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Àlex Corretja: “Dicen que no me mojo, pero necesito controlar en qué batallas me meto”

El catalán, hombre polifacético, se ha convertido en una de las grandes referencias entre los comentaristas del tenis. Charla con EL PAÍS desde la óptica comunicativa

Àlex Corretja posa para le entrevista en las instalaciones del Club de Tenis de Sant Cugat (Barcelona).Massimiliano Minocri

Radio, televisión, redes sociales. Conferencias motivacionales. Padre de tres hijas. También, viajes de aquí para allá. “Y mañana tengo francés a las once… Porque doy clases cada semana para ir perfeccionándolo, al igual que con el inglés”. Àlex Corretja (Barcelona, 51 años) es un alma inquieta y “supertransparente” que en el transcurso de la conversación enseña una libreta llena de garabatos con precisiones para las retransmisiones y apuntes personales del día a día: “Intento ser el mejor padre posible, la mejor pareja posible, el mejor hijo posible”. El ejercicio físico le ayuda a “refrescarse mentalmente” y a “estructurar bien el resto” de la jornada. A partir de ahí, se enciente el piloto rojo y él, sencillamente, fluye. Es comentarista de Movistar+ durante los torneos más importantes de la temporada del tenis. “Estoy hablando mucho, ¿no?”, dispara tras la primera contestación.

Pregunta. ¿Cómo demonios logra alcanzar un equilibrio?

Respuesta. Hoy día, lo fundamental en mi vida es disfrutar de todo lo que hago en cada momento, y tengo la gran suerte de que puedo escoger; decido dónde quiero estar y con quién quiero estar, y eso es un privilegio infinito. Me ha costado años el poder gestionar todo esto porque, por la educación que he recibido, a veces me resulta difícil decir que no a según qué cosas, porque puede quedar feo o parecer que desmereces según qué propuestas. El poder decidir lo que haces con tu tiempo es, en mi opinión, el mayor éxito posible.

P. ¿De dónde nace el don comunicativo que tiene? ¿Herencia familiar o cualidad innata?

R. Mi padre estudió Magisterio y ha sido profesor en una escuela del Carmelo, en Barcelona, así que siempre ha sido muy pedagógico. La historia tal vez venga por ahí. Después, a medida que he ido creciendo y evolucionando he querido seguir desarrollándome como persona; formarme como a lo mejor no había podido hacerlo durante mi carrera tenística. Ahora leo muchísimo y siento que eso me ayuda. Trato de mantener la mente muy viva, muy ágil. También me fijo en comentaristas de tenis, en otros programas de la tele e incluso en la música. Recuerdo haber ido a un concierto de Coldplay y ver cómo transmitía Chris Martin, cómo se metía en el papel, en plan: ¡Guau! Entonces pensé: yo quiero que la gente de casa también se sienta parte del espectáculo. Debes entender que estás explicando lo que sucede y que a la vez tienes que entretener. Se trata de llegar a todo el mundo, tengan 10 años u 80.

No planifico nada, simplemente me dejo llevar. Se trata de llegar a todo el mundo, tengan 10 años u 80”

P. ¿Se lo prepara mucho o es más bien instintivo?

R. No planifico nada, simplemente me dejo llevar. La clave es que he aprendido a saber separar muy bien lo que estoy haciendo en cada momento e intento vivir cada minuto como si fuera una película, con el máximo agradecimiento, porque esto va rápido y las cosas cambian de un momento a otro. Diría que he encontrado un punto interno más filosófico que me ha ayudado mucho. El leer más y escuchar entrevistas de gente profunda me hace sentirme mejor y me ayuda a gestionar las situaciones. Leo todas las noches al acostarme, aunque esté muy cansado. Aunque sean solo tres páginas…

P. ¿Qué tipo de lectura le gusta?

R. Son libros de autoayuda, más o menos. Es muy bueno Atomic Habits (Hábitos Atómicos, de James Clear); al final, te das cuenta de que en la vida todo son hábitos, y yo soy muy de hábitos. Hay otro muy divertido que clasifica los caracteres de las personas por colores, Surrounded by Idiots (Rodeado de idiotas, de Thomas Erikson); me ayuda a relativizar y a pensar que cuando te cae alguna crítica fea no significa que tú seas un imbécil, sino que el otro no va por la misma línea, ya está. ¿Y le suena Mel Robbins? Es una autora norteamericana. Ahora ha publicado un libro titulado Let Them Theory (Déjales teorizar). Todo eso me aporta un montón, sobre todo en lo relativo a las redes sociales.

