Gabriel Weston: “Los cirujanos somos egocéntricos. Hay que tener un alto concepto de uno mismo para cortar a alguien”
Estudió Filología Inglesa, pero saltó a la cirugía por la pasión con la que el padre de un amigo describía sus operaciones. Llevaba seis años operando cuando publicó las historias que había vivido. En la novela ‘Dirty Work’ escribió sobre el aborto como conflicto, mientras que para la BBC filmó historias de forenses y presentó la serie ‘Trust Me, I’m a Doctor’. Acaba de publicar ‘Con vida’ (editorial Salamandra), un retrato más humano que biológico del cuerpo, en el que escribe más como paciente que como cirujana.

Gabriel Weston (Londres, 55 años) vive en una casa del barrio londinense de Lambeth. Idéntica a las vecinas por fuera, por dentro es una explosión de color. En la buhardilla hay una cama junto a su mesa de trabajo. “Es empezar a escribir y entrarme sueño”, explica. Advierte de que sus gemelas de 12 años llegarán en cualquier momento. Está inquieta. El colegio, público, ha alertado de una posible reyerta entre bandas. “Una es muy curiosa y querrá quedarse a mirar”, dice. Habla con entusiasmo y sin pausa. Ofrece té.
¿La enseñanza de la medicina es retrógrada?
Desconecta la parte física de la emocional. Un buen médico precisa visión bifocal: observar el cuerpo desde su humanidad tanto como desde su biología.
¿Qué la llevó a hacerlo?
Creo que estudiar literatura. Siendo cirujana, sufrí el síndrome del impostor. Pensaba que proceder de un origen literario me deslegitimaba. Oculté ese lado. Sabía que, si mostraba cualquier emoción, mis maestros dirían que la cirugía no era para mí. Hoy, como madre de un hijo con un cavernoma cerebral, y como paciente con una cardiopatía, estoy viviendo otra verdad que altera mi discurso.
¿La enfermedad la ha hecho audaz?
Ha disuelto la frontera frente a mis pacientes. Cuando opero, debe existir. Pero puedo tranquilizar a alguien. Hay tanto que no podemos solucionar, que lo que sí conseguimos nos alienta.
Para ocuparse de los pacientes, ¿los médicos deben alejarse?
Viene de esa enseñanza que separa lo físico de lo emocional. Yo les digo: voy a cuidar de usted. Puede llorar, sudar, temer…, solo pido que no se mueva. Después lo mejor que puedo hacer es concentrarme. Entonces el cuidado emocional pasa a la enfermera. Lo aprendí siendo médica interna: hay un tiempo para la emoción y otro en el que las emociones van a ser un desastre.
Qué lección.
En mi vida ha habido áreas, como la cirugía, en las que me ha sido muy útil. En otras, no. Nuestras fortalezas suelen ser nuestras debilidades. Como madre, soy demasiado categórica: me encanta estar con mis hijos solo hasta un punto.
¿No nos pasa a todos?
Si lo dices, eres la mala madre. Toda la maternidad he vivido esta paradoja: cuando estoy con los niños, me gustaría que estuvieran en el colegio, y en cuanto se van, los echo de menos. [Como por arte de magia, llaman a la puerta las gemelas que Weston tuvo con 43 años]. Mi marido viene de una familia numerosa. Quería muchos hijos. Acepté tener uno más pensando que no llegaría por ser demasiado mayor. Llegaron dos.
¿Los médicos más humanos han estado enfermos?
No. Pero los que han estado enfermos se humanizan. Lo bueno es que hay espacio para diversos tipos de médico. Un autista puede ser un genio en el laboratorio.
¿Los médicos tienen mayor conciencia de su mortalidad?
Llegué a la medicina porque me preocupaba la muerte. No recuerdo ningún día de mi vida en que no haya pensado en ella. No con miedo, con conciencia de que todo puede acabar en un momento.
Memento mori.
Sí. Recuerda que eres mortal y no pospongas lo importante. Pero no es generalizable. Mi marido es angiólogo, está especializado en obstrucciones arteriales. Trabaja en el lado preventivo. Es lógico, optimista y prosaico. Tiene 69 años y no piensa nunca en la muerte.
