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Editorial:
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Autovía polémica

CASI TRES lustros después de las primeras polémicas por su exclusión del Plan Nacional de Carreteras de 1984, la autovía Madrid-Valencia será inaugurada hoy, una vez terminada la construcción de los últimos 44 kilómetros. Pocos ponen en duda que la autovía de 352 kilómetros es imprescindible para canalizar el voluminoso tráfico rodado entre ambas ciudades y que es una pieza de infraestructura muy importante para el intercambio de ambas zonas, hasta el punto de que se calcula que producirá un ahorro de 4.000 millones anuales. Pero la opinión pública conoce esta carretera porque ha sido polémica durante muchos años. Entre otras causas, por las injerencias políticas para definir su trazado. La más conocida, el agrio enfrentamiento entre el entonces ministro José Borrell y el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono, ambos socialistas, en torno al trazado a través de las Hoces del Cabriel, un área de elevado valor ecológico. Finalmente, el Gobierno de Aznar modificó el trazado definitivo de la autovía, soslayando las Hoces, y después de 10 meses de obras ha concluido el tramo final, los nueve kilómetros que cruzan el embalse de Contreras con un trazado de gran complejidad técnica, que incluyen la construcción obligada de tres viaductos.Es muy loable el esfuerzo que se ha realizado para minimizar el impacto de la autovía sobre el medio ambiente y la voluntad política de evitar la degradación de las Hoces y los Cuchillos del Cabriel. Sin embargo, son más discutibles las escasas explicaciones que se han dado hasta ahora sobre los costes finales. Bien está celebrar como se merece la conclusión de una obra que debió haberse realizado hace ya muchos años y que era una de las mayores carencias de nuestra red de carreteras, pero los ciudadanos tienen derecho a conocer con detalle cuál ha sido el coste final. Fomento debería explicarlo en el Parlamento.

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