P. En ese sentido, usted es muy activo. ¿Le afectan mucho las críticas?

R. Tengo la gran fortuna de que el 99% de los comentarios son muy positivos, pero siempre hay alguno que no. Antes pensaba: ¡Pero si me considero buena persona! ¡Pero si lo hago con buena fe y con respeto! Años atrás me costaba más gestionar eso y ahora es como: ‘déjales, porque es algo que no puedes controlar’. Lo que sí puedes controlar tú es cómo gestionas las cosas. Eso sí está en tu mano.

P. También el ritmo de la narración. ¿Hasta qué punto es determinante el manejo de los silencios en el tenis?

R. En este deporte es clave. Soy muy enérgico, pero a la vez tienes que ser muy concreto y muy conciso para explicar las cosas. Al mismo tiempo, debes dejar margen para que la gente recupere porque esto es un arriba-abajo y abajo-arriba constantes. Hay que encontrar un punto en el que todo sea dinámico, pero sin excederte. A mí me gusta adaptarme a la intensidad del narrador principal para que haya un equilibrio, porque si no, vamos mal.

No me gusta comprometer a la persona. Sacarle algo que te haga tendencia en las redes no me compensa

P. ¿Se acuerda de su primera vez ante el micro?

R. Sí, fue en un Masters nacional, en Valladolid. Yo había tenido un problema en un ojo [una lesión ocular que precipitó su retirada, en 2006] y estaba haciendo una pausa, y entonces desde Televisión Española me preguntaron si quería probar. A partir de ahí fui haciendo más torneos y luego, un día se me ocurrió preguntarle al productor si podía hacer alguna entrevista a pie de pista al acabar los partidos, porque sentía que podíamos exprimirlas un poco más, que tal vez podía aportarles un valor añadido. Enseguida noté que a la gente le llegaban mis comentarios, aunque, de hecho, hoy día todavía me pregunto por qué…

P. Seguramente, porque lo ha vivido desde dentro y se pone inmediatamente en la piel del protagonista.

R. Sí, supongo. El caso es que, a diario, y lo digo con toda humildad, me para gente por la calle o en el supermercado y me dice disfrutan mucho conmigo y acabamos dándonos un abrazo. Una vez, me tiré más de una hora hablando con un hombre mayor, catedrático de Valencia, mientras estaba dándome un baño en la playa. ¡Es que me sale así! No lo hago por quedar bien, sino que me lo paso en grande. Entonces mi mujer me dice: ‘¿ves como sabes hacerlo, cariño?’. A los jóvenes les encanta que lance preguntas o haga directos por Instagram, porque esto es así: ellos solo ven el tenis o cualquier otro deporte con un móvil en la mano. Eso me ha hecho conectar muchísimo con todos ellos. Intento llegar al de enfrente, tenga la edad que tenga.

P. Recientemente entrevistó a Joan Laporta y logró que acabara cerrando los ojos, en forma de ensoñación. Eso sí que es conectar con el personaje, ¿no?

R. Lo conozco desde hace mucho y cuando nos juntamos estamos muy cómodos. A mí me gusta que la otra persona esté a gusto. Me gusta tener la libertad de poder preguntarle lo que quiera, pero sin comprometerle. Sacarle algo que te haga tendencia [en las redes] o que se pueda malinterpretar no me compensa; ese no es mi estilo, esa no es mi forma de ser. Mi paz personal no tiene precio. Además, los titulares buenos salen cuando la otra persona está relajada. Si de repente te pones a hablarle de política…

P. La semana pasada, en los Goya, algunos actores y actrices descartaron posicionarse respecto a algunos temas. ¿Cree que, más allá de los valores que pueda transmitir, el deportista debe ser embajador de algunas causas al ser un personaje público, con altavoz?