¿Lo conoció en el hospital?
Claro. Hoy los jóvenes —mis hijos entre ellos— no saldrían con alguien 15 años mayor. Pero… poner límites al amor me parece una pérdida.
Descubrió su dolencia cardiaca cuando él la abrazaba.
¡Él no!, mi novio anterior. Estudiábamos Medicina. Escuchó mi latido y dijo: “Algo en tu corazón no funciona”. Hoy es cardiólogo. Recuerda el momento con entusiasmo, para mí supuso darme cuenta de que necesitaría cuidados toda la vida.
¿Cómo está?
Bien. El sistema público de salud [NHS] tiene tan pocos recursos que le prestan poca atención a mi problema. Con una prueba anual debo asumir que estoy bien. En algún momento me tendrán que operar…
Intentó adelantarlo.
Hace cinco años empeoró. Busqué un cirujano. Me escuchó pacientemente. Dijo que me operaría cuando lo necesitase. Mi exnovio, que hoy trabaja en Hawái, dice lo mismo: cada año que retrases la operación es un año ganado: la tecnología avanza vertiginosamente.
¿Menos medios pero mejores?
Es una decisión política. España tiene un buen sistema público de salud.
La duda es cuánto tiempo podrá conservarlo.
Aquí todo el mundo dice que para lo no importante la medicina privada es mejor, y para lo importante hay que ir a la pública. Pero… no todos defienden la pública. ¿Cómo se entiende eso? Es el negocio por encima de la salud o la humanidad.
“Pensé que ser médico me protegería”.
Con 30 años estaba tan feliz con mi bata blanca… Era joven y arrogante. Cuando me hablaron del cavernoma de mi hijo, una enfermera nos dio un casillero para nuestras cosas. En lugar de agradecerlo, la miré con distancia: “Ni hablar. No vamos a quedarnos aquí”.
¿Cómo está su hijo?
Bien. Debe hacerse resonancias magnéticas periódicas. Y… no se le da bien recordarlo. Como madre, he pasado de enfadarme y recordárselo yo a aceptar que con 28 años debe hacerse cargo de su cuerpo.
Llegó a la medicina tarde.
Soy de letras. Pero… estudiando en Edimburgo, el padre cirujano de un amigo, que como todos los cirujanos tenía un gran ego, trajo fotos de sus operaciones. A todos les horrorizó. A mí me fascinó. Me dijo que cuando regresara a Londres fuera a verlo operar. Fui. Tras tres operaciones descubrí que mi interés por la medicina no era lo que él tenía en mente. Dijo que su esposa no sabía que estaba allí y supe que no podía volver.
¿Sucede en todas las profesiones?
Nos hemos acostumbrado a lidiar con el acoso como si no hubiera otra manera de ir por el mundo. Una vez, al aterrizar un hombre puso su mano en mi muslo interno. Y la dejó allí. Me paralicé. Si le das un bofetón te conviertes en violenta. Si gritas, en histérica. Terminas por callar y salir de allí. Tenía 46 años y no supe reaccionar.
¿Todos los cirujanos son egocéntricos?
Son egocéntricos, y me incluyo. Hay que tener un alto concepto de ti mismo para cortar a alguien. Claro que la herida que causas es terapéutica, pero necesitamos una frialdad útil que yo desde luego tengo. Mi marido es un hombre demasiado amable para ser cirujano.
¿De dónde sacó la frialdad?
Creo que del internado. Solo regresábamos a casa un fin de semana cada dos meses. El sábado por la tarde me entristecía. Mi padre me dijo que él, que también estuvo interno, aprendió un truco: pensar que la noche del sábado era la del domingo y sacar la tristeza y el enfado en casa antes de regresar al internado.
Habiendo sentido eso la internó.
Era diplomático. El Ministerio de Asuntos Exteriores pagaba dos tercios del coste. Y… éramos tres.
¿Qué opinaba su madre?
