Tommy Robredo: “Alcaraz y Sinner son como Messi y Cristiano; necesitamos líderes natos”
El catalán, director del Godó y en su día quinto del mundo, reflexiona sobre la evolución de su deporte y el nuevo orden: tan hegemónico como imprescindible


“Tal vez haya que mover estas sillas, ¿no?”. A primera hora, el rocío mañanero ha empapado el mimbre y Tommy Robredo (Hostalric, Girona; 43 años) emplea más de cinco minutos en dar con un soporte seco y charlar con generosidad. El catalán se retiró hace cuatro años sobre la arena del centenario Reial Club de Tennis Barcelona y hoy día dirige un torneo convertido en un oasis de felicidad. Distinto. “Boutique”, describía su predecesor en el cargo, David Ferrer. “Queremos que el jugador se sienta como en casa”, prolonga ahora él, un competidor cerebral que llegó a ser el quinto del mundo y en perspectiva testigo directo de la evolución: juego y modelo cambian. Las figuras, también.
Pregunta. Un chasco la marcha repentina de Alcaraz, ¿no?
Respuesta. Es un infortunio para todos, pero sobre todo para él, porque al final venía con toda la decisión de hacer un buen torneo aquí e intentar recuperar el número uno. Le encanta jugar en Barcelona. Confiábamos en que fuera un mal gesto y en que pudiese recuperarse un poquito al día siguiente, pero no ha podido ser.
P. Desde el punto de vista organizativo, ¿cómo se reacciona en la organización? ¿En qué medida merma una baja así al torneo?
R. Por nuestra parte, lo que tenemos que hacer es intentar tener un buen plan de jugadores, lo más amplio posible; estar bien servidos por si suceden cosas de este tipo y cuidar a los tenistas. Tenemos muy buenos jugadores… Pero sí, lógicamente es una pena muy grande. Hacemos un gran esfuerzo para tener a los mejores y es una faena, pero hay una serie de cosas que no podemos controlar. Por ejemplo, si hoy de repente se pone a llover, yo no tengo el poder de limpiar el cielo… Hay que sobrellevar este tipo de cosas, los infortunios que no están en nuestras manos.
Lo de Alcaraz es una faena, pero si llueve nosotros no podemos limpiar el cielo. Le agradecemos que venga
P. Hablar de cuidar al tenista. ¿Hasta qué punto este sistema, tal y como está montado, vela de verdad por su salud?
R. A ver, los jugadores tienen que jugar una serie de Masters 1000 y de 500, y luego los Grand Slams. Pero cuando digo tienen, si uno no quiere, no juega. Los jugadores aman este deporte, pero si no se encuentran bien, pueden descartar una semana y jugar otra más adelante. Un tenista puede llegar a jugar unos 18 torneos al año, lo cual no es una barbaridad; yo hacía unos 26, aunque también es cierto que no llegaba tan lejos como Alcaraz y compañía. De todos modos, Carlos puede escoger y ha decidido jugar aquí, y nosotros se lo agradecemos muchísimo.
P. Son cinco torneos de tierra encadenados y ahora, además, Madrid y Roma duran dos semanas en vez de una. ¿En qué posición queda el Godó? ¿Crece la amenaza sobre este tipo de torneos, los 500 o 250?
R. Hay muchas variables. Los jugadores tienen sus opciones y deben escoger. En realidad, yo diría que el calendario es bastante bueno para nosotros, no creo que esté mal. Al contrario. Madrid está a menos de tres horas en tren y antes de competir allí tienen unos días de descanso. Pongamos que Carlos jugase en la Caja Mágica el sábado; si se diera el caso de que gana aquí, tendría un par de días libres y luego margen para entrenarse allí. Anteriormente, muchas veces un torneo empezaba en lunes y llegabas un domingo, porque hay tenistas que valoran pasar más tiempo en casa. Esto depende mucho de cada uno, es muy personal; en función de cómo vaya la temporada… A veces pasan cosas puntuales que no se pueden controlar; hay equivocaciones, pero que no juegues la semana anterior no te garantiza que no vayas a lesionarte.

P. ¿Cuántos fuegos hay que apagar como director?
R. El fuego sería que un jugador no quisiera venir al año siguiente porque no hemos conseguido que se sienta cómodo. O que no puedas contentar a todo el mundo, porque te sabe mal. Hay que intentar gestionar las cosas del mejor modo posible. No los llamaría fuegos, sino gajes del oficio.