R. Uf, eso es muy difícil. Algo muy personal. Creo que el mero hecho de ser un deportista y tener ese altavoz no te obliga a tener que decir algo que a ti no te apetece porque, al final, uno no puede saber de todo. Hay temas extremadamente complejos, como una crisis política o económica. Si no lo haces te dicen que eres un mierda y que no te atreves, se te tiran encima, pero si entras o te pronuncias sobre algo, también acaban metiéndose contigo. Piensan, ‘¿pero tú quién te crees que eres? ¡Que solo has sido un tenista!’. Me parece lícito que la gente que quiera reivindicar algo lo utilice, están siempre en su derecho. Yo hago lo que siento, no lo que me digas tú, mi madre, mi mejor amigo o un tío de la calle. Aprecio mucho la tranquilidad e intento que lo que pueda decir no suponga un desbarajuste personal para mi familia. Muchas veces me dicen que no me mojo, pero solo digo algo si estoy plenamente convencido. Necesito controlar las batallas en las que me meto.

El discurso de Djokovic es el más profundo. Nadal sabe decir lo que toca. Y Federer es pura áurea

P. Pues le voy a poner en un pequeño brete. Desde el punto de vista comunicativo, ¿quién es el mejor? ¿Nadal, Federer o Djokovic?

R. Djokovic es el más profundo de los tres. Es alguien que va más allá de lo superfluo y tiene muchos conocimientos. Además de saber no sé cuántos idiomas, entra en situaciones incluso controvertidas, como el asunto de las vacunas en su día [durante la pandemia de 2020, al rechazar ponerse la inyección]. Le perjudicó mucho en lo personal y lo profesional, pero defendió una causa que entendía justa hasta las últimas consecuencias. Una inmensísima mayoría le dio la espalda, pero creo que hoy día es más amado que odiado en el mundo del tenis.

P. Independientemente de filias y fobias, de algunas connotaciones, ¿ha costado demasiado que se le reconozca? Ahora que no le queda tanto, parece que la gente ha empezado a descubrirle y a apreciarle de verdad.

R. Para empezar, la gente se ha dado cuenta de que poco a poco se nos va el último baluarte del Big Three [los tres colosos] y, además, hay que entender su carácter. Se ha mostrado siempre como realmente es y ha demostrado siempre un juego limpio espectacular; he visto a pocos tenistas que cuando pierden un partido o una final importantísima, lo hagan como él, felicitándole con honestidad al rival y dándole un abrazo sentido. Es increíble. Lo que ocurre es que a veces la gente confunde el hecho de que, porque rompa una raqueta, meta cuatro gritos y pierda absolutamente su armonía, parece malo. No es así. Es un competidor nato. ¿Por qué no le duele nada o no tiene problemas cuando va ganando? ¿Y por qué sí justo el día que va un set abajo? Lógico: porque no está tenso.

P. ¿Y qué me dice de Nadal?

R. Es la máquina perfecta de saber lo que toca, lo que corresponde en cada momento y lo que quiere decir. Controla mucho porque sabe la repercusión que tiene todo lo que dice y es lógico que tenga que medir sus palabras. Creo que a partir de ahora deberíamos conocer a un Rafa mucho más profundo de lo que ha venido explicando, porque lo que puede aportar es infinito. Su cabeza es una de las más potentes y privilegiadas que ha habido en el mundo del deporte.

P. ¿Federer?

R. Roger es un superclase, el carisma a raudales. Pura áurea. Y además tiene mucho sentido del humor. Recuerdo haber estado con él muchas veces en las que todo eran bromas. De hecho, en algún momento de su carrera le noté más centrado y más serio, una especia de clic; estaba más enfocado en lo que tenía que hacer, y creo que eso va a suceder también en la transformación de Carlitos [Alcaraz]; nunca perderá su esencia, pero probablemente poco a poco irá reduciendo todas esas bromas.

