Carlos Alcaraz: “Soy una persona sensible a la que le afectan bastante las emociones”
El número uno charla con EL PAÍS tras convertirse en el más veloz en completar el Grand Slam. Ya es una superestrella, pero actúa como un simple chico de Murcia


Carlos Alcaraz (El Palmar, Murcia; 22 años) camina a primera hora de la mañana trazando una línea recta de 200 metros por los hermosos jardines del Royal Exhibition Building, en el distrito de Carlton. Al número uno del tenis le envuelve un manto de un centenar de personas y dos largas hileras de plataneros altísimos, intercalados con el colorido de las Cañas de la India. Se divierte posando de oscuro. Cazadora elegante, pantalones de campana y unos mocasines que le dan un aire muy sofisticado. Está cansado, pero de buen humor. La noche previa conquistó por primera vez el Open de Australia y se convirtió a su vez en el jugador más joven que completa el Grand Slam; esto es, ganar al menos una vez el gran torneo oceánico, Roland Garros, Wimbledon y el US Open. Su presencia atrae cada vez a más y más curiosos, de modo que la conversación con EL PAÍS transcurrirá finalmente en la tercera planta del Hotel Crown, donde se ha hospedado durante estas tres semanas de sudores, progresión y, al final, éxtasis. Le tiran más y más fotos. Tiene siete grandes y es una superestrella, pero actúa y contesta como un simple chico de Murcia.
Pregunta. ¿Sabe qué? Nos está matando…
Respuesta. ¿Por?
P. De tanto darle a la tecla para hablar de usted.
R. Bueno, yo diría que bendito problema, ¿no?
P. Sin duda, pero, ¿se va a cansar algún día de ganar?
R. No, no creo. La verdad es que, como decía uno de estos días, odio perder. Odio cuando no sabes hacer o jugar a algo, que algún amigo sea mejor que yo en algo… Siempre intento mejorar, intento hacerlo todo para poder ganarle. Creo que eso es lo que me define y lo aplico en todos los torneos, uno tras otro, intentando dar siempre lo mejor de mí. Me gusta ver cómo mejoro y cómo crezco, e intentar seguir por ahí, dando el máximo posible. Eso es lo bonito de esa ambición.
Hoy día todo el mundo puede dar su opinión y es fácil leerla; es bueno, pero a veces yo leo de más…
P. ¿De dónde nace ese deseo tan pronunciado? ¿Responde a eso de ser cuatro hermanos en casa? ¿Se entrena o es simplemente innato?
R. Bueno, yo creo que esto viene de cuando tienes un hermano mayor [en su caso, Álvaro, ahora ayudante del técnico principal]. Siempre he querido ganarle a todo. Me acuerdo de que cuando jugaba con mis hermanos [Ángel y Jaime, los otros dos], ya fuera al fútbol, al pimpón, al baloncesto o a juegos de mesa, daba igual, a lo que sea, quería ganarles a todo; pero, como buen hermano pequeño que era, no les ganaba a nada, así que siempre he seguido intentándolo y he ido cogiendo esa ambición. Se me ha quedado para siempre.

P. Quería a toda costa triunfar en Australia y también ha expresado su deseo de ganar la Copa Davis en noviembre. ¿No es peligroso es doble objetivo de extremo a extremo del calendario? ¿No caerá en la tentación de relajarse entre medias?
R. Ahí mi equipo ha jugado un factor fundamental, por el hecho de mantenerme motivado y fresco. Soy una persona que fuera de la pista necesito estar muy tranquilo, estar bien, sentirme bien para luego poder competir; no hay que forzar lo de jugar bien, sino que viene cuando estoy calmado y estoy bien fuera. Disfruto de ello porque es lo que me gusta. Creo que eso es lo que me va a hacer seguir dando pasitos hacia adelante en cada torneo, y además hay torneos muy importantes a la vuelta de la esquina, a los que me encanta ir. Todo eso me motiva para seguir dando el do de pecho.
P. Después de ganarle a Djokovic, deslizó un par de mensajes acordándose de “muchos” que dudaban de usted y se “equivocaban”. ¿Cobrándose algunas facturas?
R. No fueron mensajes, sino que simplemente es la realidad. No estaba poniendo en duda lo que decía la gente, ni estaba dando a entender que lo hice por ellos, ni quise demostrar nada… Simplemente, hoy día estamos en un momento en el que la gente da su opinión y es muy fácil leerla, y a veces yo leo de más… Pero bueno, yo creo que eso, el ver las opiniones de los demás, es bueno; a veces son negativas y otras positivas, pero al final son otros puntos de vista. Lo importante es cómo lo gestionas todo y cómo afrontas el torneo habiendo leído eso.
Soy muy joven y he vivido ya muchas experiencias, algunos instantes muy bonitos y otros muy malos
P. Pues no lo afrontó nada mal, ¿no?
R. Me lo tomé de una manera buena. Me concentré en cómo estaba entrenando y sintiéndome, y en si era capaz de hacer cosas buenas de verdad aquí, en Australia. Así que cuando gané, no pude evitar pensar en esos comentarios que decían que no iba a ser capaz de hacerlo, que no iba a jugar un buen tenis; o sea, que iba a perder pronto.
P. Está siendo políticamente correcto. Hablemos claro: a pesar de todo lo que está consiguiendo, le han caído más de una vez palos. El exterior siempre aprieta. ¿Lo considera injusto?
R. Creo que es un poco, cómo decirlo, difícil. Al final, la gente tiene unas expectativas sobre ti, porque saben de lo que eres capaz y que puedes ganar el torneo, y cuando no lo consigues, es normal. Como le decía, estamos en un momento en el que todo el mundo puede opinar y tú leerlo, y ese tipo de mensajes nos llegan a los deportistas. Hay mensajes que son constructivos, pero hay otros que no son agradables o que dependen de la persona que sea. Que te fastidian.

