Tras los pasos del ‘hombre del maletín’ del 23-F, el capitán fugado al extranjero tras el golpe: “Días antes había sacado todo el dinero”
El servicio de inteligencia investigó si Sánchez-Valiente, con quien se contactó en Roma cuatro meses después de la asonada, huyó con documentación sensible


A las pocas semanas del 23-F, a Gil Sánchez-Valiente Portillo, capitán de la Guardia Civil, ya se le conocía como El hombre del maletín. Tras acudir el día del intento de golpe de Estado al Congreso y verse con Antonio Tejero en el interior del edificio, se esfumó el 24 de febrero y logró huir al extranjero. Su figura se convirtió entonces en un enigma al publicarse que se había fugado con documentación sobre la asonada —ya que uno de los golpistas aseguró que lo vio salir del Parlamento con “algo en la mano de pequeño volumen”— y en uno de los objetivos de los servicios de inteligencia. Entre el material desclasificado este miércoles por el Gobierno, se encuentran dos informes de espionaje sobre los pasos que dio en las jornadas clave.
Ambos documentos estaban custodiados hasta ahora por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), órgano sucesor del Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid), el vigente en 1981. En uno de ellos, fechado el 30 de junio de aquel año, se recogen “comentarios efectuados” por Sánchez-Valiente el 9 de junio en Roma. A lo largo de tres páginas, el autor de la nota describe que el capitán admitía que sabía que se iba a dar el golpe de Estado desde “días antes”; que no se sumó desde el primero momento al 23-F porque “llegó tarde” a la unidad con la que debía acudir; y que, tras entrar al Congreso, “se puso a las órdenes” del teniente coronel Antonio Tejero. También se describe el recorrido que hizo, según decía, para salir de España.
“El capitán Sánchez-Valiente, según sus declaraciones, siempre pensó que el golpe no tendría éxito, ya que no confiaba en el Rey”, arranca este documento. El informe apunta que, tras fracasar el levantamiento militar, el guardia civil interpretaba que el general Alfonso Armada había hecho creer a los participantes que contaban con el respaldo del rey Juan Carlos I. Según aseguraba, a él le habían informado de la asonada “días antes” debido a su “amistad” con Tejero: “Con el que hablaba muchas veces de la necesidad de una acción de este tipo, ya que la situación en España era insoportable”.
El documento relata que “su misión” el 23-F consistía en “presentarse en el Congreso con 250 guardias civiles pertenecientes a una unidad especial de El Escorial, pero llegó tarde a esa unidad”. Por ello, tras acudir al Parlamento y “sentirse moralmente incómodo”, entró al edificio y se “puso a las órdenes” de Tejero. “Aseguró que no habría participado en la operación [militar] de no ser por los nombres que conocía de los participantes. Mencionó al capitán general [Jaime] Milans del Bosch y al general Armada, así como la supuesta aprobación del Rey”, reza la nota de los servicios de inteligencia.
La huida
El informe de inteligencia cuenta que, según afirmaba Sánchez-Vicente en Roma, como estaba “convencido de que el golpe no tendría éxito”, “días antes había sacado todo el dinero que tenía ingresado en el banco y unos billetes de avión para Barcelona”. Según otro documento desclasificado este miércoles y elaborado por la Guardia Civil, se le vio por última en la mañana del 24 de febrero en las “inmediaciones” del Congreso. Desde Madrid, según la versión recogida en el material publicado, “se trasladó a Barcelona, donde permaneció oculto en casa de un amigo durante un mes aproximadamente”.
Según estos informes, Sánchez-Vicente añadía que, al pedir ayuda a un compañero, había sido delatado, y tuvo que “refugiarse en Andorra”. “Posteriormente, siempre según su relato, se trasladó a Alemania, donde vivió estupendamente. Pero sintió cerrarse el cerco sobre él y decidió trasladarse a Argentina [...] A continuación se trasladó a México, y de allí a Italia, lugar donde ha efectuado los presentes comentarios”, explica la nota custodiada por el CNI.

El documento añade que el capitán ya incidía en junio de 1981 en que no eran “ciertos” los “comentarios de prensa sobre el transporte a Londres de una maleta de documentación referente al fallido golpe de Estado”: “Dice que es una invención y que, además, él no ha estado todavía en Inglaterra”. En 2018, localizado por La Sexta, insistía en que no salió del Congreso tras el 23-F “con ningún documento” y que dejó España tras la asonada porque “le dio la gana”: “Me sentí impulsado a hacerlo”.
En un segundo informe de los servicios de inteligencia, fechado el 2 de junio de 1981, se apunta que Sánchez-Vicente se movía con “pasaporte de nacionalidad argentina que, según la fuente, le fue facilitado por su hermano en Roma”. En el otro documento del 30 de junio se añade que el capitán destacaba que “estaba bastante fastidiado” en el “aspecto económico”; aunque “disponía del dinero que tenía ahorrado en el banco, del obtenido por la venta de un piso en Madrid y de una herencia que había recibido su mujer”. “Su mujer y su hija se encuentran en Londres, en casa de los padres de su mujer. Dice no desear ir a Inglaterra porque piensa que allí sería fácilmente controlado y no podría soportar las continuas recriminaciones de los familiares y amigos de su mujer”, remacha la nota.
En 1987, Sánchez-Vicente regresó a España desde Estados Unidos. Ingresó en prisión preventiva, acusado de abandonar en 1981 su destino como guardia civil (por lo que fue condenado a dos años de cárcel, según EL PAÍS). Nunca se probó su implicación en la intentona golpista, ni fue sentenciado por ello.
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