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El campo de Murcia busca atraer turistas con las flores de sus cultivos

Una ruta recorre los municipios de Mula, Cieza, el Valle de Ricote y Moratalla, cuyas floraciones se prolongan desde principios de febrero hasta finales de julio

Un agricultor aclara las flores de un melocotonero en Cieza (Murcia), en una imagen de archivo.Marcial Guillén ((EPA) EFE)

Almendros, frutales de hueso, cítricos o plantas aromáticas son algunos de los principales cultivos agrícolas de los municipios del interior de la Región de Murcia. En una comunidad autónoma en la que el peso del sector agroalimentario supone una quinta parte de su PIB y en la que la se genera el 11 por ciento del total de la producción agrícola de todo el país, las zonas rurales, las más despobladas, han apostado en los últimos años por sacarle todo el partido a la agricultura cultivando también su potencial turístico y haciendo de las diferentes floraciones un gancho para dar a conocer el patrimonio, la cultura o la gastronomía, más allá de la oferta tradicional de sol y playa.

La Región de Murcia florece cuatro veces en un mismo año, y cada una de ellas ofrece una experiencia visual y emocional distinta”, señala a EL PAÍS la consejera de Cultura y Turismo, Carmen María Conesa, cuyo departamento ha hecho este año una fuerte apuesta por promocionar estas cuatro floraciones, que se suceden en los municipios de Mula, Cieza, el Valle de Ricote y Moratalla, a través de una ruta que han denominado All you need is flow(ers), con un “pasaporte floral”, una especie de cuaderno de viaje, que los visitantes pueden sellar en cada una de esas localidades.

La idea de arropar de manera conjunta las cuatro floraciones para potenciar el turismo de interior ―que en 2025 creció un 33 por ciento en Murcia con respecto al año anterior, según los datos que maneja la Consejería― es nueva, pero la de buscar el tirón turístico de la agricultura no lo es. En Cieza, con unas 13.000 hectáreas de terrenos dedicados al cultivo de frutas de hueso como melocotones, nectarinas, ciruelas o albaricoques, llevan más de una década aprovechando el campo como producto turístico. Un atractivo que descubrió a mediados de los años 90 el profesor de Artes Plásticas y fotógrafo Fernando Galindo al ver las fotos que le había hecho a su hija paseando por el campo. “Yo no inventé nada, simplemente me di cuenta de lo que teníamos, y que nadie veía. Un paisaje espectacular por su policromía, con las flores blancas, rosas y fucsias, el verde y el marrón de la tierra”, explica a EL PAÍS.

Con sus fotos (ahora, a sus 80 años, tiene más de 200.000 solo dedicadas a la floración), luchó “contra viento y marea” para convencer a las administraciones locales de que había que promocionar ese patrimonio natural. “Al principio no me hicieron caso, pero hoy me dan la razón”, señala. No en vano, el año pasado visitaron Cieza solo durante el periodo de la floración unas 60.000 personas, casi el doble de su población, de 35.500 habitantes, subraya la concejala de Turismo del municipio, María Turpín. Para que este gran volumen de visitantes sea compatible con un turismo sostenible, la localidad organiza desde hace una década actividades escalonadas, como rutas senderistas y gastronómicas, talleres o actividades familiares desde mediados de febrero hasta finales de marzo.

A la vista de las buenas cifras turísticas cosechadas en el municipio a través de su agricultura, la vecina localidad de Mula, con unos 18.000 habitantes, decidió también hace cuatro años formalizar su apuesta por este tipo de turismo de naturaleza aprovechando que es el municipio con mayor superficie de toda España dedicada al cultivo del almendro, con unas 21.000 hectáreas. Desde su Ayuntamiento presumen también de tener la primera floración de Europa, la más temprana, ya que arranca a principios del mes de febrero, cuando sus campos se tiñen de blanco y rosado. Desde 2023 organizan a lo largo de todo el mes su feria MulaFlor, que el año pasado atrajo a unos 50.000 visitantes en total, según las estimaciones municipales.

Muchos de los agricultores de la zona han aprovechado este tirón para diversificar sus negocios, como es el caso de Cristóbal Fernández, que complementa su explotación de almendra ecológica con una casa rural que, en estas fechas, asegura, siempre está llena. “En general los agricultores vemos bien a los turistas. Es un complemento a la renta agrícola, y a todos nos gusta también que se conozca y se reconozca nuestro trabajo”, argumenta.

En Moratalla (7.500 habitantes), las casas rurales ya llevaban años funcionando como un complemento económico a la agricultura que sustenta la vida de la zona, pero no fue hasta 2024 cuando se apostó por darle mayor entidad al turismo de naturaleza poniendo en valor la floración de los cultivos de plantas aromáticas de la zona, especialmente la lavanda, con actividades en torno al festival cultural y musical Lalavand, explica Piedad López, responsable de la oficina municipal de turismo, por la que en 2025 pasaron unas 4.000 personas. Esta floración que tiñe de morado los casi 1.000 kilómetros de extensión que tiene el municipio ocurre en julio, pero las actividades del festival se prolongan hasta noviembre porque el objetivo, indica Cristina Sobrado, de la asociación naturalista Descubriendo Moratalla, es que este tipo de turismo no sea masivo, sino escalonado en el tiempo y el espacio para hacerlo sostenible y para que sirva para conservar los paisajes y la biodiversidad y fijar la población. Este último objetivo, asegura, se está cumpliendo de forma palpable: se han vendido y rehabilitado viviendas que estaban en desuso, se ha frenado el cierre de negocios y se han abierto algunos nuevos y se ha recuperado patrimonio.

Son los objetivos que buscan también los cuatro municipios del Valle de Ricote, los más pequeños de la Región de Murcia: Ojós (500 habitantes), Ulea (900), Ricote (1.200) y Villanueva del Río Segura (4.100) participarán por primera vez esta primavera, en los meses de abril y mayo, en esta ruta de las floraciones, en su caso con sus cultivos de cítricos, principalmente, limoneros. De manera conjunta, estas localidades van a organizar talleres de cocina, de elaboración de esencias y jabones, rutas guiadas y actividades culturales, pero la iniciativa ha sido también una palanca para recuperar inmuebles históricos y patrimonio artístico, que están ya en restauración en cada una de estas localidades.

Para la consejera Conesa, que la Región de Murcia pueda contar con cuatro floraciones entre las que el turista puede elegir, o que puede complementar, hace a estos municipios “competitivamente más fuertes”. Además, el empuje de las floraciones más conocidas ayuda a que las demás “sumen público y desarrollen su potencial”, respetando las particularidades de cada una de ellas. Y potencia un tipo de turismo que complementa al más popular en la comunidad autónoma, el de sol y playa, porque, asegura, la Región de Murcia “también es gastronomía, cultura, naturaleza y patrimonio”.

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