Las mujeres del PP optan por el silencio ante las denuncias de acoso contra el alcalde de Móstoles
La reacción contrasta con la indignación pública de las socialistas cuando se reveló que el partido había desatendido a las víctimas de Salazar

“Todas hemos aguantado muchas cosas en política”, contestó Ana Millán, miembro de la ejecutiva del PP madrileño a la concejala de Móstoles que denunció en el seno del partido al alcalde de la localidad madrileña, Manuel Bautista, según consta en la documentación presentada ante el Comité de Derechos y Garantías de la formación. Pero la mayoría de políticas del PP consultadas por este periódico no han querido pronunciarse sobre el caso del regidor o sobre si habían sufrido algo similar por parte de algún compañero. Y las pocas que han querido manifestarse en público sobre el asunto han cerrado filas con el argumentario oficial, esto es, que la denuncia de la concejal de Móstoles se investigó, que no se hallaron pruebas y que el caso es una cortina de humo para tapar los escándalos que afectan al PSOE, y en concreto, la comparecencia de Francisco Salazar, denunciado por acoso, en la comisión de investigación del caso Koldo en el Senado.
La diputada madrileña Esther Platero, responsable de la comisión de Mujer de la Asamblea de Madrid, tampoco desafió a su jefa, Isabel Díaz Ayuso, quien asegura que este es un “caso fabricado”, y acusó a la oposición de “insultar a dos mujeres [Ayuso y Ana Millán, quien desaconsejó a la concejala de Móstoles que denunciara] para tapar sus miserias”. El día que EL PAÍS reveló la denuncia de acoso contra el alcalde de Móstoles, la senadora popular Isabel Moreno tuiteó un vídeo de la comparecencia de Salazar en el Senado: “Son [en alusión al PSOE] los del “calladita estás más guapa”. “A Salazar (el amigo de Sánchez y Pilar Alegría) lo encubrieron y el propio Salazar reconoce que nadie le pidió su dimisión. Feminismo socialista: lecciones vendo que para mí no tengo. Degradación y cinismo en estado puro”. La vicesecretaria de Sanidad y Política Social del PP, Carmen Fúnez, escribió en sus redes sociales: “En Moncloa el único escudo que funciona es el escudo a acosadores. Salazar reconoce que, tras conocerse las denuncias de mujeres, en el PSOE nadie le pidió la dimisión”. Ni una palabra sobre Móstoles. Silvia Franco, portavoz adjunta en la comisión de violencia de género en el Congreso, tuiteó, refiriéndose al caso de Bautista que afecta directamente a su partido: “La izquierda quería tapar la comparecencia del protegido de Sánchez en el Senado”.
“Yo al alcalde lo conozco y es un tío muy normal”
Una dirigente del partido asegura a este periódico que no se cree las acusaciones contra el regidor “porque es muy normal” y sospecha de la coincidencia de la denuncia con la campaña electoral aragonesa. Una presidenta autonómica del PP apunta: “Como sea verdad, es vomitivo, pero hay que ver si es verdad, soy escéptica. Mezclarlo todo con las elecciones le hace flaco favor a ella y también utilizarlo como arma arrojadiza política”. Otra dirigente municipal de la formación se pronuncia en la misma línea: “Es muy casual, en unas elecciones… Yo al alcalde lo conozco y es un tío muy normal, muy tranquilo. Nunca hay que poner la mano en el fuego por nadie, pero no me cuadra”.
Esa reacción contrasta con la indignación pública que mostraron numerosas dirigentes socialistas al enterarse de la mala gestión que su partido había hecho de las denuncias contra Salazar. El asesor del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, renunció en julio de 2025 al cargo de secretario de Análisis y Acción Electoral del PSOE para el que iba a ser designado en el Comité Federal, así como a su cargo en La Moncloa, al revelar elDiario.es acusaciones de acoso contra él. Pero el partido, según se supo después, no se puso en contacto con las denunciantes durante cinco meses. Responsables de Igualdad de federaciones socialistas mostraron su indignación en público, exigieron entonces explicaciones e incluso reclamaron que se llevara al asunto a la fiscalía. Sánchez terminó pidiendo perdón públicamente. También tuvo que hacerlo la actual candidata a la presidencia de Aragón, la exministra Pilar Alegría, cuando se descubrió que había comido con Salazar después de conocerse esas denuncias por acoso, algo que reconoció posteriormente como “un error”.
La reacción del PP a la desatendida denuncia por acoso revelada por este periódico da muestra de la incomodidad que el partido arrastra con los asuntos relacionados con el feminismo —especialmente ahora que su rival por la derecha, Vox, ha convertido la lucha contra lo que llama ideología de género en una de sus banderas— y que, por ejemplo, se han manifestado, durante años en las dudas para acudir a la manifestación del 8-M.
El Código Ético del PP, “de obligado cumplimiento para todos los empleados y cargos directivos y orgánicos del partido”, sin embargo, y como exige la ley, establece que el partido “no tolerará ningún tipo de violencia, acoso, abuso o cualquier otra conducta tendente a lesionar los derechos” de sus miembros o de terceros y que “promoverá medidas para prevenir esas conductas y garantizar en todo momento un ambiente de respeto e igualdad”. Ese mismo código prohíbe expresamente “actos de acoso moral o sexual” y existe un canal interno para denuncias —de estas y otras conductas— que en el caso de la concejal de Móstoles no evitaron que finalmente, decidiera abandonar la política ante el rechazo del PP a sus demandas de amparo por el trato recibido por parte del alcalde de la localidad, compañero de partido.
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