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Industria
Opinión

La UE se anticipa al despertar económico de la India

El país no ha aprovechado hasta ahora su gran cantidad de mano de obra joven, pero puede que eso cambie con la industrialización

maravillas delgado

El 27 de enero de 2026 la Unión Europea (UE) firmó un ambicioso acuerdo comercial por el que la India se comprometía a liberalizar su sector manufacturero en un periodo de siete a diez años. El acuerdo plantea reducir los aranceles europeos para, aproximadamente. el 90% de los productos (excluidos los agrícolas por las reservas de ambas partes), lo que impulsaría sus exportaciones en sectores como el textil, farmacéutico y los servicios informáticos. Para España, los sectores más beneficiados serían el automóvil, la maquinaria y el vino.

La India -con más de 1.450 millones de habitantes- es el país más poblado del mundo y con un dividendo demográfico importante: la edad media es 28 años y el 65% tiene menos de 35. En la actualidad presenta una tasa de crecimiento del PIB superior a la de China gracias a su dinamismo demográfico y a las reformas económicas que liberalizaron la economía a principios de los noventa, después de cuatro décadas de planificación central. Sin embargo, aún le queda un largo camino por recorrer. En 2025 el PIB per cápita de la India era solo el 12,7% de EE.UU. (20,5% de España) y la productividad por hora el 9,6% (13,3% de España).

La reforma y apertura de China puso los cimientos para su despegue, incluyendo la creación de puestos de trabajo de calidad. Por el contrario, en la India el sector manufacturero sigue muy atrasado, impidiéndole absorber la elevada proporción de población no cualificada del sector agrícola e informal caracterizados por su baja productividad. Es probable que si hubiera apoyado las manufacturas su apertura al comercio y a la inversión directa extranjera (IDE) habría sido mayor lo que, a su vez, habría facilitado la transferencia de tecnologías avanzadas y mejorado su productividad.

Cuando la India abrió su economía, recibió IDE en el sector servicios, especialmente en los relacionados con las TIC. A comienzos del siglo XXI, mientras China se convertía en la potencia manufacturera mundial, India emergía como un importante centro de servicios informáticos, financieros y afines en sectores avanzados como la telemedicina.

A diferencia del modelo clásico según el cual una rápida industrialización absorbe el excedente de mano de obra rural antes de desarrollar los servicios, la India ha dado el salto hacia una economía dominada por subsectores de servicios altamente cualificados que exigen educación especializada e infraestructuras urbanas, pero que emplean a relativamente pocos trabajadores. De hecho, aunque estos sectores están creciendo por encima del 20% anual apenas añaden 200.000 puestos de trabajo cada año.

Según García-Herrero (2026), para resolver la crisis del empleo, la India necesitaría llevar a cabo una transformación estructural orientada a aumentar rápidamente la participación de la industria manufacturera en el PIB para así absorber el exceso de mano de obra y mejorar la productividad. Según la Organización Internacional del Trabajo el sector informal en India representa alrededor del 90% del empleo total lo que da idea de la magnitud del reto al que se enfrenta.

La evidencia empírica avala la importancia de las manufacturas en el crecimiento porque se encuentran en el centro de las cadenas de suministro; estimulan la producción de conocimiento a través del learning by doing facilitando su desbordamiento al resto de sectores económicos; e inducen la implantación de instituciones favorables al desarrollo. También favorecen la urbanización, lo que a su vez acelera las posibilidades de catch up y del crecimiento basado en la innovación.

Aghion y coautores (2021) se decantan por las manufacturas, pero no descartan, de entrada, la alternativa de los servicios dejando que sea la historia quien decida. Sin embargo, parece poco probable dados los recientes desarrollos geopolíticos, en especial el fin de la globalización tal como la conocimos.

Tras la firma del acuerdo UE-India The Economist se preguntaba “¿Puede una de las economías más proteccionistas del mundo convertirse en una de las más abiertas? ¿Puede que revierta ese fracaso un país que sistemáticamente no ha conseguido explotar su vasta reserva de mano de obra no cualificada para construir un sector manufacturero fuerte? Hoy la grata respuesta es esta: la India podría estar a punto de dar ese salto”. A lo que seguramente habría que añadir: para beneficio suyo y de la UE.

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