P. ¿Y la da muchas vueltas a la cabeza?
R. A mí, personalmente hay veces que me entran dudas, o bien me dejan pensamientos bastante negativos. El poder de las palabras es muy, muy grande; si se dice algo y no se emplean las palabras adecuadas, puede cambiar totalmente la historia. Es difícil de comprender, pero son las expectativas de la gente y hay que respetarlas.
P. Usted es un chico sensible, permeable, pero al mismo tiempo llega un punto en el que parece que es capaz de abstraerse de todo. ¿Es así?
R. Bueno, hay veces que las cosas me afectan e intento no mostrarlo. A veces me genera ciertas dudas que la gente dude de mí, cuando la gente piensa que no soy capaz, sobre todo en las derrotas o en los momentos difíciles de mi carrera; que la gente dude de ti se hace difícil y te afecta por dentro. Ahora bien, hay que diferenciar un poquito la parte profesional con la parte personal.
P. ¿Cómo es ese interior?
R. Soy una persona sensible a la que le afectan bastante las emociones, tanto para bien como para mal, pero luego, una vez en la pista y compitiendo, tienes que intentar estar lo más fuerte posible para afrontar todas las dificultades que van sucediéndote.
La gran diferencia entre los buenos y los mejores es que estos quieren que lleguen los momentos difíciles
P. Tiene 22 años y lleva ya cuatro o cinco en esto, viviéndolo a lo grande, con todo tipo de experiencias. ¿Va desengañándose un poco? ¿Es menos ingenuo? ¿Le gusta el comportamiento de esta industria?
R. Llevo poco tiempo en el tour, relativamente poco, y al final vas madurando y creciendo. He vivido muchas cosas, momentos muy bonitos y otros muy malos tanto dentro como fuera de la pista. A partir de ahí vas entendiendo un poquito más cómo funcionan los torneos y esa industria que menciona; te vas familiarizando con las situaciones y creo que es como todo, que de pequeño piensas que va a ser de una manera y luego, conforme te vas metiendo y entendiendo un poquito cómo va la cosa, te das cuenta de que es totalmente diferente de lo que pensabas. Eso forma parte de la vida y te vas dando cuenta de que las cosas no son como las has idealizado.
P. Oiga, ¿cómo demonios puede uno bailar, reírse y bromear tanto antes de una final tan importante, con tanto en juego como la del domingo? Cuénteme cuál es su secreto, por favor.
R. No estaba muy nervioso todavía. Lógicamente, siempre quieres estar bien y sentirte bien, y yo me lo tomo de forma muy natural, intentaba hacerlo así.

P. Domina muy bien la escena para su edad.
R. Lo intentamos, lo intentamos… [risas]. Como le he dicho, soy todavía muy joven y queda mucho por delante, muchas experiencias por vivir y de las que aprender, pero ya he vivido muchas. No me considero una persona madura, madura, pero he conseguido crecer gracias a esas experiencias que he tenido que afrontar de mala manera; esas son las que me han hecho crecer y poder afrontar hoy en día estos momentos de esta forma, con armadura. La clave es darle poca importancia, sobre todo cuando quedan cuatro o cinco horas para el partido; darle la menor importancia posible. Se trata de disfrutar del momento y ser uno mismo.
P. Sí se puso tenso, en cambio, durante la semifinal contra Zverev, de ahí los calambres. A veces se da por sentado que lo tiene todo más o menos controlado. ¿Nos equivocamos?
R. Es algo en lo que hemos trabajado, en intentar no darle pistas a nadie, en general, de que estamos tensos, de que estamos sufriendo el momento. Tienes que familiarizarte con el momento y sentirte a gusto, querer que venga para afrontarlo de la mejor manera posible y que no te afecte; creo que ahí está la gran diferencia entre los buenos y los mejores jugadores, en querer que los momentos difíciles lleguen. Obviamente, en cada partido, ya sea el primer round o la final, siempre hay nervios y tensión.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