Mi madre era abogada, pero se casó con un diplomático. Nunca trabajó y se convirtió en una mujer resentida. Fue una gran madre, pero vivió al servicio de mi padre. Se lo repito a mis hijas: incluso junto a la persona más maravillosa del mundo, la pareja solo será igualitaria si esa persona sabe que te puedes ir. Aunque elijas no irte.
¿Las mujeres independientes dan miedo?
Mi marido tuvo muchas novias que lo idolatraban. Yo también tuve novios y él es el único para el que yo no era… demasiado.
Mucho de su aprendizaje médico ha sido labor de campo: en ambulancias, en morgues…
La curiosidad que me hace ir hasta los lugares donde la vida y la muerte se encuentran. Creo que me gusta más observar que operar.
¿Lo necesita para escribir?
La escritura es una profesión inestable. Ya casi nadie lee. Sigo operando para asegurarme que tendré trabajo. Además, la escritura es caprichosa. En una semana puede que todo lo que escribas sea malo. Por eso operando un par de días a la semana siento que hago algo útil.
Se especializó en oído, nariz y garganta.
En cirugía general tuve una jefa tan buena cirujana como tirana. Quise evitar trabajar con ella. En este mundo tan masculino, el maltrato me llegó de una mujer.
¿Escribir le cambia la mirada como cirujana?
Si veo un pecho en patología, imagino la mujer a la que perteneció. Los huesos están vivos. Nacemos con 360 fragmentos. Terminamos con 206. El húmero aparece a las ocho semanas, los hombros terminan de juntarse en la adolescencia. Cada 10 años, nuestros huesos son otros. Se reparan, crecen y se encogen. Como médico ves momentos de crisis, personas enfrentadas a la realidad de su cuerpo. Pensamos poco en eso hasta que algo no funciona.
Relaciona medicina y sociología.
En 2019 el médico Hanno Tan publicó que la probabilidad de las mujeres de superar un paro cardiaco era del 50%. No por falta de desfibriladores, sino porque le restamos importancia a los síntomas.
¿Los pacientes esperan más empatía de una mujer?
Esperan más empatía de una mujer médica y confían más en hombres médicos. Pero está cambiando. Mis hijas y sus compañeras son más espabiladas que la mayoría de los niños de su clase. Un día les hablé de los grandes misterios de la vida: en 10 años, esos chicos estarán al mando y vosotras trabajaréis para ellos. Todavía vivimos en patriarcados. El MeToo nos hizo pensar que si todas hablábamos de problemas vividos en lugar de mirar hacia otro lado, las cosas mejorarían, pero… está costando.
Ha escrito sobre sus errores.
Es esencial para merecer credibilidad. Hace tiempo corté una arteria innecesariamente. La persona está bien, pero me di cuenta de que fui resolutiva para impresionar. Otra vez extraje el melanoma incorrecto.
¿Cómo puede pasar?
Yo era la responsable, pero se dio cuenta una enfermera comprobando el papeleo. Llamamos al paciente. Pedí disculpas y operé de nuevo. Recuerdo que cuando el gerente me telefoneó, mi instinto me llevó a intentar negarlo.
Echar la culpa a los demás.
La negación es una manera de protegernos. Está en el niño cuando dice “no fui yo” ante el jarrón roto.
¿Por qué escribió sobre el aborto?
No me gusta la idea del médico-héroe. Cada año mueren 23.000 mujeres por abortos mal practicados. Una sociedad en la que una mujer no tiene control sobre sus derechos reproductivos no es una sociedad libre. En el Reino Unido, tan pronto como tienes hijos pasas a vivir encarcelada. No quiero decir que no ame a mis hijos. Pero no hay igualdad en quien los cuida y si nos quejamos… somos histéricas.
La histeria desapareció del manual de enfermedades mentales en 1980.
Y solo en 1991 se convirtió en ilegal la exigencia de sexo de un hombre a su esposa.
¿La exigencia de la mujer no existe?
El apetito sexual es como el hambre. Se gestiona. A los hombres que se sienten discriminados por la falta de interés sexual de sus esposas les diría: ¿quién te debe sexo? Date una ducha, lee un libro, conviértete en alguien interesante y tal vez alguien quiera acostarse contigo.
