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España puede aguantar más de 100 días sin recibir petróleo: así funcionan las reservas estratégicas

Los países miembros de la Agencia Internacional de la Energía cuentan con unos 1.200 millones de barriles almacenados para situaciones de crisis

Una bomba petrolífera operando en un campo de petróleo cerca de Midland, Texas (Estados Unidos). LARRY W. SMITH (EFE)

El cierre del estrecho de Ormuz y la prolongación del conflicto entre Estados Unidos e Irán han encendido todas las alarmas en el mercado del petróleo. El conflicto ha disparado el precio del crudo hasta rozar los 120 dólares por barril este lunes y ha reavivado las dudas sobre la estabilidad del suministro energético mundial. Por ese enclave estratégico circula cerca del 20% del petróleo que se consume en el planeta, y su bloqueo ha puesto de relieve la vulnerabilidad de los países que dependen de las importaciones de crudo. De momento, España y la mayoría de los países europeos podrían mantener su consumo durante más de 100 días sin recibir nuevos suministros gracias a las reservas estratégicas que mantienen para emergencias. Al menos sobre el papel.

Estos almacenes nacionales de crudo se diseñaron como un colchón para proteger las economías frente a interrupciones graves del suministro, y evitar que una crisis internacional paralice el funcionamiento del transporte, la industria y la generación energética. Fueron creados a raíz de la severa crisis del petróleo de los años setenta y están coordinados por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para garantizar que sus miembros mantengan al menos 90 días de importaciones netas de crudo. Su objetivo es amortiguar precios y permitir reorganizar la logística de abastecimiento en situaciones de emergencia sin que la economía se vea afectada. No están pensados, en otras palabras, para sustituir el suministro de forma prolongada.

Cada país miembro de la AIE mantiene reservas propias según sus necesidades y capacidad. Según los últimos datos, actualizados a febrero de 2026, España tiene reservas para resistir 105 días. La agencia calcula esta cifra comparando el volumen total de reservas disponibles —tanto públicas como las mantenidas por la industria— con el consumo diario promedio de petróleo del país. El resultado se expresa en días de autonomía. La agencia no proporciona un dato oficial sobre el número de barriles almacenados, pero teniendo en cuenta la cantidad de petróleo importado en 2024 por España (última cifra disponible que da la agencia), unos 1,28 millones de barriles diarios, el almacenamiento de emergencia ascendería a unos 135 millones.

El sistema español de reservas estratégicas combina existencias gestionadas por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) y las reservas obligatorias de las empresas del sector petrolero. Estos almacenes incluyen crudo, gasolinas, gasóleos y querosenos, distribuidos en depósitos y tanques estratégicos para asegurar su disponibilidad inmediata si fuera necesario. En caso de una interrupción del suministro, el Gobierno español puede autorizar la liberación de las reservas, sacando parte de estas existencias para abastecer el mercado. En abril del año pasado ya liberó barriles equivalentes a tres días de consumo para paliar los efectos del apagón eléctrico que sufrió todo el país.

Aunque las reservas españolas cubrirían más de tres meses de consumo, hay que tener en cuenta que no sustituyen un suministro continuo a largo plazo. España no extrae petróleo y depende exclusivamente de las importaciones de otros países, por lo que la efectividad de las reservas depende de la duración de la interrupción y de la capacidad de los mercados para restablecer flujos de petróleo alternativos. Las propias cadenas de suministro de la industria no están pensadas para funcionar solo con reservas. El crudo de petróleo es la materia prima, pero los barriles tienen que transportarse hasta las refinerías y después ser tratados para convertirlos en los productos que realmente se utilizan en la industria, ya sea gasolina, diésel o queroseno.

Cuando estalló el conflicto, los analistas consideraban que tendría una duración limitada, pero tras diez días, los expertos empiezan a plantearse un escenario de guerra más duradero. “Es importante destacar que el proceso de normalización del estrecho sería una operación larga y peligrosa que podría tardar entre dos y tres meses en completarse una vez finalizadas las hostilidades. Una interrupción energética de esta magnitud y duración probablemente haría que los precios mundiales de la energía subieran aún más desde los niveles inflados actuales”, advierte Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard.

A nivel global, los países miembros de la AIE cuentan con aproximadamente 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia, equivalentes a más de 90 días de importaciones netas. En Europa, Países Bajos cuenta con la mayor cobertura de petróleo con 506 días, según los datos del organismo. Dinamarca supera los 300 días, y Finlandia y Hungría los 200. “La dependencia de Europa de los combustibles fósiles conduce a un escenario que podría parecerse al de 2022 debido a la insuficiente independencia energética”, valora Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM.

Estados Unidos cuenta con reservas suficientes para cubrir 125 días de autonomía (en este caso los datos los proporciona el Gobierno estadounidense). Además, se trata de un país productor y exportador de petróleo, por lo que, en caso de cierre de los mercados, puede extraer recursos para su autoabastecimiento. De los países asiáticos, Corea cuenta con 206 días de autonomía y Japón con 195. China, la otra gran potencia mundial, podría resistir 115 días, aunque los datos son estimaciones de expertos, ya que no proporciona cifras oficiales. El país asiático, de momento, ya ha indicado a las empresas de refino que paralicen las exportaciones de productos derivados del petróleo.

Para tratar de paliar la incertidumbre en los mercados, los ministros de finanzas del G-7 —Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón— han pedido a la AIE que prepare escenarios para la liberación conjunta de parte de esas reservas estratégicas de petróleo. De todas formas, no es una solución milagrosa. La liberación coordinada de petróleo es muy poco frecuente. Desde 1974 solo se ha echado mano de este recurso cinco veces: durante la primera Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, por la crisis libia de 2011 y en dos momentos durante la guerra de Ucrania en 2022. En cada caso, su función principal ha sido inyectar petróleo al mercado para frenar subidas bruscas de precios y ganar tiempo para reorganizar suministros y rutas comerciales.

De cara al futuro, hay que tener en cuenta que la normalización del transporte de petróleo por el estrecho de Ormuz no supondría una recuperación inmediata del mercado energético. Con la paralización del transporte por ese enclave, el mercado energético pierde unos 20 millones de barriles al día. Sin embargo, aunque se inyecten de nuevo, tienen que ser transportados y refinados para suministrar a la industria los productos que realmente utiliza. El petróleo es solo la materia prima, no el uso final, y eso requiere de un proceso que conlleva tiempo.

Según expone un informe de Citi, ante una interrupción prolongada del flujo de petróleo por Ormuz, el riesgo no es tanto la falta de crudo en sí, sino el déficit de productos derivados. Se estima que podrían faltar entre 6 y 7 millones de barriles por día de productos como combustible para aviones, diésel, fuelóleo y gasolina. Según los cálculos de la AIE, con los inventarios existentes, estos productos podrían mantenerse entre siete y ocho meses sin nuevas entradas. Aunque algunos se agotarían antes que otros, comenzando por el combustible para aviones y seguido por el diésel. Esto se debe a la dificultad de almacenarlos en grandes cantidades.

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