El BEI urge a invertir en la fabricación de paneles solares para garantizar la seguridad económica
Calviño recuerda que China controla el 90% de la cuota mundial de este mercado y eso implica dependencia


El Banco Europeo de Inversiones (BEI) apunta a la fabricación de paneles solares y sus componentes como un sector clave para que la UE pueda garantizar su autonomía estratégica y su seguridad económica. Lo hace su presidenta, Nadia Calviño, en una carta remitida al presidente del Consejo Europeo, António Costa, unos días antes de que los líderes comunitarios se reúnan en un “retiro” el próximo 12 de febrero para debatir sobre la competitividad europea y los caminos para impulsarla. “Es necesario adoptar medidas urgentes y bien coordinadas para gestionar la transición hacia una mayor diversificación de los proyectos solares dentro de la UE, impulsando la capacidad de fabricación europea para suministrar los componentes más sensibles de los paneles solares”, se lee en un texto al que ha tenido acceso EL PAÍS.
La carta de Calviño, de cinco páginas, se divide en tres apartados. La demanda de acción en el sector de la energía solar aparece en el primero. En este, siguiendo en la dirección que ya apuntaba el expresidente del BCE, Mario Draghi, se apuesta por reducir el precio de este suministro básico de la industria −la energía− como la vía para ganar competitividad. Y para lograrlo, en una UE sin grandes reservas de combustibles fósiles y dependiente de otras áreas del mundo, la apuesta, dice el BEI, es “apoyar la transición verde y la energía asequible para unas empresas envueltas en decisiones estratégicas conectadas con la seguridad económica”.
Lo que pasa es que también en el campo de la energía solar la UE depende de otras áreas del mundo: de China, concretamente. El gigante asiático domina la fabricación y las cadenas de suministros necesarios para fabricar paneles solares y sus componentes: “Los proveedores chinos poseen más del 90 % de la cuota de mercado mundial”, dice el texto suscrito por la presidenta de la primera entidad crediticia de las instituciones europeas. Algo similar sucede con las baterías; no así con la energía eólica, siempre según la carta del BEI, que suele considerarse a sí mismo como un banco verde por la cantidad de crédito que concede a proyectos a los que puede etiquetarse así.
La competitividad se ha convertido en el objetivo que dicen perseguir todas las instituciones europeas. Los últimos recetarios están elaborados desde hace casi dos años: los informes de los ex primeros ministros italianos, Enrico Letta y Mario Draghi, son exhaustivos y apuntan en los dos casos a la mayor integración del mercado interior como una solución clave para resolver buena parte de los problemas que afronta la UE en la geoeconomía mundial. Y a pesar de esto, hay elementos y síntomas que evidencian que no se avanza en este campo. Se han hecho famosos dos datos que aparecen en un informe del FMI que viene a decir que las trabas que se enfrentan el comercio de bienes entre los países de la UE equivalen a un 60% de aranceles (cuando Estados Unidos abrió la guerra comercial en abril de 2025 los elevó al 35% para las importaciones europeas) y al 110% en el comercio de servicios.
Y cuando se habla de ahondar en el mercado único, las finanzas son una de las mayores asignaturas pendientes. El remate de la Unión Bancaria −el seguro de depósitos común− lleva años varado en el Consejo de la UE (o sea, entre los Estados Miembros) sin visos de avanzar. Mejor suerte, al menos se habla de ella y se han presentado proyectos legales recientemente por parte de la Comisión Europea, está corriendo la unificación del mercado de capitales, ahora llamada unión de ahorros e inversiones (SIU, por sus siglas en inglés).
Para destacar la importancia de esto, la carta del BEI destaca que casi la mitad de las empresas europeas (el 45%) creen que la financiación es un problema para invertir, frente al 29% de las estadounidenses. “Estas limitaciones se hacen notar precisamente en el momento en que las empresas más dinámicas necesitan acelerar su crecimiento o internacionalizarse; en resumen, cuando buscan crecer”.
También con el objetivo de impulsar la inversión, Calviño pone el acento en el próximo presupuesto plurianual de la UE (2028-2034) cuyo proyecto se presentó en 2025 y ahora está negociándose en las dos instituciones que tienen capacidad legislativa: el Parlamento Europeo y el Consejo de la UE. Y es en este contexto en el que la española plantea que el programa InvestEU (una herramienta que en España, por ejemplo, ha invertido en proyectos de biogás o redes de transporte energético) aumente sus garantías financieras de los 29.000 millones actuales a 40.000.
“Espero que estas ideas y propuestas constituyan una contribución útil para el próximo debate de los líderes”, plantea Calviño a Costa. El portugués ha organizado para esta semana el segundo retiro de líderes de la UE. El año pasado se celebró por primera vez con el gasto en defensa como tema estrella. De la cita no se salió −no estaba previsto entonces ni ahora− con unas conclusiones por escrito como en un Consejo Europeo oficial. No obstante, semanas después de aquel encuentro se dieron pasos significativos en este campo, como el programa de inversión de defensa (SAFE) que financia con 150.000 millones de euros compras de material bélico y proyectos de seguridad y defensa o la opción de que los Estados miembros que quisieran podían solicitar la suspensión de las reglas fiscales para aumentar sus presupuestos de Defensa.
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