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ACUERDO UE-MERCOSUR
Opinión

Autogol europeo

El aplazamiento del acuerdo comercial con Mercosur es un negocio ruinoso en sí para la UE

El aplazamiento del acuerdo comercial Unión Europea (UE)-Mercosur por el Parlamento Europeo (por 10 votos de diferencia) abre un vacío dramático para Europa.

Si la Comisión pasa por encima y decide aplicarlo provisionalmente desde ya —para lo que dispone de competencia— superará ese agujero, pero se arriesga a abrir un conflicto institucional.

En caso contrario, la petición parlamentaria al Tribunal de Justicia (TJUE) para que examine el texto, lo congela un año y medio o dos. Y en modo torticero, pues ese es su objetivo, apelando a un truco procesal: casos anteriores similares ya han sido validados por la Corte (Singapur, en 2017). En ese escenario el drama resulta, desde la óptica geoeconómica, triple.

Uno, facilita a Estados Unidos un salto sin cortapisas hacia una hegemonía incontestada en toda Latinoamérica (LatAm), aplicando la doctrina colonial del “patio trasero” de James Monroe. Dos, en su defecto, empuja a China para disputar allí las posiciones europeas (los tres actores se disputan la primacía). Y tres, debilita su credibilidad para negociar el tratado comercial en embrión con India, un espacio con 1.400 millones de habitantes, cinco veces más que Mercosur: la contraparte se dirá que si la UE es incapaz de ratificar lo acordado, ahorremos esfuerzos.

Pero además, el rechazo es un negocio ruinoso en sí para la UE, un alucinante autogol. El estudio más reciente cuantifica en 3.000 millones de euros anuales la minoración de las exportaciones europeas, y en 4.400 millones el fallido aumento del PIB (The cost of delaying the ratification of the EU/Mercosur trade agreement, ECIPE, diciembre 2025).

Mayor suicidio para el promotor del boicoteo, Francia. Su industria perderá mucho, pero su sector primario quedaba en equilibrio: las ganancias en vino y leche compensaban las pérdidas en carne de vacuno. Y el efecto negativo en esta (0,3% en la renta de los ganaderos) era ínfimo comparado con la duplicación de sus precios desde 2019 (Alexandre Gohin y Alan Mattews, The European Union/Mercosur association agreement: implications for the EU livestock, Journal of Agricultural Economics, 26/9/2025). Con su hiperproteccionismo, el Hexágono ha caído desde el año 2000 de segunda exportadora mundial a sexta, y España le pisa los talones. La experiencia española con Marruecos debiera vacunarnos a todos: gracias a los acuerdos con la UE, el reino alauita ha rebasado a España por su exportación a los Veintisiete… en volumen; pero sigue muy por debajo en valor.

El imperativo hoy es diversificar a otras zonas las exportaciones que Estados Unidos dificulta mediante aranceles. Veamos el ejemplo chino. Pese a una presión arancelaria intensísima, en 2025 ha logrado aumentar sus ventas al exterior —a todo el mercado mundial— en un 5,5%, medio punto más que su PIB (5%). Mientras que la UE ha visto reducir las suyas en un 6,5% (hasta noviembre del mismo año; datos de TradeEconomics, Eurostat); España es una excepción, las incrementó un 0,6%.

Es muy relevante que las ventas europeas destinadas a Estados Unidos cayeran entre agosto (los aranceles rigen desde final de julio) y noviembre un 10%; pero el último mes, un 20,3%: pésima tendencia. O se compensa en LatAm, en India y otras zonas, o ¡ay! de la primacía comercial europea en el mundo.

Hay otras sinrazones en el bloqueo del Parlamento, atizado por los ultras de ambos signos.

Contra lo que propagan, “todos los productos importados [de Mercosur] deben respetar las normas sanitarias y fitosanitarias de la UE, sin engorde con hormonas o tratamientos antibióticos”, escribe el gran experto francés Jean-Luc Demarty (L’accord Mercosur: un succès européen, un naufrage français, Telos, 13/1/2026). Otra cosa son los controles que efectúe cada Gobierno. Pero eso es asunto nacional, no europeo.

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