Identificar algunos cadáveres es un proceso complejo: “Un error sería devastador”
Las huellas dactilares han sido suficientes para documentar el total de los cuerpos del accidente de Adamuz aunque se recogieron otras muestras

Este miércoles por la tarde han sido identificados 42 de los 43 cadáveres de los pasajeros encontrados hasta el momento en los dos trenes implicados en el accidente de Adamuz (Córdoba) del domingo. La espera ha sido un calvario porque hasta el martes a media tarde las familias de una cuarta parte de los fallecidos seguían sin certezas. Más de 65 personas deambulaban y esperaban con mantas por las diferentes salas y pasillos de un recinto de Córdoba diseñado para actividades culturales de barrio que se había convertido de repente en un particular campo de refugiados para quienes buscaban a sus desaparecidos. Mientras se completaba el pleno reconocimiento, una pregunta en tono de súplica se repetía entre quienes buscaban a los suyos: “¿Por qué es todo tan lento?“.
En una catástrofe de esta clase, explican fuentes del Colegio de Criminología de Madrid, la demora no se debe a una falta de voluntad o de medios, sino “a un protocolo de certeza absoluta, que busca evitar un error que sería devastador para las familias: entregar el cuerpo equivocado”. Todos los equipos forenses y técnicos de la Guardia Civil, de las comandancias de Huelva, Sevilla, Córdoba, Málaga y Madrid, del laboratorio de criminalística del cuerpo armado en la capital, así como del Instituto de Medicina Legal de Córdoba y el Centro de Integración de Datos creado específicamente el lunes para esta tarea, han emprendido una carrera a contra reloj para dar respuesta a las familias.
Por un lado, los familiares en primer grado de los desaparecidos estaban llamados a proporcionar sus muestras de ADN en diferentes puntos de Andalucía y también en Madrid, cercanos a los lugares de origen de las víctimas. Y, por otro, los equipos técnicos desplazados en el terreno, se encargaban de recabar toda la información genética que podían recopilar en el lugar de la tragedia. De esta manera comenzaba un peregrinaje de las familias por cada comandancia en Huelva, Sevilla, Córdoba, Málaga y Madrid. Unos helicópteros de la Guardia Civil trasladaban las muestras a Córdoba, y de ahí viajaban a Madrid en avión para su análisis en el laboratorio de criminalística. Después, los familiares ya solo podían esperar una notificación oficial.
Según explican en el Colegio de Criminología, el protocolo sigue un proceso científico especial para la identificación de víctimas de catástrofes, que implica un trabajo en dos direcciones: por un lado, lo que llaman el “cruce de datos”, es decir, lo que los forenses encuentran en el lugar (huellas, ADN, registros dentales, tatuajes, prótesis) con lo que aportan los familiares, que pueden ser cepillos de dientes para ADN, radiografías dentales o descripción de cicatrices. “Si un dato no encaja perfectamente, no se puede autorizar la entrega del cuerpo por seguridad jurídica”, insisten.
El forense y psicólogo sanitario José Antonio Galiani, director de una clínica en Sevilla, insiste en que “este protocolo es estricto, secuencial y garantista, y no se improvisa. Puede adaptarse a las particularidades del caso (como el estado de los cuerpos o la dispersión de restos), pero no se relaja ni se acorta”.
Los expertos coinciden en que, dependiendo del estado de los cuerpos, se usan tres vías principales, cada una con su ritmo: las huellas dactilares es la más rápida, pero no siempre se puede, pues solo funciona si la piel está preservada y es necesario que la persona tuviera sus huellas registradas en las bases de datos oficiales; el análisis de piezas dentales “requiere que la familia localice al dentista de la víctima y consiga sus fichas o radiografías antiguas”, cuentan desde el Colegio de Criminología. El método más lento son las pruebas de ADN: “Extraer el perfil genético de restos que han sufrido daños (fuego, agua o traumatismos) es complejo. Además, hay que compararlo con muestras de saliva de familiares directos, y el procesado en laboratorio lleva varios días de trabajo técnico ininterrumpido”, explican.
La última información oficial sobre la identificación de los cadáveres menciona que “todas las víctimas, identificadas por el Servicio de Criminalística de la Guardia Civil, lo han sido a través de las huellas dactilares”, de manera que se ha utilizado la vía más rápida posible dentro del protocolo previsto. Explican que las muestras de ADN recabadas de los familiares “no han sido necesarias”, pero se activó todo el protocolo —la apertura de oficinas y traslados en helicópteros y avión— de manera preventiva por si hubiera habido algún problema con las huellas.
Desde el Centro de Integración de Datos, instalado desde el momento del accidente en la Ciudad de la Justicia de Córdoba, explican que además de cruzar las muestras genéticas —que se han centralizado en el laboratorio de la Guardia Civil en Madrid—, ha sido necesario juntar toda la información de los cuerpos encontrados, a veces fragmentos de ellos.
A la complejidad del proceso se le ha agregado la dificultad de acceder a algunos cadáveres, dado el estado de los vagones, especialmente los del Alvia que viajaba en dirección a Huelva, que cayeron por un terraplén de cuatro metros en mitad de la noche. “Los forenses no pueden entrar hasta que los bomberos o equipos de rescate aseguran que la estructura es estable o que no hay riesgo de explosión o químicos, lo que retrasa el inicio del levantamiento”, explican desde el Colegio de Criminología, que añaden: “Es un proceso de una crudeza administrativa necesaria para dar paz definitiva a las familias”.
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