Egipto practica la economía de la caridad en el Ramadán
El mes sagrado del islam se asocia también a actos benéficos obligatorios que mueven miles de millones de euros en el mundo


Todavía faltan unos minutos para la hora indicada, las 17.47, pero uno de los patios laterales de la majestuosa mezquita de Sayeda Zeinab, enclavada en el corazón de un barrio homónimo del centro de El Cairo, ya se encuentra rebosante de fieles sentados en hileras ante el vaivén apresurado de un ejército de voluntarios que reparten un envase de comida, agua y un zumo. Cualquiera que se acerque recibe una ración, sin preguntas. En el momento exacto en el que cae el sol, se ilumina el templo y el muecín entona el primer Allahu akbar (Alá es el más grande). Empieza el festín.
Durante el Ramadán, una de las estampas más inconfundibles de Egipto son las mesas de la misericordia, una tradición centenaria. Instaladas por voluntarios de la calle o del barrio, preparan comida cada día gracias a las donaciones de la gente y la sirven a quien sea que esté sentado a la hora de romper el ayuno. No importa si eres de la zona o si solo pasabas por allí. Ni si estás necesitado o podrías haber ido a un restaurante. Ni siquiera si eres o no musulmán. Durante el mismo mes, también es fácil encontrarse con miembros del Banco de Alimentos de Egipto y otras ONG repartiendo a familias vulnerables cajas de comida preparadas con contribuciones ciudadanas. En la campaña de este año, bajo el lema Alimenta y sé generoso, se podía donar el coste de una caja de 450 libras (8 euros) con 12 kilos de comida, incluido arroz, lentejas, azúcar, dátiles y aceite, o para otra de 1.550 libras (27 euros) con 39 kilos de productos.
Para la mayoría, el Ramadán es un mes asociado a una mayor devoción religiosa, a la práctica del ayuno (y los banquetes para romperlo) y a los vínculos sociales y familiares. Pero también es un periodo de mayor generosidad, y las encuestas muestran que, en Egipto, la creencia de que el Ramadán consiste en participar en actos de caridad es prácticamente unánime. En un sondeo de 2024, la empresa de estudios de mercado TGM encontró que los egipcios asignan alrededor de un cuarto de su presupuesto de este mes a ayudar a los necesitados.
En el corazón de esta práctica se encuentra uno de los cinco pilares del islam, el zakat, una donación anual obligatoria para todos los musulmanes adultos cuya riqueza supere un umbral fijado por juristas. La tasa suele ser del 2,5% sobre los ahorros y activos acumulados durante el año y, aunque no existe una fecha concreta para pagarlo, el Ramadán tiende a ser el momento predilecto. En Egipto, el Estado y la principal autoridad religiosa, Al Azhar, gestionan fondos de zakat, pero mucha gente lo dona a ONG, hospitales, escuelas o a personas de su elección. No existen estimaciones precisas sobre lo que se recauda al año en concepto de zakat en todo el mundo, en parte por su naturaleza en gran medida informal y la complejidad de registrarlo, pero los cálculos más conservadores cifran su monto potencial en al menos 300.000 millones de dólares (unos 250.000 millones de euros). Para ponerlo en perspectiva, en 2025 la ayuda al desarrollo de los países de la OCDE se estima que fue en torno a la mitad de esa cifra.
Un retrato sugerente
Además del zakat sobre la riqueza, durante el Ramadán los musulmanes tienen que pagar, en este caso sin apenas ninguna excepción, otro zakat específico del mes, aunque por un valor casi simbólico. En Egipto, donde este año el Ramadán empezó la noche del 18 de febrero y durará probablemente hasta la del 20 de marzo, las autoridades religiosas lo han fijado en como mínimo 35 libras (menos de un euro), calculado basándose en el precio de dos kilos de trigo. En el caso de Egipto, el perfil de las personas con más predisposición a donar ofrece también un retrato sugerente, según una encuesta reciente de la Universidad Americana de El Cairo. Si bien todos los grupos profesionales muestran niveles de donación de alrededor del 75%, los desempleados y los estudiantes son los más comprometidos —aunque sea en cantidades pequeñas—, lo que sugiere una mayor empatía hacia las dificultades de los demás. Asimismo, en el ámbito educativo, aquellos con estudios de posgrado o doctorado son quienes donan menos.
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