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Los empresarios españoles se quedan atrapados en el callejón sin salida de Cuba

Las compañías que trabajan en la isla denuncian la dificultad de hacer negocios en una economía paralizada sin electricidad ni combustible, mientras que los exportadores reclaman 350 millones en deudas impagadas

“Me quedan 20 litros de combustible y me tienen que durar hasta el domingo que tengo un vuelo a China”. Así se expresa un empresario español que trabaja en La Habana desde hace 20 años cuando se le pregunta por el impacto que está teniendo la tormenta perfecta que se ha adueñado de Cuba en los últimos días. A la crisis económica en la que vive la isla desde hace varios años se ha unido la más reciente falta de suministro eléctrico y de combustible, esta última por las restricciones impuestas desde Estados Unidos, lo que ha dejado atrapadas a las empresas en una economía paralizada, en una especie de callejón sin salida. “La situación es muy mala desde la pandemia, pero este último estrangulamiento de Estados Unidos está provocando una crisis sin precedentes, en la que se juntan los apagones de luz y la ausencia del gasóleo”, recalca este empresario, que no quiere revelar su identidad.

No es el único. Ninguno de los directivos consultados para este reportaje está dispuesto a que su nombre y sus apellidos se descubran. Las represalias que pueden llegar del régimen cubano justifican el anonimato. Uno de ellos señala que la situación ha empeorado especialmente con la falta de gasóleo. “No hay transporte público y el privado solo se puede abastecer en un mercado negro al que no puede acceder casi nadie por los altos precios”, recalca en una conversación telefónica pactada a la única hora en la que tiene garantizado que habrá cobertura en el entorno de su domicilio.

Las empresas han optado por dejar a sus trabajadores en casa, en una situación similar a la de la pandemia, pero con la gran diferencia de que el teletrabajo es una quimera en Cuba, al no tener garantizado ni el suministro eléctrico ni las conexiones inalámbricas. “La economía está bloqueada”, resume una de las personas consultadas. Ante los bajos niveles de ocupación, los hoteles se han decantado por cerrar parte de sus inmuebles (la española Meliá lo ha hecho con tres de ellos) y destinar parte de las habitaciones a alojar al personal que carece de medios de locomoción para trasladarse a sus domicilios. “La gente en Cuba ya no habla de política. Lo único que quiere es vivir en paz y tener luz, agua y comida”, agrega este empresario, que espera que, al igual que ha sucedido en Venezuela, se abra un período de negociaciones entre Washington y La Habana. “Siempre respetando la soberanía, pero hay que llegar a un acuerdo para evitar una crisis humanitaria sin precedentes que afecte a los 10 millones de personas que viven en Cuba. Estados Unidos no se lo puede permitir”, valora.

El daño no se ha limitado a las empresas españolas que operan en Cuba, sino que se ha extendido de manera acelerada al tejido industrial que exportaba desde hace varias décadas al país caribeño, la mayoría de ellos ligados a la industria farmacéutica y de alimentación. Un hecho denunciado por la patronal catalana Foment del Treball en un reciente informe, en el que cuantificaba en 350 millones de euros los impagos en los que ha incurrido el gobierno de Cuba. La organización empresarial impulsó hace dos años la creación de la Plataforma de Afectados por los Impagos del Gobierno Cubano, que agrupa a empresas de toda España perjudicadas por el citado pasivo acumulado, de las que el 40% son catalanas.

350 millones de deuda pública condonada

Un portavoz de esa plataforma asegura que el grueso de la deuda se acumuló en los tres ejercicios transcurridos entre 2017 y 2019; y que la mala praxis del Ejecutivo cubano nada tiene que ver con la reciente amenaza de intervención de Donald Trump. “La gran mayoría son cartas de crédito del Banco Internacional de Comercio de Cuba (Bicsa), un instrumento internacional de pago reconocido en la gran mayoría de países”, recalca. De las empresas que acumulan impagos en los últimos ocho años, casi la mitad son microempresas y la gran mayoría se centran en los sectores de la alimentación y de la farmacia, especialmente en el área de vacunas. El informe de Foment calificaba de “crítica” la situación financiera de un 15% de las empresas afectadas por esos impagos, que han tenido o bien que cesar su actividad o bien cerrar, por su dependencia exclusiva de Cuba. “La cifra de 350 millones ha bajado, pero porque algunos de los acreedores han suspendido pagos”. Frente a la acumulación de impagos, el citado portavoz señala el diferente comportamiento de los acreedores de otros países como Rusia o China, que optaron por salir de ese mercado o por renunciar al cobro de las deudas ante las quitas exigidas.

Pero la deuda no es solo privada. El Gobierno español también acumula un importante montante de facturas sin pagar de su homólogo cubano y la única forma que ha encontrado para recuperar el importe adeudado es a través de la creación de programas de conversión de deuda, que tienen como objetivo “impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social de países en desarrollo, mediante la condonación de deuda y su transformación en proyectos de inversión con alto impacto”. El último de estos mecanismos de compensación se firmó en Sevilla a principios del pasado julio para financiar proyectos de desarrollo sostenible en sectores clave como la energía, el agua o la seguridad alimentaria, entre otros, en el país caribeño.

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