La productividad crece en España a su mayor ritmo en 30 años
La mejora del indicador explica el 33% del avance del PIB de 2021 a 2024, según el último informe anual del Observatorio de Productividad de la Fundación BBVA e IVIE


La economía española lleva años destacando en el panorama internacional por su sólido avance, una efervescencia que invita de forma casi automática a hacer un paralelismo con los años de bonanza de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, las diferencias son sustanciales. En aquella etapa, la acumulación de empleo y capital actuaban como gran motor del crecimiento, mientras que las mejoras en eficiencia eran exiguas. En los últimos años, en cambio, la productividad ha mejorado a su ritmo más rápido en tres décadas, siendo responsable de más de un tercio del crecimiento del PIB desde la pandemia.
Estas son algunas de las conclusiones del último informe anual del Observatorio de Productividad y Competitividad elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), publicado este viernes. El organismo concluye que la productividad total de los factores (empleo y capital) creció a un ritmo medio del 1,4% anual desde 2020, la tasa más elevada desde 1995, mientras que en la eurozona se acercó a cero, en promedio, en el mismo periodo, llegando a ser negativa en Alemania y Francia. En 2024, el último año completo del que se dispone de datos, el avance fue del 2%, frente a la bajada de siete décimas en el bloque comunitario.
“En la última década, los resultados promedio en productividad de la economía española parecen mejores que los de las décadas precedentes, especialmente a partir de la crisis de la covid-19″, destaca el estudio, dirigido por los investigadores del IVIE Francisco Pérez, Matilde Mas, Dirk Pilat y Juan Fernández de Guevara. A partir de 2021, se vislumbra una mejora en la “eficiencia con la que son empleados los factores productivos”, mientras que se produce “una fuerte creación de empleo”, detalla la investigación.
La productividad es crucial para el bienestar y el progreso de un país: mide la capacidad de producir a igualdad de recursos (capital y mano de obra), es decir, de hacer más con menos. Y es un determinante fundamental para empujar hacia arriba de forma permanente la curva del crecimiento, pero su historia no es lineal.
A inicios de siglo, España se caracterizaba por las grandes inversiones en activos inmobiliarios y la acumulación de empleo a lomos del fuerte crecimiento demográfico. La productividad del trabajo mejoró en la Gran Recesión a costa de una masiva destrucción de empleo y a partir de 2014 la aportación de la PTF se tornó positiva, pero volvió a caer con la pandemia. Desde 2021, el tejido productivo ganó eficiencia nuevamente, al compás de una recuperación económica intensa tanto en términos agregados como per cápita. El PIB habitante ha crecido a un ritmo del 3,78% anual desde la pandemia en España —el mejor dato de la UE solo por detrás de Italia (3,87%), aunque el nivel sigue por debajo de la media comunitaria—.
El informe concluye que la mejora de la productividad explicaría el 33% del crecimiento del PIB entre 2021 y 2024, mientras que un 60% se debería a la sólida mejora del mercado laboral.
La pregunta central que se hace el estudio, y que está detrás de la misma creación del Observatorio, es justamente entender si el vigoroso crecimiento de la economía española en los últimos años responde de verdad a un cambio estructural del modelo productivo. Coloquialmente, se podría contestar con un ni sí, ni no: los datos apuntan a una mejora en las bases sobre las cuales se sienta la actividad, pero todavía ha transcurrido un tempo insuficiente para poder decretar una transformación completa de la economía, teniendo además en cuenta que los últimos años han tenido un elevado componente de excepcionalidad marcado por la pandemia y que hay mucho camino por recorrer.
Aunque la productividad del trabajo supera actualmente en hasta un 19% el nivel del año 2000, la del capital se mantiene por debajo (un 20%), así como la de la productividad total de los factores (PTF, que suma empleo y capital): en 2024 continuaba un 8% inferior a los niveles del año 2000. Hay elementos, además, que reman en dirección contraria, desde las turbulencias internacionales a la desaceleración de la actividad exportadora nacional −que suele contribuir positivamente a la productividad por su elevada especialización−, o la tasa neta de creación de empresas, en terreno negativo desde 2008.
Diferencias sectoriales
Las actividades de mercado, asentadas en su casi totalidad en empresas privadas, han registrado las mejoras más destacadas. De perder productividad entre 1995 y 2020 a un ritmo cercano al 1% anual, después de la pandemia su eficiencia fue mejorando a una tasa superior al 2%. La fabricación de material de transporte y la hostelería son las actividades que han registrado el comportamiento más favorable desde 2020, con mejoras en su PTF de doble dígito (20% y 13,3%, respectivamente). Le siguen las industrias extractivas (8,7%), la fabricación de maquinaria y equipo (8,4%), el transporte (7,8%), la fabricación de productos de caucho, plástico y otros productos minerales no metálicos (6,7%).
La productividad de las actividades como la sanidad y la educación, en cambio, ha experimentado retrocesos generalizados, al igual que la construcción, la metalurgia o el sector de la energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado. De hecho, hasta 10 sectores que suponen casi la mitad del valor añadido bruto nacional han registrado tasas negativas en el crecimiento de la eficiencia en los últimos años.
Las diferencias no son solo sectoriales, también regionales, aunque a nivel territorial hay más homogeneidad: la productividad ha mejorado en todas las comunidades entre 2020 y 2024, salvo en Extremadura. Baleares y Canarias, los territorios que peores registros presentaban entre 1995 y 2020 y que peor encajaron el golpe de la pandemia debido a su fuerte dependencia del turismo, fueron también las regiones que más ganaron en eficiencia en los años recientes, entre el 3% y el 4%. De hecho, el estudio matiza que el efecto rebote puede haber incidido en el resultado. También País Vasco, Cataluña, Castilla y León, Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra, Andalucía y Madrid registraron mejoras por encima del 1% y superiores a la media nacional.
“Este mejor comportamiento de la productividad española en los últimos años, aunque todavía es pronto para saber si va a mantenerse en el futuro, supone un acercamiento a los patrones de crecimiento de otros países avanzados”, detalla el documento.
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