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“Confidencial” y “muy reservado”: hallados expedientes secretos de 1936 de la Fábrica de Tabacos de Sevilla

Una cartera con informes de depuración de la plantilla de cigarreras y tabaqueros emerge entre los fondos del Archivo Histórico Provincial

Cartera con documentos sobre los trabajadores de la Fabrica de Tabacos de Sevilla, hallada en el Archivo Histórico Provincial.Marta Maldonado

“En un archivo siempre pueden salir cosas curiosas”. Así resume el director del Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Braulio Vázquez, el hallazgo durante los trabajos de organización del fondo de la Fábrica de Tabacos de Sevilla. Entre la ingente documentación —más de 10.000 unidades de instalación entre libros, legajos, cajas y planos— emergió un singular descubrimiento: al abrir una caja de documentación de los años 70, debajo de unos legajos encontraron una bolsa y en su interior una pequeña cartera marrón, del tamaño de una cuartilla. Dentro guardaba varios sobres con informes de la Sección de Personal, fechados entre 1936 y 1938, ordenando despidos en la plantilla por su adscripción política. Los primeros corresponden a septiembre del 36, solo tres meses después del Golpe de Estado.

El hallazgo se ha producido ahora, pese a que el fondo se conserva en sus instalaciones desde 2021, cuando llegó procedente del Centro Logístico del Patrimonio Cultural de La Rinconada. “En el caso de la Fábrica de Tabacos, los fondos abarcan desde el XVII a principios del XXI, cuando se cerró en 2007, ya bajo la denominación de Altadis”, señala Eva Vázquez, asesora técnica en gestión documental. El director aclara que “las cajas se van vaciando conforme podemos. Cada año hacemos una campaña, a medida que vamos teniendo personal y disponibilidad. Todo está archivado, pero lo que varía es el grado de descripción. Hay grandes agrupaciones y lo que falta es la explicación catalográfica, ir documento por documento describiendo qué contiene exactamente”.

Los artífices del descubrimiento, la propia Vázquez y Gonzalo Carnacea, alumno en prácticas del Grado de Historia de la Universidad Pablo de Olavide, muestran a EL PAÍS los informes. “Ha sido inesperado, llevamos todo el mes poniendo signaturas a todos los documentos, legados y libros de la Fábrica de Tabacos. Hemos hecho unas novecientas signaturas. Son muchísimas”, cuenta emocionado.

Sobre el contenido, lo primero que llamó su atención fue un sobre con grandes letras azules impresas donde se lee, en mayúsculas: “muy reservado”. Dentro, guardaba un folio mecanografiado con el mismo sello, fechado en agosto de 1938, donde se solicita información sobre un trabajador para determinar “si ha tenido actividades políticas anteriores o posteriores” al Golpe. En otro sobre, dirigido al “secretario de Tabacalera SA” está escrito a mano: “Confidencial”.

También muestran dos sobres escritos en rojo y a mano, con las palabras “femenino” y “masculino”, para diferenciar los expedientes de “despidos definitivos” relativos a unas y a otros. En el caso de ellas, se explicita la “relación de las operarias que han sido dadas de baja por orden gubernativa (…) por su desafecto al movimiento militar salvador de España, o por haber auxiliado con sus propagandas al movimiento marxista”. El expediente detalla sus nombres, apellidos, taller al que pertenecían y si formaban parte del sindicato y recoge las bajas producidas entre noviembre de 1936 y enero de 1937. En las órdenes de cese detallan que se les despide como consecuencia de una investigación encargada por el administrador jefe, que firma al pie.

Los numerosos escritos reflejan el grado de seguimiento al que se sometía a la plantilla de la Fábrica. “Cuando se crea la Nicot, siempre hay una especie de topo que va a las reuniones e informaba a la Fábrica de lo que están comentando”, explica la técnica. La Nicot —nombre tomado en honor de Jean Nicot, que introdujo el tabaco en Francia con fines medicinales— era la asociación sindical de cigarreras y tabaqueras, creada en 1918. Uno de los informes señala sobre la asociación: “La directiva toda es esencialmente comunista, menos el presidente que nos parece persona de orden y sensata” y cita una serie de nombres, que corresponderían a “los más exaltados” e incluso sugieren que “se militarizaran el personal de obreros, obligándolos a llevarlos brazaletes o insignias”.

“La Fábrica controlaba todo. En las relaciones de personal se identificaba la conducta y su asistencia a cualquier convocatoria o huelga, si acudían o no”, explica Eloísa Baena, directora del Archivo Histórico de Comisiones Obreras de Andalucía y autora de Las cigarreras sevillanas, un mito en declive (1887-1923), donde documenta hasta qué punto llegaba ese control sobre las obreras y obreros. De una operaria de cigarrillos dice “no tenía malos antecedentes, pero su deseo de ir a Madrid le ha hecho exagerar al nota de indisciplina”; de otra, escriben “su marido, un anarquista, se halla en Barcelona. Ella tiene perturbadas su facultades mentales”.

En una de las cartas encontradas, se informa de los movimientos de dos empleadas hermanas, relatando su trayectoria laboral, sus viajes y sus salidas por la ciudad. Incluso, censura que el marido de una de ellas tuviera “libertad de entrar y salir de la Fábrica cuantas veces quería, sin ser registrado, privilegio que nunca se había concedido al personal obrero”. Otro escrito solicita la reincorporación de una trabajadora, que había sido detenida y despedida después “de cerca de 50 años de servicio” por pertenecer como vocal a la sociedad de las cigarreras. La cuantiosa documentación refiere también una “relación de operarios que según confidencias estaban identificados con el Frente Popular”, de los que se detalla su nombre, domicilio y ocupación, firmada por el entonces gobernador civil Pedro Parias, exmilitar compañero de promoción del sanguinario Queipo de Llano.

El director del Archivo recuerda la importancia de la Fábrica de Tabacos, más allá del mito de Carmen por el que ha pasado a la posteridad. “La Tabacalera era peculiar porque fue un colectivo pionero en las reivindicaciones laborales, pero además en el tema del trabajo femenino. Era algo único que hubiera un colectivo femenino que se asocie, que reivindique, que tenga una cierta autonomía económica”. En ese momento histórico, pertenecía a la Compañía Arrendataria de Tabacos (1887-1945), una filial del Estado, que dependía del Director General del Timbre. Posteriormente, dio paso a Tabacalera. “Es una pena porque tenemos una joya, por aquí pasaron Velázquez, Hernán Cortés —conservan su testamento, localizado en 2009—, Murillo, Magallanes, Juan de Mesa… y resulta que la ciudad todavía no lo conoce”, lamenta Vázquez.

El Archivo Provincial de Sevilla está a escasos metros de donde estuvo ubicada la que fue la primera fábrica de tabacos del mundo, que posteriormente se trasladó a su sede más emblemática, en la calle San Fernando, actual Rectorado de la Universidad de Sevilla. Posee en total 15 depósitos, de los que diez kilómetros lineales de estanterías están llenos y les queda libre en torno a un kilómetro. “Nuestra obligación es conservar todas las fuentes para las futuras generaciones. Tenemos una responsabilidad no solo con el presente, sino con el futuro”, concluye.

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