Ábalos, del despacho en el Congreso a una celda de 10 metros cuadrados
El exministro Ábalos y su exasesor Koldo García estarán sometidos a numerosas limitaciones durante su estancia en prisión


El pasado viernes, el exministro socialista José Luis Ábalos se despertó por primera vez en el Centro Penitenciario Madrid V, en la localidad de Soto del Real. En concreto, en la celda número 12 de la segunda planta del llamado módulo de ingresos, donde pernoctan los reclusos recién llegados y los internos que vuelven de un permiso. Con él había dormido quien fuera su asesor mientras ocupó la cartera de Transportes, Koldo García. Ambos pudieron ver la sierra de Madrid a través de la ventana con barrotes. Ábalos y García llevaban entonces poco más de 12 horas encarcelados. Habían llegado al recinto penitenciario a las 18.09 del día anterior, después de que el magistrado del Tribunal Supremo Leopoldo Torres ordenara su ingreso en prisión provisional al considerar que, tras presentar la Fiscalía Anticorrupción su escrito de acusación en el que pide 24 años de pena para el político y 19 años y seis meses para su exayudante, el riesgo de que se fugaran era “extremo”.
El exministro cambió aquel día su despacho de diputado en el Congreso por una celda de 10 metros cuadrados compartida por ahora con su exasesor. No ha sido el único terremoto que sufrirá su vida mientras permanezcan encarcelados. De tener un horario libre solo condicionado por los plenos y las votaciones en la Cámara baja a tener que seguir uno estricto desde la mañana a la noche un día tras otro. De elegir cuándo, cómo y qué desayuna, come y cena a tener que hacerlo en el comedor del centro penitenciario y con menús para las tres comidas cuyo coste al erario no llega a los cuatro euros. De poder ver a familiares y amigos cuando quiera a tener limitados los días y el tiempo de estar con ellos. También el número de llamadas y el dinero que pueden usar dentro —el llamado peculio, con un límite de gasto semanal de 100 euros— que, además, no puede ser en efectivo sino en una tarjeta de uso interno. Un cambio radical de vida que Ábalos está llevando “un poco peor” que su exasesor, según fuentes de la defensa de ambos.
El primer cambio es el horario, rígido en muchos aspectos para “para hacer posible la convivencia”, como se justifica en documentos internos de Prisiones. El Reglamento Penitenciario no fija uno concreto ―cada centro marca el suyo propio, aunque suelen coincidir en la mayoría―, pero sí sigue unas pautas generales: “Se garantizarán ocho horas de descanso nocturno, un mínimo de dos horas para que el interno pueda dedicarlas a asuntos propios y tiempo suficiente para atender a las actividades culturales y terapéuticas y a los contactos con el mundo exterior”. Así, Ábalos y Cerdán deben despertarse sobre las 8.00 para el recuento y el aseo personal, para bajar a desayunar a las 9.00. Una vez terminado este, tienen tiempo para diferentes actividades hasta las 13.15, la hora de la comida, tras la que pueden subir a la celda a descansar hasta las 17.00 o participar en un taller, un curso, ir a la biblioteca o a la sala de estar. A las 19.30 es el momento de cenar, tras lo que toca volver a la celda. Tras un nuevo recuento, se cierran las puertas y, aunque pueden ver la televisión u oír la radio, a las 23.00 toca silencio.
Para ayudarles a hacerse a la nueva rutina, ambos reclusos recibieron al llegar un folleto titulado La prisión, paso a paso, elaborado por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Son 36 páginas con “información útil y básica” para que los nuevos internos conozcan “sus derechos y deberes” y “otros aspectos del funcionamiento del sistema penitenciario que pueden resultarles útiles”, según se explica en la publicación. Ahí conocieron, por ejemplo, los primeros trámites a los que ambos fueron sometidos nada más llegar, como la toma de huellas dactilares y fotografías o la apertura de un expediente personal que recoge su “situación procesal y penitenciaria” y en el que ya se les asigna un número de identificación que les acompañará para siempre. Conocido como NIS y formado por 10 dígitos, sus primeras cuatro cifras son 2025, año del primer ingreso en prisión de ambos.
