Ir al contenido
_
_
_
_

Así fue el accidente minuto a minuto desde el vagón 5 del Alvia: “Cuando la Guardia Civil y los del tren Iryo nos vieron no daban crédito”

Lola Beltrán explica por qué los servicios de emergencia tardaron en llegar: los agentes sobre el terreno no supieron que había un segundo tren siniestrado hasta que ella y otros viajeros llegaron a pie al Iryo

Lola Beltrán llega a la estación de Atocha con sus dos amigas. Las tres han salido hace unas horas de la oposición a funcionarios de prisiones. Son las seis de la tarde del domingo. El tren Alvia, con destino a Huelva, su casa, se pone en marcha. Es el último del día. Los onubenses que siempre viajan a Madrid terminan sus planes a esa hora. Lola decide cambiarse de asiento. Iba en el vagón tres, pero se coloca en el cinco, muy cerca de su amiga Rocío Flores, de 31 años. Elena Fragio, de 29, la otra compañera, decide quedarse en el suyo, el uno. No hay más razón que las butacas: son más grandes y para un trayecto de casi cinco horas cree que estará más cómoda. Las tres tienen un grupo de WhatsApp que se llama “Futuras funcionarias”. Rocío escribe a las 18.35:

—Yo me voy a quedar dormida. Estoy muerta. Uff.

Dos minutos después, Elena responde.

–Yo igual.

Lola, mientras tanto, habla con el compañero de al lado, un joven de Huelva que también se había presentado a las oposiciones. Le cuenta que ha sido un año muy duro para ella, que ha perdido a su madre hace unos meses de un infarto y que en Navidad se había separado. De pronto, el tren frena en seco. Muy fuerte. El vagón se para. Lola sale despedida hacia delante. Acaba tumbada en el suelo. Dice que fueron dos segundos. Quizá tres, pero no más. “Esto ha sido un frenazo”, pensó. La luz se apaga en el vagón. Por las ventanas todo es oscuro. Se escuchan gritos. Oye preguntas en voz alta de viajeros. “¿Qué pasa?”. “¿Qué pasa?”. “Pero, ¿qué pasa?”. Los pasajeros del vagón que tienen el móvil en la mano encienden la linterna. Observan que hay algunos asientos descolocados. Otros desplazados.

Lola camina hasta el principio del vagón, donde estaba su amiga Rocío. Rocío está en el suelo, llorando. “¡No puedo levantarme!, ¡no puedo levantarme!”. Lola le dice que puede, que se levante. Rocío se levanta. Las dos ven cómo varios pasajeros agarran el martillo rojo de emergencias y comienzan a romper las ventanas. Lola, mientras tanto, busca su teléfono móvil en el bolso y llama a su padre, José, que está en casa. Son las 19.48. No responde. Salta el buzón. Llama a su hermano, José María.

–¡Dime!

—El tren ha descarrilado, estoy bien. Llama a papá.

–¿Cómo?, ¿estás bien?

—Llama a papá.

Aquí entra en escena otro pasajero, un hombre, también de nombre José María, no muy alto, de unos 50 años y con un pañuelo en el cuello. Le dice: “Vamos a llamar al 112”. No lo cogen. A la segunda, sí. Son las 19.51. Es José María quien marca con el móvil de Lola. “Estamos en un tren, que va de Madrid a Huelva y ha habido un accidente”. La conversación dura cinco minutos.

A las 19.54 el hermano de Lola vuelve a llamarla. Ella no se da cuenta. Él le manda un whatsapp: “Dime si hay que ir. Mándame ubicación”. En este momento aparece la interventora por el pasillo del vagón con sangre por la cara. Lola le pregunta.

–¿Dónde estamos?

—Estamos en Adamuz.

Rocío le dice a la interventora que ha recibido un golpe muy fuerte en la cabeza. Ella le responde que lo mismo y sigue hacia delante por el pasillo. Los pasajeros de este vagón comienzan a hacer un grupo. Un hombre dice que no se puede mover. Una chica coloca su pierna en alto. Debaten qué hacer. Otros siguen rompiendo ventanas. Algunos dicen que paren, porque empieza a hacer mucho frío.

