¡A la guerra!
Hubo un personaje que se llamaba 'Oselito', a la sevillana manera, del dibujante Martínez de León: Oselito puso un tingladillo de castañero a la puerta del Banco de España; un compadre le pidió una peseta, y Oselito le dijo: 'No puedo: tengo un acuerdo con el Banco, él no puede vender castañas ni yo conceder créditos'. Le recuerdo por lo que Aznar dijo a Bush por su teléfono rojo, el teléfono de Gila: aunque la ONU le niegue su apoyo contra Irak, nosotros se lo damos en agradecimiento a su ayuda contra el terrorismo vasco. Hoy o mañana, podemos estar en guerra: la ha proclamado el presidente del Gobierno sin contar con nadie. Si no le importa la ONU, ¿por qué le ha de importar su propio Parlamento? O el país que sufrirá la intervención en una guerra que puede ser tan criminal como la de Afganistán, aunque no tanto como la de Palestina a la sombra de Nueva York, que tiene la crueldad de hacerse contra civiles.
Menos mal que después de nuestro Nueva York con nuestras víctimas (a las que se ha dedicado una conmemoración masiva y utilitaria, en el sentido de continuar la guerra de venganza) los soldados buenos ya no mueren, 'y en ello veo, Melibea, la grandeza de Dios', como decía Calixto, aunque no sé lo que diría hoy Rojas, judío que debió convertirse al mismo tiempo que los Haro. Lo que no conviene es ser civil, pero: aquí estamos seguros. No creo que los raros tubos metálicos que un espía de Bush vio llegar a Bagdad sean para bombas atómicas, ni creo en los espías de Bush, como es natural. Tampoco cree él. Nuestra alineación de súbditos de Aznar con el Imperio es, naturalmente, justa. Irak es un pobre país destrozado por su tirano y por los nuestros, bloqueado, hambriento: no merece la pena que se conserve. Es uno de los pasos para librar al mundo del hambre: extinguir a los pobres, porque las hambrunas son lentas y los tíos se multiplican y se echan al Mediterráneo o al río Grande para salvarse. Colaboremos, pues, para barrer de la geografía -como Aznar hará con los golfillos de la calle- a los miles de millones de desgraciados: ahora Irak, mañana Corea del Norte, quién sabe si llegaremos a Pakistán.
(Leo que van a dar subvenciones a las amas de casa que cuiden de ancianos: se lo voy a decir a Concha, para que me cuide).
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