Un refrito resultón
El legendario Mini roba el protagonismo a Mark Wahlberg en la versión para videojuego de la película The Italian Job. Los jugadores prefieren el tremendo agarre de este vehículo circulando a toda velocidad por el centro de Los Ángeles a la seductora mirada de este ladrón. Analizando el contenido que forman tanto el videojuego como la película, más de uno creerá que ha entrado en un bucle temporal en el que se han terminado definitivamente las ideas originales. El filme es una reversión del clásico cómico protagonizado por Michael Kaine, el coche protagonista es un nuevo diseño basado en el Mini original y el juego es un refrito de títulos de renombre, como Midtown Madness o Crazy Taxi.
'The Italian Job'
Desarrolla: Climax
Distribuye: Proein
Plataforma: PlayStation 2, Xbox y GameCube
Género: Carreras
Edad recomendada: Todos los públicos
Precio: 60 euros
Internet: www.eidos.co.uk/gss /italian_job/
A pesar de todo, el resultado es un videojuego entretenido, que proporciona varias horas de diversión al tiempo que aprovecha el tirón del estreno de la película para conseguir unas buenas ventas.
El modo de juego principal se basa en un guión que sigue los pasos del celuloide, pero en este caso será el jugador quien deberá conducir los distintos vehículos entre escena y escena. El objetivo final es robar de nuevo el oro arrebatado por Steve Bandell, el miembro que tras el primer golpe ha traicionado a la banda. Las misiones implican desplazarse de un punto a otro y realizar acciones como recoger un carnet robado para, a continuación, alquilar un coche de forma anónima. La variedad está en la posibilidad de tener que escapar de una persecución policial o realizar un seguimiento a un vehículo determinado.
Para compensar la corta duración del modo Historia, se puede participar en otras opciones, como el Circuito de Carreras, en el que el juego se convierte en el típico título de conducción en el que se compite por acabar primero; o el modo Circuito de acrobacias, en el que lo importante es realizar piruetas tales como saltos o poner el coche sobre sus ruedas laterales para conseguir una mejor puntuación.
La conducción en The Italian Job es absolutamente arcade, es decir, prescinde del realismo para proporcionar diversión. La factura técnica apenas alcanza el notable y se detectan rápidamente carencias respecto a otros títulos, como los peatones -inexistentes- o un modelado más detallado de los escenarios y las texturas.
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