Alcaraz: “Sinner es de la montaña y yo de Murcia; el calor me beneficia, no lo voy a negar”
El número uno dice que tiene “energía de sobra” y que los tenistas se tienen que adaptar “a todas las circunstancias”. ¿Jugar de día o de noche? “No me importa”


Envuelto por un jersey cebreado con el escudo de Brasil en el pecho y unos pantalones bombachos hasta la pantorrilla, Carlos Alcaraz, futbolero, transmite un deseo: “A ver si así se me pega algo del Jogo Bonito... [de los Romario, Ronaldo o Ronaldinho]. ¡Ojalá!”. Antes de que abandonara la sala de conferencias para el aparte con los enviados españoles, una reportera le ha hecho un guiño a la vestimenta y él soltaba sonriente un “thanks”, al mismo tiempo que celebraba de manera contenida el pase a los cuartos de final, después de vencer a Tommy Paul por 7-6(6), 6-4 y 7-5 (en 2h 45m). Está satisfecho.
“Y si hoy tuviera que haber jugado cuatro sets, uno más, también lo hubiera estado”, introduce el número uno, impoluto en su recorrido en el torneo. “Estaba trabajando en mantener la concentración durante todo el partido, y hoy lo conseguí, jugando a un nivel muy alto de principio a fin. Para mí eso ha sido incluso más importante que el ahorrar energía, porque energía tengo de sobra. Se trataba más de competir durante casi tres horas a máxima intensidad”, prorroga el murciano, que poco después conocerá el rival del martes —será al australiano Alex de Miñaur, sexto del mundo— y sabe a lo que se enfrenta.
Más allá del dinamismo y la contrastada calidad del aussie, Alcaraz contemplaba el día anterior los estragos que hizo la meteorología en el cuerpo de Jannik Sinner, acalambrado este y, al final, rescatado por la normativa. El cierre del techo —como así lo establece la regla, al alcanzarse el nivel 5 (sobre 5) de la escala— y la interrupción del partido durante casi un cuarto de hora rescataron al italiano, cuya musculatura cedió frente a los 38º que caían sobre Melbourne. No era la primera vez. Su máximo adversario suele sufrir entre el calor y la humedad, y bien pudo haberse despedido del torneo.
“Sí, lo vi. Me gusta ver los partidos de Jannik, saber cómo va y qué está pasando, pensando en un posible enfrentamiento...”, admite. Dice Alcaraz que él se ejercitó poco más de media hora el sábado y que percibió rápido que “jugar un partido entero en esas condiciones es brutal”. El susto del transalpino (24 años) y la detención del partido fue la comidilla del día, y en algunos casos se debatía la idoneidad o no de la aplicación de la Heat Extreme Policy (Política de Calor Extremo). En concreto, el instante en el que el árbitro decidió parar el duelo y cerrar la cubierta retráctil de la Rod Laver Arena.

“Sé que esa regla ha salido este año, pero no sé exactamente qué dice: si se puede parar en juegos pares, en impares, o si ese juego en concreto se debía jugar o no… Ahí no me puedo meter porque no conozco la norma al detalle”, apunta. “Lo que está claro es que, si es una regla nueva y está escrita así, al final hay que aplicarla. En este caso, Jannik salió beneficiado, como él mismo dijo, pero en otra situación podría perjudicarle”, continúa el de El Palmar, consciente de que el cruce con De Miñaur se jugará bajo el mismo formato, puesto que la previsión anticipa unos 43º para la jornada del martes.
“Hay que acostumbrarse a todo. Si el techo está cerrado, lo aceptaré”, afirma. “E intentaré jugar mi mejor tenis en pista cubierta. Sea cual sea la situación, estaré preparado, concentrado y sin pensar demasiado en ello. Intentaré que mi juego no se vea afectado y esa será mi mentalidad”, apostilla. Nunca ha disputado un partido en ese tipo de contexto en Melbourne —sí en Nueva York, por ejemplo—, pero matiza que sí se ha entrenado bajo techo estos días y que eso le permite hacerse una idea. A continuación transmite que no le importa “demasiado” jugar en el turno diurno o el nocturno, y habla de adaptación.
Fuerte y ligero
Debutó a las 19.00 y los tres partidos posteriores fueron a mediodía. “Los tenistas nos tenemos que adaptar a todas las circunstancias: jugar de día con mucho calor, con viento, nublado, de noche con frío… Y tratar de sacar nuestro mejor tenis. Veremos a qué hora nos ponen el martes. Si es a las siete de la noche, perfecto; si es de día, también”, señala sentado sobre el sofá grisáceo. De por sí moreno, el sol le ha tostado la piel, pero por ahora no ha hecho mella en su físico. Está finísimo. Ligero y compacto a la vez. Ha resuelto los cuatro partidos sin hacer una sola concesión —por primera vez, en su quinta participación en Australia— y responde al planteamiento de EL PAÍS.

— ¿Hasta qué punto pueden ser determinantes el calor y ese factor físico de aquí en adelante, en lo que resta de Open? ¿Cree que es el verdadero talón de Aquiles de Jannik Sinner?
— Esos partidos son complicados. Yo he jugado partidos en los que he tenido calambres y luego físicamente lo he notado en los días posteriores, sobre todo al día siguiente: más carga, más agujetas... Meterle demasiada intensidad o demasiadas horas al cuerpo puede acabar pasándote factura, sobre todo al principio. Pero alguien como Jannik tiene su equipo, lo tiene todo medido al milímetro, y estoy seguro de que hacen las cosas bien para llegar en plena forma. Él es de una zona de mucho frío, de montaña, y yo soy de Murcia, de mucho calor, así que las condiciones de más calor me benefician, no lo voy a negar.
“Aun así”, remata, “él lleva mucho tiempo en el circuito y ha pasado muchos veranos aquí, así que se ha ido adaptando. Es verdad que a veces todavía le cuesta un poco, y eso puede ser algo que se puede aprovechar”.
SABALENKA, LA DUEÑA DEL DESEMPATE
Mientras Alcaraz ya tiene el pase a cuartos y Sinner tendrá que ganárselo este lunes (no antes de las 8.00, Eurosport) frente a Luciano Darderi, Novak Djokovic lo consiguió sin invertir un solo minuto. Una lesión abdominal que suponía “un riesgo mayor” obligó al checo Jakub Mensik a renunciar al duelo.
En el cuadro femenino, Sabalenka continuó abriéndose paso y batió a la canadiense Victoria Mboko por 6-1 y 7-6(1). Una vez más, la número uno demostró ser la más fuerte a la hora de la verdad. Suma 20 desempates seguidos a su favor en los grandes. Compartía el récord con Novak Djokovic (19).
La bielorrusa, de 27 años, abrió la secuencia en el Wimbledon de 2023. Ganadora del torneo ese año y al siguiente, se medirá en la próxima ronda con la joven Iva Jovic (18), revelación del torneo y apadrinada por Djokovic. Fulminó a Yulia Putintseva en solo 53 minutos (6-0 y 6-1).
En clave española, la jornada constató la buena marcha del barcelonés Marcel Granollers y Horacio Zeballos. Vencieron por 6-3, 3-6 y 6-3 a los estadounidenses Robert Cash y JJ Tracy, de modo que figuran en los cuartos. En el caso de que lleguen a la final del torneo, volverían a ocupar la cima de dobles.
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