El documento les ha aclarado también cómo y cuántas veces pueden comunicarse con “sus familiares acreditados y amigos previamente autorizados” en los locutorios acristalados de centro. En concreto, son dos visitas de 20 minutos, “acumulables en una sola de 40 durante el fin de semana”. En estas comunicaciones pueden participar hasta cuatro personas “al mismo tiempo”. A Ábalos ya le han visitado su hijo y su actual pareja, Andrea de la Torre. No obstante, al ser preventivos y no poder disfrutar de permisos de salida, el exministro y su antiguo asesor tendrán derecho a “comunicaciones familiares” (con contacto físico) al menos una vez al mes con una duración de “entre una y tres horas”. También una vez cada 30 días podrán mantener “comunicaciones íntimas” con su pareja de la misma duración. Con sus abogados defensores ―los dos ya han sido visitados por los suyos― hay más flexibilidad. De hecho, desde 2024 rige una instrucción interna que permite que los encuentros sean sin barreras y los defensores puedan introducir ordenadores y tabletas, aunque su uso esté sometido a restricciones.
Instituciones Penitenciarias también explica en el folleto repartido al llegar que un preso puede hacer un máximo de 10 llamadas telefónicas semanales de cinco minutos de duración cada una. Esos sí, no a cualquier número. Deben haber presentado previamente una lista con una decena de números como máximo indicando el “nombre y apellidos del comunicante y parentesco o relación con el mismo” para que, posteriormente, la dirección de la prisión los autorice. El folleto aclara que estas llamadas no son gratis y deben ser “abonadas” por el recluso. En lo que no tienen límite es en el envío y recepción de cartas, tanto con personas en el exterior como con internos de otros centros. Sin embargo, sí lo hay con los paquetes. El centro admite que se reciban dos al mes durante los días de comunicaciones (nunca por correo o mensajería) que, por supuesto, no pueden contener productos considerados prohibidos, como teléfonos móviles.
En el apartado La vida en prisión, Instituciones Penitenciarias aclara al recluso recién llegado que “en el Centro le indicarán la celda del módulo en el que se alojara ―todo apunta a que Ábalos y Cerdán ocuparán una del módulo 13, destinado a los llamados presos primarios, aquellos que entran por primera vez en prisión, que además muestran perfiles poco conflictivos y no están acusados de delitos violentos― y que se “le facilitarán los productos necesarios para la limpieza, higiene y aseo, así como ropa de uso personal y de cama”. No obstante, también les señala que pueden tener su propia ropa.
Derechos y deberes
El folleto incluye un apartado de derechos y deberes de los reclusos. “La privación de libertad y el ingreso en un centro penitenciario no anulan ni suspenden la totalidad de sus derechos”, se destaca antes de enumerarlos. Así, recuerda que la Administración Penitenciaria tiene que velar por “su vida, su integridad y su salud”. En este sentido, fuentes penitenciarias señalan que en el caso de reclusos mediáticos como son el exministro y su antiguos asesor, se realiza sobre ellos “una observación especial” para evitar incidentes con ellos.
En el apartado de deberes, se les recuerda la obligación de “permanecer en el centro a disposición de la autoridad judicial si es preventivo” ―el caso de ambos―, cumplir las normas de régimen interior, “respetar a los propios compañeros” y “a los funcionarios”, “tener limpio y bien conservado” el recinto y “mantener una adecuada higiene personal”. También les recuerda que consumir alcohol o drogas, “maltratar de obra o de palabra a otros internos”, “despreciar a otras personas internadas por ser de otra raza, género o condición sexual” o desobedecer las órdenes de los funcionarios son conductas “contrarias a la norma y que pueden dar lugar a sanciones”. Entre estas últimas están limitar las comunicaciones orales con familiares o aislar en la celda hasta 14 días.
El folleto concluye con un apartado dedicado a las “prestaciones y servicios penitenciarios” en los que se explica la existencia del economato donde adquirir alimentos y otros productos, o cómo comprar en él a través de una tarjeta magnética individual que se recarga con los fondos aportados por familiares en la llamada cuenta de peculio, ya que está prohibido tener dinero en efectivo. El límite son 100 euros a la semana. La lavandería y la peluquería son gratuitas, así como la disponibilidad de “un servicio de salud” general, aunque el preso puede ser atendido por un médico particular siempre que el centro lo autorice y el recluso lo pague.
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