P. Transmiten que es muy intervencionista, en el sentido positivo. Que le gusta estar muy pendiente de todo. ¿Es así?
R. Yo he sido jugador, he ido a los torneos y he visto cosas que me han encantado y otras que las hubiera hecho de una forma diferente. Se trata de dar el mejor servicio. Intento ir viendo todos los detalles y mejorar aquello que se puede, o que yo así lo considero. Como director no puedo sentarme en mi despacho para hacer el horario y ya está, pero al mismo tiempo tampoco puedo controlarlo todo. Tenemos un equipo súper bueno y entre todos intentamos que la experiencia sea lo mejor posible.
P. ¿Qué estresa más, la competición o la gestión?
R. Es distinto. Cuando uno tiene 18 años no piensa en nada, pero conforme crece va teniendo otras preocupaciones. Cuando tienes 18, si el fisio te dice que hagas diez flexiones, tú las haces, pero cuando uno ya tiene 25 le dices: ‘ok, bueno, pero solo diez porque tengo molestias…’. Para bien o mal, esto va así. Siempre digo que si tú das el máximo, no puedes reprocharte nada. Yo vengo una hora y media antes cada día e intento mirarlo todo. Siempre hay un grado de mejora.
Hay que ir hacia el nuevo mundo y está claro que las nuevas potencias económicas intervienen en el tenis
P. A un torneo de estas características, encajonado espacialmente en el barrio, ¿cómo se le puede dar una vuelta de tuerca? ¿Cómo se compensa esa limitación? David Ferrer, su predecesor, hablaba de proponer un modelo boutique.
R. El Godó está valorado con unos estándares muy altos, como muy top. Tenemos unas puntuaciones brutales y eso es un orgullo. David hizo un trabajo brutal y Albert Costa antes también. Hay tres patas fundamentales: los aficionados, los jugadores y los patrocinadores, e intentamos alcanzar el máximo para cada una de ellas. Ahora, por ejemplo, estamos probando lo de la night session [sesión nocturna]; mucha gente sale de trabajar a las cinco y no puede llegar a los partidos. Tratamos de ir implementando cositas y conservar o potenciar aquellas que ya funcionan. Tenemos que estar siempre a la última, porque si no, te quedas obsoleto.
P. ¿Hacia dónde va el tenis, en términos estructurales? De repente ha entrado un nuevo actor, Arabia Saudí, con una inyección económica muy importante y una presencia más y más creciente.
R. Si comparas cómo funciona una empresa hoy y cómo lo hacía hace veinte años hay un cambio, ¿no? Creo que la evolución es bastante correcta. En su día se China se hizo fuerte y comenzó a tener torneos, y creo que fue un acierto. Al final hay que ir hacia el nuevo mundo y está claro que las nuevas potencias económicas intervienen. Obviamente con la entrada de Arabia [se perfila una gira en febrero a partir de 2028, con un Masters 1000] caerán algunos torneos. Supongo que la ATP habrá estudiado bien pros y contras, pero ante todo creo que en el tenis debemos estar unidos e ir de la mano. Hoy vamos todavía un poquito por separado.

P. Los jugadores se han unido formalmente y reclaman una mayor porción del pastel. Como actores principales, ¿es lógica su demanda?
R. Al final el jugador siempre pide más y desde arriba [ATP y WTA, los estamentos oficiales] nos aprietan para que subamos los premios. Es normal. Pero no se puede quemar a los torneos, debe haber una proporcionalidad. Debemos ir creciendo a la par. Los cuatro grandes generan una barbaridad de dinero; cada año incrementan esos premios, pero al mismo tiempo cada vez ingresan más. Si ellos generan diez y reparten tres, y nosotros diez y pagamos cinco, algo no cuadra. Ellos son los que pueden hacer un cambio significativo. Es normal que el jugador siempre pida más, de la misma forma que el torneo le exige ahora más en cuestiones publicitarias y otras cosas.
P. Usted se retiró en 2022, con 39 años. ¿Le gusta hacia dónde va el juego en sí?
R. Los tenistas ahora son mucho más atletas que antes, sin duda. Son monstruos. Le pegan mucho más fuerte y son mucho más rápidos que nosotros, recuperan mejor, la genética ha ido también mejorando muchísimo… Si tú ves los vídeos de la generación de Santana, los de la mía y los de ahora, unos van a uno por hora, otros a cinco y los de hoy a diez. Yo me pongo vídeos de cuando empecé y me digo: ‘joder, jugaba muy despacio’. En veinte años han cambiado las cosas muchísimo.
Es normal que los jugadores pidan más, pero la ATP nos aprieta y debe haber una proporcionalidad
P. Intervenía menos lo físico, pero quizá se pensaba más.
R. Había mucha más táctica, tenías que mover más al rival, ir más de aquí para allá y a la red; se veían más cortaditos, más saque y volea, otras cosas… En mi época el juego era táctico, pero ya le pegábamos un poquito más fuerte. Ahora, si alguien usa la táctica se la pueden romper con un tiro.