¿Leer aumenta el atractivo sexual?
Cualquier hombre limpio, que sea amable y tenga interés en algo fuera de sí mismo encontrará pareja. A ver, tengo una cuñada holandesa y pienso que allí la equidad está más desarrollada. Si mi marido y yo no hubiéramos podido pagar ayuda doméstica, yo habría tenido que renunciar a mi trabajo. Como mi madre. Porque él no hubiera renunciado al suyo. Es maravilloso, pero sin otra mujer en casa yo no hubiera podido trabajar. Ahora distinguimos entre las semanas buenas y las malas. Las buenas son las que uno de los dos puede salir de casa tres mañanas y una noche. Cuando criábamos a cuatro hijos, discutíamos mucho.
En el cuerpo conviven pasión y vergüenza.
Mire, tengo cierta incontinencia urinaria. Por la menopausia y porque siempre tengo algo mejor que hacer que ir al baño. Si alguna vez se me escapa, se lo cuento a las gemelas para que se rían. Con mi madre no hablaba de estas cosas. Ahora, cuando terminemos la entrevista, vendrán y dirán: “Apuesto a que has hablado del clítoris”.
¿Hablamos?
Es el órgano de placer sexual femenino, no la vagina. La vagina es un vacío. Hasta la 13ª semana, el pene y el clítoris son iguales, por eso son posibles las operaciones de cambio de sexo, porque no hay tanto que cambiar.
Para Freud, el orgasmo clitoriano era de neuróticas.
La uróloga Helen O’Connell considera que el orgasmo vaginal es improbable. Lo que ocurre es que una parte no externa del clítoris rodea la vagina. La anatomía de los genitales debería reescribirse porque no todo el sexo es genético. El de las tortugas lo decide la temperatura de incubación de los huevos.
¿Cuál es la frontera entre descuidar el cuerpo y obsesionarse con él?
La respuesta nos define. En mis hijos, tiendo a restar importancia a dolores sin otros síntomas. Con pacientes puedo sentir impaciencia o irritación ante quienes están obsesionados con su cuerpo, pero no lo muestro. Ser profesional es controlar las emociones.
¿Consigue esa paciencia con sus hijos?
Para nada. Creo que siempre que esté dispuesta a pedir perdón cuando me equivoco puedo soltar algún improperio o perder la paciencia. Los prepara para la vida.
Tardó ocho años en investigar Con vida.
Fue fascinante aprender que Aristóteles creía que el corazón era el que pensaba.
¿Se hacen más implantes de pecho curativos o estéticos?
De cirugía de aumento de pecho. No juzgo. Me recuerdo que vivimos en un patriarcado y cada una tiene mejores o peores herramientas para lidiar con él. Pero la cirugía estética persigue la eterna juventud, un imposible. Igual haríamos mejor en prepararnos para envejecer bien.
Ningún órgano trabaja más que los riñones.
Acompañé, durante una semana, a una paciente a diálisis. Me sentí sola y experimenté un poco de lo que ella atravesaba tres veces a la semana para tratar de alargar su vida.
¿Se puede alargar la vida cuidándose?
Claro: ejercicio, poca carne roja, poco azúcar, pocos ultraprocesados, nada de alcohol…
¿Nada?
Nada mejor que poco.
Muchos médicos beben mucho…
Es así. Somos personas. Creo en el placer. Una mujer de mediana edad ha visto desaparecer tanto placer de su vida que cualquier cosa que nos lo dé, hay que cogerla. Digo mujeres porque las mujeres y el placer no tenemos buena relación.
¿El hígado se puede regenerar en un día?
No de una sobredosis de paracetamol o de alcohol. Pasé un mes con el profesor de trasplantes del Hospital King’s College. Para elegir a quién trasplantar, defendía a quien hubiera aprendido la lección y no bebiera. Decía que una cosa era la mala biología y otra el mal carácter. No me interesan los libros sobre médicos en los que no se habla de los pacientes. Creo que la manera correcta de lidiar con una enfermedad es conociéndola. Y comentándola: necesitamos hablar de aquello que tenemos en zonas oscuras.
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