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Ana María Shua: “La gente se puede pasar horas hablando de enfermedades”

La autora argentina explora en sus relatos cómo la enfermedad, la edad y el dolor atraviesan y transforman la vida

“Cuando estás metida adentro, el dolor es todo, te rodea, te incluye, es como una gran bola roja de la que quisieras escapar y no hay salida. Es el infierno”, escribe Ana María Shua (Buenos Aires, 74 años) en Un canto a la vida, el texto que abre El cuerpo roto. En los 12 relatos del libro ahonda en la enfermedad, la pérdida, las transformaciones de cuerpo y mente con la edad, y su efecto en la existencia, de uno mismo y de los demás. “Lo que hizo la medicina moderna no es prolongar la vida, es prolongar la vejez, que ahora dura muchos años. Mientras uno es joven tiene su cuerpo, pero cuando empieza a tener una cierta cantidad de años, carga con su cuerpo”, asegura.

El primer y el último relato parten de su experiencia directa, pero en muchos hay detalles personales, como en Los Gaspáridos, que narra cómo vive un grupo de WhatsApp la enfermedad de un amigo, del ánimo inicial al estupor cuando se prolonga. Cosas tan cotidianas que despiertan muchas conversaciones. “La gente se puede pasar horas hablando de enfermedades”, sostiene Shua, “a mí el primer libro que trataba del tema de la enfermedad y me impresionó fue Mujercitas, de Louisa May Alcott, que leí de muy pequeña, en el que Beth enferma y muere”.

En su primera novela, Soy paciente, de 1980, Shua ya abordó este asunto. ¿De dónde viene ese interés? “Es un tema que me fascina como lectora y espectadora, no me pierdo ninguna serie de médicos. Cuando era chica me gustaban los libros de aventuras, pero no es tan fácil vivir hoy aventuras. Hay que tener mucho dinero para subir al Everest y no cualquiera hace una expedición al Amazonas, pero ¿quién no se enferma alguna vez? Y la enfermedad también es una aventura. El amor y la enfermedad son aventuras para todo el mundo. Y a mí me interesa más la enfermedad”. En uno de sus relatos narra cómo su protagonista afronta una pérdida aferrándose a un gato, en otro aborda lo poco que se conocen los engranajes del cerebro...

Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, o La máscara de la muerte roja, de Edgar Allan Poe, son obras que marcaron a esta autora cuyos libros infantiles forman a los lectores del futuro. “Entraron en la escuela en toda América Latina, tengo libros publicados en el 88 que los maestros siguen pidiendo. Me perturba encontrarme con un adulto que me dice que creció con mis libros”, dice con una sonrisa. Ella comenzó trabajando en publicidad y ha visto la transformación del mundo editorial: “Cuando empecé, los editores eran hombres y para una mujer era más difícil publicar, eran redes masculinas. Había escritoras que vendían, Beatriz Guido o Marta Lynch, pero no tenían prestigio. Hoy las mujeres han logrado entrar en los círculos prestigiosos; tienen ventas y prestigio”. 

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