embargo, ninguno de los documentos que obran en el expediente refleja que se mantuviera algún tipo de contacto con ella durante estos días o que se le diera alguna alternativa a no viajar con De la Calle. Fuentes de la investigación rechazan la versión de Interior y aseguran que Sandra estuvo expuesta al comisario durante ese periodo sin ningún tipo de protección.
14 de febrero. Supuesta agresión sexual: A la vuelta del viaje y todavía sin ningún paso visible en la documentación por parte de la Policía, Sandra sufre un desmayo en la embajada que, posteriormente, un médico le diagnosticará a causa del estrés laboral. Ella llevaba desde octubre recibiendo tratamiento psicológico y con problemas para conciliar el sueño. Ese día el comisario le dijo que no “contara cuentos” al médico y que era ella misma la que se estaba autogenerando la ansiedad. El mando le acompañó a su casa y mientras ella estaba con náuseas tumbada en el sofá con los pies en el alto le dio supuestamente un beso en la comisura de los labios que ella no consintió. Ella misma lo relató así en una carta que enviaría después a Interior: “Tras ello, empiezo a llorar, estoy muy incómoda con su actitud, invade mi espacio más íntimo y personal y él comienza a darme un discurso motivacional mientras se abalanza con su cuerpo hacia el mío. Me siento invadida. Intento incorporarme, pero me agarra la cara y continúa con el discurso [...]. Logro zafarme y me siento al lado mientras sigo llorando, me siento muy incómoda, aturdida, con un miedo terrible y soy incapaz de articular palabra, solo habla él mientras yo lloro”.
19 de febrero. Primera denuncia interna: el primer paso que da oficialmente la comisaria Alicia Malo, según refleja el expediente, ocurre el 19 de febrero, coincidiendo con un viaje que De la Calle realiza a España por vacaciones. Ese día la División de Cooperación Internacional que dirige Malo envía una denuncia por acoso laboral contra De la Calle a la subdirección general de Recursos Humanos y Formación. Preguntados en la Policía sobre por qué este paso no se dio antes explican que estos procesos lleva un tiempo de corroboración, que la víctima pidió confidencialidad y que estaban esperando a que el comisario regresara a España. Otras fuentes cercanas a la investigación contradicen esta versión y exponen la Policía tenía la potestad de haber actuado mucho antes y haber asegurado la integridad física de la agente más pronto, además de que se podría haber remitido la denuncia directamente a Régimen Disciplinario para iniciar un expediente cuanto antes.
6 de marzo. Sandra envía un escrito de 70 páginas: la subdirección de Recursos Humanos preguntó a Sandra si corroboraba los hechos de los que se acusaba a Emilio de la Calle por acoso laboral y fue entonces cuando ella envió un escrito de 70 páginas a la Policía en el que relataba de forma pormenorizada el maltrato, las vejaciones, “el hostigamiento psicológico constante” y el “trato denigrante continuo” al que había estado sometida durante meses y por el que se encontraba en tratamiento psicológico y médico. Pedía, además, que se diera traslado inmediato de la denuncia a Régimen Disciplinario.
Sandra relataba que “aconsejada” por su “círculo familiar más cercano” grabó durante meses porque le habían recomendado que “intentase dejar constancia probatoria” de lo que estaba sufriendo. Aseguraba que tenía miedo por su integridad física y moral. “Vivo con una ansiedad diaria que ha afectado a mi salud y ha quebrado mi autoestima”. Según su relato, ella había tenido que dejar una llave de su domicilio en la embajada porque el comisario la había convencido de que era lo mejor para su seguridad. “Entre las manifestaciones que más me han generado temor está el hecho de haberme confesado en más de una ocasión que a lo largo de su carrera profesional ha secuestrado a gente”. Emilio de la Calle le contaba que había sido boxeador, amenazaba con dar palizas a su conductor y le había repetido en distintas ocasiones que el consejero de Interior de la Embajada en Brasil había matado a su esposa y no le había pasado nada por su estatus de diplomático. “Incluso me ha dicho que puede poner a tres agentes del IB (Intelligence Bureau) en la puerta de mi casa para vigilarme día y noche", redactó Sandra.
La subordinada se confesaba en un “estado de vigilia constante, sin poder conciliar bien el sueño”. Explicaba que había perdido tanto peso que, durante los actos, el mando evitaba que ella apareciera en las fotos para evadir comentarios de sus antiguos compañeros. La subinspectora explicó de forma detallada los castigos a los que se veía sometida, el aislamiento social, el control de su vida y nutrió su relato con las transcripciones de los audios que puso a disposición de la Policía.
11 de marzo. Se abre el expediente disciplinario: Fue después de este documento cuando la subdirección decidió remitir el asunto a Régimen Disciplinario y se acuerdó entonces incoar un expediente disciplinario “a fin de depurar la responsabilidad administrativa en que hubiera podido incurrir”. En ese momento, dan traslado de todo el material al comisario Emilio de la Calle que conoce entonces de manera oficial que ha sido denunciado por acoso y ha sido grabado durante meses. Él se encuentra todavía en España, pero durante diez días continuó ejerciendo de superior de Sandra. Le envió correos y actuó a través de “terceras personas” en la India para conocer dónde estaba ella, según la documentación en poder de este medio.
20 de marzo. Sandra declara en Interior: Sandra viaja a Madrid y acude a las 11:00 al edificio de la Unidad de Régimen Disciplinario en Madrid. Declara ante el instructor de ese procedimiento interno que el comisario la obligaba a entregarle su móvil personal para revisar sus conversaciones de Whatsapp, que la llamaba a todas horas, que la amenazaba de forma habitual con hundir su carrera profesional o con pegarle y que le llegó a dar golpes en la nuca. Además, la agente advirtió de que tenía conocimiento de “posibles irregularidades” en el manejo de los pagos de las facturas que se hacían en la embajada de la India, puesto que De la Calle firmaba un número de horas extras de su conductor superior al que en realidad se había realizado y recibía el ingreso de Interior en su cuenta personal. Preguntada la Policía Nacional si esta posible malversación se ha seguido investigando de manera interna, las fuentes oficiales han dicho que no tienen información al respecto.
21 de marzo. Suspenden al comisario: Un día después de la declaración de Sandra Interior decide suspender al comisario. Se acuerda, dice el documento, la “medida cautelar de suspensión provisional de funciones” de Emilio de la Calle.
24 de marzo. Se remite el expediente a Fiscalía: Finalmente, el director de la Policía Francisco Pardo firma una orden por la que se remite todo el expediente a la Fiscalía de la Audiencia Nacional, dado que el asunto revierte carácter delictivo. La Fiscalía abrió unas diligencias preprocesales, pero terminó enviando toda la documentación al Juzgado de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional cuando este recibió la querella por parte de Sandra. La agente decidió finalmente acudir a la vía penal con el abogado Juan Antonio Frago del despacho Frago y Suárez Abogados. Actualmente, el juez De Jorge mantiene a Emilio de la Calle como investigado y éste permanece suspendido de empleo y sueldo.
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