La mayoría se dirigen hacia la puerta. Hay gente que pregunta por su maleta. Del vagón salen unos 10 pasajeros. Fuera hace frío. La valla de metal que separa las vías también está rota. Todos se colocan en un pequeño montículo. A lo lejos ven una luz azul. No lo saben, pero es el tren Iryo procedente de Málaga que acaba de descarrilar. Lola vuelve hacia el tren. Decide ir a buscar a su amiga Elena, que iba en el coche número uno. Entra en el vagón cuatro. Observa que hay muchos heridos. No logra avanzar y vuelve al exterior, con Rocío. Ahí ve a José María, el pasajero que llamó al 112 con su móvil, que avanza hacia la luz azul. José María habló el martes por la noche en Cuatro. Ahí contó que se encontró con dos guardias civiles. “Uno me vio y me dijo que de dónde venía yo”. Le dijo que venía del otro tren. “¿Cómo que del otro tren?”. El guardia civil, dijo, se quedó en blanco.

Minutos después, uno de estos guardias civiles aparece donde se encontraba Lola y Rocío, junto al resto. Los dos guardias civiles han confirmado también estos hechos este jueves en El Programa de la 1, de TVE. “Íbamos con la idea de que solo había un tren y estando allí vemos a un grupo de 10 o 12 personas que venían de una zona oscura. Un señor me dijo que venía de otro tren. Automáticamente, nos dirigimos a la zona donde nos había dicho este señor y ahí nos dimos cuenta de la magnitud del siniestro. Empezamos a ver muchas víctimas. Pedí ayuda a mi compañero Ángel de manera desesperada”.

Lola escucha cómo este guardia civil solicita bomberos, sanitarios. Todos los servicios de emergencia. Cuando llegan, les dicen que todo el que pueda moverse, que se mueva, y que camine hacia la luz azul. El grupo camina cerca de las vías. Se cruzan con bomberos. Le preguntan:

-¿Cómo vais chicas?

-Bien, bien.

-No miréis a la izquierda. Cuidado con los cables.

Lola llega al punto del accidente del tren Iryo. Hace una foto con el móvil al descarrilamiento. Se ve cómo el último vagón, el ocho, está volcado y tiene en el cristal un serpenteo de golpes. Ahí observa a sanitarios con camillas con pasajeros a cuestas. Operativos de la Cruz Roja. Más sanitarios. Más bomberos. El grupo del Alvia se cruza por primera vez con los pasajeros del Iryo, que no saben nada.

Un pasajero de este tren le dice a Lola:

–Igual ponen un autobús para Madrid.

—Si nosotros vamos a Huelva.

— Pero si el tren iba a Madrid.

—Nuestro tren salía de Madrid a Huelva

—¿Qué tren?

Lola cree que el pasajero pensó: “Esta niña no está buena”. Y se hizo el silencio. Alrededor de un grupo de 20 o 30 pasajeros de ambos trenes permanecen en silencio durante un rato. Nadie habla. Lola recibe una llamada de su jefa, que se ha enterado del accidente. Son las 21.50.

—¿Estás bien?

—No sé qué voy a hacer mañana

—Tranquila. Llámame y me cuentas qué te han hecho.

Su jefa también es enfermera. Comienza a recibir tropecientos mensajes de WhatsApp. A las 23.05 una preparadora del examen de la oposición también le escribe. Ella le responde.

—Silvia, no sabemos nada de Elena. No la encontré. Fui a buscarla, pero era una locura y no la vi.

—Normal, Lola. Tranquila, ahora todo es un caos. ¿Estáis heridas?, ¿en qué vagón iba Elena?

—En el 1. Estamos magulladas.

—Vale, yo intento informarme.

Lola y Rocío se suben al autobús. Llegan al hospital de campaña de Adamuz. Un sanitario le pregunta:

–¿Cómo estás?

—Tengo mucho frío. Me duelen mucho las muñecas y las rodillas. He vomitado mucho.

El sanitario le hace un chequeo neurológico. Le pide que mire y siga su dedo índice. Arriba. Abajo. Derecha. Izquierda. “Vas a estar una hora aquí y luego te vas”. Y llega el hermano de Lola. Cuatro días después, en su casa de Huelva, todavía sigue con vómitos. Le han dicho que son las cervicales. Mientras tanto, el grupo de WhatsApp “Futuras funcionarias” sigue intacto. Escriben cada dos por tres. Elena, ingresada todavía en el hospital de Córdoba, ya hace videollamadas.

06:27
La reconstrucción del accidente
Lola, superviviente del accidente del Alvia, su padre Jose, y su perro Wilson, este jueves en Huelva.Foto: Santi Donaire | Vídeo: B. H. G-M.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_