La apertura de Ormuz aleja el fantasma de la crisis alimentaria en el mundo
Si la decisión de normalizar el tránsito por el estrecho se consolida, el precio de los fertilizantes se normalizará

Irán anunció el viernes por la tarde la reapertura del estrecho de Ormuz. La decisión se extenderá al menos durante los diez días que dura el alto el fuego entre Israel y la milicia pro-iraní libanesa Hezbolá. Con todos los interrogantes que aún quedan por despejar en el conflicto en Oriente Próximo, y más cuando al frente de la Casa Blanca está alguien tan voluble como Donald Trump —en su red social aseguró que EE UU seguirá con su parte del bloqueo de Ormuz hasta que no se firme un acuerdo de paz definitivo—, la apertura supone un alivio para dos de las materias primas más afectadas: el petróleo y los alimentos. Y es que por el estrecho, además de ingentes cantidades de crudo, los cargueros transportan buena parte de las commodities clave para elaborar los fertilizantes que abonan las cosechas del planeta.
Los pasos que se están dando hacia el restablecimiento de la paz llegan en un momento en el que las consecuencias de la escalada bélica en Oriente Próximo aún no han llegado a los supermercados del resto del mundo, pero sí empezaban a notarse las tensiones en las cadenas de suministro, despertando con ello el fantasma de la crisis alimentaria global. “La inflación puede tardar en repuntar, pero cuando lo hace resulta posible que sea demasiado tarde para controlarla sin provocar una recesión”, explica David Cano, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI). Y añade: “Los shocks procedentes desde el lado de la oferta pueden parecer transitorios, pero luego no lo son: ya lo sufrimos en 2021 y 2022”. El pavimento hacia una subida de tipos de interés.
Las luces de alarma siguen vigentes puesto que nada es definitivo. Entrevistado antes de conocerse la reapertura del estrecho de Ormuz, Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), advertía a EL PAÍS de la necesidad de la vuelta a la normalidad. “Lo que viene —si el mundo no actúa veloz y consigue un alto el fuego— es un shock de precios de los alimentos, el cual no llegará en este mes, sino en las cosechas de finales de 2026 y en los mercados de 2027”, advierte. Un 80% de la cesta del BCOM (uno de los principales referentes para medir el comportamiento de las materias primas a escala global) está expuesto directamente, según Goldman Sachs, “al conflicto a través de pérdidas de suministro”.
El Índice de Precios de Alimentos de la FAO rastrea el coste internacional de los nutrientes en bruto: trigo, maíz, arroz, oleaginosas, lácteos. No se fija en el precio final de la barra de pan que paga el consumidor. Cuando el trigo se convierte en pan, el grano supone entre un 10% y un 15% del coste del precio minorista. El resto corresponde a energía, mano de obra, embalaje y logística. Por eso no se disparan los tiques en el supermercado y es “la razón, también, de que la calma no sea un indicador fiable de estabilidad futura, sobre todo por los costes energéticos”, revela. Cuanto más tiempo persista la tensión en Oriente Próximo crecerá la probabilidad de que la población pague más por los alimentos. . “El efecto negativo sobre el PIB global de la guerra tiene nuevos canales de contagio”, resume Cano.
Gran dependencia
Si alguien entiende que la capacidad global de absorber el cierre o limitar el estrecho de Ormuz no trae consecuencias al sistema alimentario está leyendo “el horizonte temporal equivocado”, alerta Torero. La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha avisado de que los Estados del golfo Pérsico podrían enfrentar escasez alimentaria por su elevada dependencia de la importación de arroz, maíz, soja y aceite vegetal.
El bloqueo de Ormuz afectaba a los sistemas agroalimentarios a través de un canal menos obvio: la logística y el coste del procesamiento de los alimentos. Por sus coordenadas transporta el 20% del gas natural licuado. No puede ser reemplazado por ninguna otra fuente para crear fertilizantes. Hay tres grandes elementos que aportan nutrientes a los suelos: nitrógeno, fósforo y potasio. Cinco de los principales exportadores —Irán, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes y Baréin— dependen de este paso geográfico para comerciar con sus productos. Estas tierras suministran más de un tercio del tránsito mundial de urea —el principal fertilizante nitrogenado, y el más barato—, así como casi una cuarta parte de otro tipo, el amoniaco. Estas mismas cinco naciones son responsables de una quinta parte de los fertilizantes fosfatados. “Pero los precios de la urea ya han saltado entre un 40% y el 60%. La energía que hace posible el fertilizante —gas natural— pasó del 70% al 90%. El barril de petróleo brent aumentó un 90% justo antes del alto el fuego”, condensa Torero. La decisión de los agricultores de Estados Unidos, Europa y Asia meridional es, quizá, la más difícil de su generación. Pagar el doble, o más, por los fertilizantes, -cuando los precios de sus artículos ya son bajos- y esperar que se recuperen, o emplear menos fertilizantes: rebajar la producción.
“La estabilidad a corto plazo no garantiza una seguridad a medio ni largo. El tiempo entre un colapso de fertilizantes y una pérdida de la cosecha se mide en meses. El tiempo entre esa pérdida y un incremento de los alimentos se calcula, también, en meses añadidos. Ya estamos dentro de esa ventana”, previene Torero.
Todo procede de la geografía. Los países del Golfo son ricos en crudo, pero carecen de alimentos propios. En Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait, Baréin, Omán, Irán e Iraq importan entre un 70% y un 90% de los alimentos básicos. Qatar desembarca el 90% de la comida a través de sus puertos. Igual que Emiratos Árabes y Arabia Saudí. Muchas naciones pequeñas del Golfo consumen 100 kilos de trigo por persona y no cultivan ni una espiga.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