P. Hoy, las dos o tres primeras bolas son trascendentales.
R. Sí, así es. Creo que ahora las hacen un poco más pesadas, para compensar, y quizá haya que introducir algunos cambios de aquí en adelante; por ejemplo, subir un poquito la red, porque ahora la altura media de los jugadores es de 1,90 y así se obligaría a no jugar tan recto. Pero yo no haría muchos, ¿eh? Se debe respetar la tradición. La Fórmula 1 ha hecho algunos cambios este año y no creo que no sea muy bonita.
P. Usted venció a Federer y a Djokovic en su apogeo. ¿Cómo de buenos son los dos nuevos fenómenos?
R. Lo que hemos vivido es una barbaridad. Que esos tres [Djokovic, Nadal y Federer] ganasen 66 grandes es una absoluta brutalidad. Piense que para ganar un grande hay que jugar siete partidos y cualquier día puedes tener mareos, dolores, molestias o estar jugando lesionado… Y de repente aparecen estos dos [Alcaraz y Sinner] y han ganado ya siete y cuatro respectivamente; pero es que además ganan los partidos fácil, nada de 4-6, 7-6 y 7-6… Su nivel de precisión y de concentración es una barbaridad. Mire, por ejemplo, cómo ganó aquí Alcaraz el partido del otro día; sin hacer nada del otro mundo, estando errático y con la muñeca de aquella manera…

P. Antes nos quejábamos de que no había relevo, y ahora de que Alcaraz y Sinner ganan demasiado. ¿En qué quedamos?
R. Yo lo prefiero así, sin duda. Acuérdese de cuando Serena desapareció [en 2022], que se generó un vacío muy grande en la WTA. Ahora está Sabalenka, que o bien gana o bien está siempre ahí, pero antes de ella podía ganar prácticamente cualquiera. Creo que eso no es bueno para la marca. Estos dos de ahora son dos monstruos dentro y fuera de la pista; uno es la magia y el otro la maquinaria, y uno tiene una forma de ser y el otro una muy diferente; además se llevan bien...
P. Como si estuviera escrito.
R. Carlos es capaz de hacer una genialidad y luego de cometer un fallo que le hace humano. Es como cuando coincidieron Messi y Cristiano Ronaldo; o sea, brutal. En el deporte se necesitan líderes natos porque ayudan a crecer y benefician a todos: torneos, aficionados y patrocinadores. Si no existen esos líderes, todo es diferente.
Jódar me alucina. Su bola te viene de otra manera; o sea, como la de los buenos. Subirá como la espuma
P. ¿Qué le parece cómo está gestionándolo todo Alcaraz desde tan joven?
R. Es una empresa. Los tenistas siempre lo han sido. Pero hay que saber llevarlo. En su caso estamos hablando de un nivel de estrés y de profesionalismo muy extremo. Yo ahora, desde mi perspectiva, me veo preparado, pero con 20 años no lo estaba, seguro... Es durísimo para un chico de esa edad, sin experiencia. Vas aprendiendo y curtiéndote. Que lo lleve como lo lleva es espectacular. Lógicamente tiene un equipo detrás, pero el que está ahí y debe manejarlo todo es él. Es muy fácil despistarse. Somos humanos, y que un día uno quiera ir a tomarse una copa, a un concierto o al cine es lo más normal del mundo, faltaría más.
P. Ahora también reluce Jódar. ¿Cuánto le ha impactado su despegue?
R. Mucho, me impresionó. Nunca le había visto en persona y el primer día [el lunes, contra Jaume Munar] me dejó alucinado. Quizá Jaume estaba al 80% [reaparecía tras dos meses], pero luego hablé con él y me dijo que su bola te viene de otra manera; o sea, como la de los buenos. Me dejó alucinado por cómo le pega desde todos lados, por su mentalidad. Subirá como la espuma. La semana que viene ya va a estar el 40 y creo que va a ir muy rápido. Es diferente. Está el veinte en la race [la carrera anual] habiendo sido el 150º del mundo… Tendrá algún momento en el que perderá algunos partidos y que le pase factura, como es lógico; deberá adaptarse a esa situación, a jugar en pistas ante 7.000 personas o más y manejar esas circunstancias, pero me ha impactado mucho. Es humilde y trabajador, y si encima le pega como le pega…
P. Y eso que hace cuatro días no había futuro tras Nadal.
R. Es que ahora miras lo que viene detrás de Carlos y ves a Jódar y a Landaluce, y también está ahí Dani Mérida. Que haya relevo es muy bonito.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































