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Los dardos: el deporte de ‘pub’ que se ha convertido en un fenómeno global

El juego favorito de los bares ingleses es hoy un espectáculo internacional que reúne a miles de personas, mueve millones y fabrica megaestrellas

Luke Littler, la estrella mundial de los dardos, en el World Masters de enero de 2026.Bradley Collyer (PA Images / Getty Images)

Grandes recintos, musicón y brilli. Esos mimbres, aparentemente ajenos al mundo de los dardos, dicen mucho sobre lo que ha pasado con ese deporte en dos décadas. Su imagen clásica —un pub, una cerveza, un tablero de corcho— ha sido reemplazada por algo que se parece más a un concierto de rock con miles de personas bramando. “La gente viene con disfraz, nosotros no se lo decimos”, explica Matt Porter, director de operaciones de la PDC (Professional Darts Corporation). “Cuanto más orgánico es, más auténtico resulta”.

La Professional Darts Corporation nació en los noventa para convertir el pasatiempo de la clase trabajadora británica en un deporte con recorrido global. No era una apuesta evidente. Los dardos no tienen la fotogenia del fútbol ni la aristocracia del tenis. Pero tienen algo que Porter reivindica como ventaja estratégica: “La mayoría de la gente que viene a los dardos no tiene un jugador favorito al que apoyar. Vienen a disfrutar, vienen por la experiencia, vienen una vez al año como si fuera un espectáculo”. Esa mentalidad de evento único lo sitúa más cerca de un festival de música que de una competición convencional.

El emblema de esa transformación es el Alexandra Palace de Londres, el Ally Pally, un palacio victoriano que la organización reivindica como The People’s Palace (el palacio del pueblo). Las entradas se agotan meses antes. El público no sabe quién va a ganar ni le importa demasiado. Lo que importa es estar ahí. “Las barreras para iniciarte en ese deporte son mínimas”, dice Porter. “No necesitas dinero, espacio, una academia. Un niño puede jugar contra un adulto”. Es la gramática de los videojuegos aplicada al deporte físico.

En ese contexto apareció en escena Luke Littler, un joven de 16 años del norte de Inglaterra. En diciembre de 2023 debutó en el Campeonato del Mundo, donde cayó en la final ante Luke Humphries. En enero de 2025 se coronaba campeón con 17 años, el más joven en la historia. “Sabíamos que Littler era especial desde muy joven, ganaba todo en categorías júnior”, reconoce Porter. “Lo que no esperábamos era que hiciera en sus dos primeros años como profesional lo que ha hecho”. Su himno de batalla es Greenlight, de Pitbull, que eligió porque fue el tema oficial de WrestleMania 33, al que asistió con su padre con 10 años. Desde su debut se convirtió en el jugador de dardos más seguido en Instagram, superando el millón de seguidores en días. Littler no es solo un deportista extraordinario, es un fenómeno de entretenimiento que ha traído al circuito una audiencia que antes ni miraba hacia este lado.

La PDC tiene ojos puestos en España. Porter menciona a Cristo Reyes, nacido en Tenerife y mejor jugador español, y detecta un mercado dual: por un lado, el interés nativo creciente; por otro, la comunidad de expatriados británicos, holandeses y alemanes en la costa mediterránea que ya consume dardos con fervor. El problema, admite Porter, es estructural: “Nunca hemos tenido un socio de difusión en abierto, y sin eso es muy difícil llegar al gran público”. Sin televisión generalista, el circuito llega a sus fans pero no sale de ahí.

El plan a cinco años pasa por la internacionalización: sudeste asiático, África, América del Sur, más peso en Estados Unidos y Canadá. “Si quieres jugar en el circuito profesional de dardos, tienes que mudarte a Europa occidental”, razona Porter. “Eso tiene que cambiar”. Es la misma lógica que en su día tuvo el golf o el tenis: el deporte sigue a su público, no al revés. Y el público de los dardos, en 2026, ya no cabe en ningún pub

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