Hay un antes y un después de la ruptura de Alcaraz con Ferrero. Ha encontrado un equilibrio increíble

P. Ahora mismo, parece poco menos que invencible. Lo gana casi todo. ¿Cómo lo ve?

R. Creo que hay un antes y un después de la ruptura con Ferrero. Ha encontrado un equilibrio increíble entre pasárselo bien y ser serio y disciplinado cuando lo necesita. Creo que sus mensajes serán cada vez más concisos y concretos. Lo más impresionante de todo es que con solo 22 años, él hace cosas que los demás pensamos a los 50. Esa es su mayor virtud. Ojalá yo hubiera tenido esa filosofía, yo era mucho más cabeza cuadrada. Mucho más inflexible. Es una pasada que sea capaz de divertirse tanto jugando y a la vez mantener la tensión. Está enseñando a mucha gente a ver las cosas de otra forma.

P. Nadal y él, dos mundos completamente diferentes.

R. Rafa nos enseñó una metodología y una disciplina ejemplares, y acto seguido vino Carlos, que aglutina todo lo bueno que ha tenido el tenis español durante toda su historia. Siempre hemos pensado que ser muy estructurados era incompatible con pasárnoslo bien y disfrutar del día a día, pero eso es un error. Nosotros íbamos con el freno de mano. Alcaraz, en cambio, es un profesional increíble y a la vez tiene sus inquietudes y sus momentos fuera de la pista. Si uno ni otro, yo no hubiera sido ni la mitad de reconocido, comunicativamente hablando. La nueva generación de aficionados no me vio jugar ni me tenían mucho en el radar, pero gracias a los dos, a todos esos éxitos que hemos contado, he podido llegar a muchísima más gente.

P. ¿Teme que el comentarista termine devorando al tenista?

R. No, al contrario. De hecho, sería un sueño porque, como te decía, voy camino de los 52 años y ahora vivo al día. Hay gente que quizá pueda pensar que eso me ofende, pero al revés: me hace muy feliz. Que la gente me reconozca por mi trabajo actual es la leche, y si encima algunos se acuerdan de que gané alguna que otra cosa como jugador… ¡Sería brutal! Que me consideren hoy día es genial; de lo contrario, hablaríamos de un fracaso absoluto. Significaría que no he sabido adaptarme.

EL TEMOR CONSTANTE DE BADOSA

A. C.

Preguntado por su interpretación del presente, Corretja señala que Alcaraz (22 años) ha puesto “la sexta marcha” y Sinner (24) parece que esté menos afinado”. No obstante, no duda de que el italiano recuperará pronto su “mejor versión” y “siempre estará ahí” porque las rivalidades suelen ser cíclicas.

No obstante, intuye que “se ha dado cuenta de toda la variedad que tiene” el español, así que “está invirtiendo para tener nuevas armas” y poder plantarle cara en el siguiente reencuentro. “Lo necesita, porque Alcaraz lleva ahora la batuta”, apunta.

Considera que para alguien que juega “con tanta energía” como el murciano “es imposible jugar 20 torneos” al año, de modo que “el calendario es fundamental” y, en su opinión, sería beneficioso que de vez en cuando “frene y renuncie a algunos torneos”.

También se refiere al duro momento de Paula Badosa, azotada por una lesión crónica en la espalda y diversos contratiempos físicos que le impiden rendir. “Es una pena muy grande, porque tiene grandes aspiraciones y vive constantemente con el temor de que su cuerpo le falle”, señala.

La catalana, agrega Corretja, “no acaba de poder sacar todo lo que lleva dentro y yo creo que eso le desespera y le angustia”. El analista añade que “solo ella sabe cuánto va a poder soportarlo” y confía en que aguante: “Aún es muy joven como para que esto se le acabe ya, tan repentinamente”.

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