Un tercio de las multinacionales españolas paga menos del 15% de sus beneficios en impuestos
Las 171 grandes empresas del país abonaron un tipo efectivo medio del 21,7% en todo el mundo, según datos de la Agencia Tributaria


Que una gran empresa pague menos o más impuestos no depende solo de la cantidad de dinero que gana, sino también de cómo organiza su actividad económica en todo el mundo. Y es ahí, entre pequeños detalles, donde aparecen los contrastes. Uno de cada tres grandes grupos multinacionales españoles paga un tipo efectivo sobre sus beneficios inferior al 15%. En concreto, son 63 grandes compañías que disfrutan de una tributación más baja de lo habitual y que, en conjunto, apenas aportan el 7% del impuesto de sociedades pagado globalmente, pese a concentrar una parte relevante de las ganancias. Mientras tanto, el resto de compañías asume la mayor parte de la factura fiscal.
Todos los datos han sido publicados este miércoles por la Agencia Tributaria en el Informe país por país, con cifras correspondientes al año 2023. Y permiten entender por qué ocurren estas divergencias. Este tipo de empresas no opera solo en España, sino que cuenta con grandes redes compuestas por miles de filiales diseminadas a lo largo de todo el mundo. En 2023, los grupos españoles incluidos en esta estadística alcanzaron los 171, mientras que sus delegaciones superaron las 16.000, casi la mitad fuera de la Unión Europea. Esa presencia internacional permite, mediante un conglomerado de prácticas, que los beneficios y los impuestos se distribuyan entre muchos países, cada uno con sus propias reglas fiscales.
Los datos del Country by Country Report o CbC, por sus siglas en inglés, revelan que estas 171 multinacionales ganaron más de 112.000 millones de euros en el año y pagaron unos 24.000 millones en impuestos, lo que deja un tipo efectivo medio cercano al 22%, muy similar al del ejercicio previo, pero todavía debajo de los niveles de 2020. Pero ese promedio es algo engañoso, ya que detrás esconde diferencias muy notables. Mientras algunos grupos tributan a tipos elevados, otros soportan una carga fiscal muchísimo más suave.
Es el caso de 19 multinacionales que ganaron un total de 12.460 millones y pagaron en impuestos 864 millones, lo que deja un tipo efectivo cercano al 7%, muy por debajo del 15%, el mínimo pactado en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), aunque el acuerdo se ha modificado recientemente por las presiones de Estados Unidos. Más llamativa es la situación de 29 multinacionales que obtuvieron un total de 18.282 millones en beneficios y abonaron 307 millones en el impuesto de sociedades, dejando un tipo efectivo de tan solo el 1,7%.
En el otro extremo, otras 52 multinacionales que contaban con más de 7.000 delegaciones registraron unas ganancias de más de 51.000 millones y una cuota de 17.500 millones en el impuesto corporativo, dando paso a una tributación efectiva muy superior, del 34%.
Estos informes, elaborados en el seno de la OCDE, surgen como consecuencia de los planes de acción contra la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios, con el objetivo de proporcionar a las agencias tributarias herramientas de control para asegurar que los beneficios tributen allí donde se desarrolle la actividad. Las declaraciones, que tienen que presentar las multinacionales con una cifra neta de negocios consolidada a nivel mundial equivalente o superior a 750 millones de euros, proporcionan a los Estados una perspectiva global de la actividad intragrupo a nivel de jurisdicción, detallando, entre otras variables, el nivel de ingresos, los beneficios antes de impuestos y la cuantía del impuesto sobre sociedades devengado y pagado en cada lugar.
El informe, no obstante, calcula el tipo efectivo de forma distinta a otras estadísticas. En lugar de usar el beneficio global del grupo, se basa en los resultados de cada país, sumando beneficios y pérdidas de las filiales en cada jurisdicción. Además, ese tipo efectivo no coincide con el tipo legal. En España, por ejemplo, el impuesto de sociedades tiene un tipo nominal del 25%, pero se aplica sobre una base reducida por deducciones y ajustes. Y tampoco es igual al cálculo del impuesto mínimo global de la OCDE, que utiliza una base homogénea para todos los países.
Brecha de rentabilidad
Las diferencias también se ven al comparar dónde se genera la actividad y dónde se pagan los impuestos. España, por ejemplo, concentra más de la mitad de la facturación de estas multinacionales (el 55%), pero solo alrededor de un tercio del impuesto total. En otras regiones, como América, el peso de los beneficios y de los impuestos es mayor que el de las ventas. Esto refleja que la distribución de los resultados dentro de los grupos no siempre coincide con el lugar donde se realiza la actividad.
A esta fotografía se le añaden otras variables que permiten ver las estadísticas. Así, además de saber cuánto ganan o dónde tributan las multinacionales, también se puede conocer cómo de rentables y productivas son sus filiales en cada territorio. En conjunto, la rentabilidad de estos grupos ―es decir, lo que ganan en relación con sus ingresos― se sitúa en torno al 8,4%, una cifra que ha aumentado respecto al año anterior y que refleja que los beneficios han crecido con más fuerza que las ventas.
Sin embargo, de nuevo aparecen diferencias importantes según dónde operan. Las filiales situadas en España presentan una rentabilidad más baja que la media, en torno al 6,3%, lo que sugiere que en el país se concentran más costes dentro de los grupos. En cambio, las filiales en otras jurisdicciones, tanto dentro como fuera de la Unión Europea, muestran niveles de rentabilidad superiores, en algunos casos claramente por encima de ese promedio global.
Es un contraste que también se aprecia al poner el foco en el empleo. Las filiales españolas son, de media, más grandes y cuentan con más trabajadores, mientras que en otros países las estructuras son más reducidas. Eso tiene un efecto directo en la productividad, porque aunque en España las empresas venden más por empleado, en algunos territorios como Luxemburgo o Malta, con plantillas mucho más reducidas, se registran niveles muy elevados de beneficio y productividad por empleado.
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