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Sinner sobrevive a la embestida del calor

El número dos, acalambrado y entre mareos, salva una situación límite ante Spizzirri gracias a la interrupción del juego por la elevada temperatura en Melbourne

Se avecinaba y llegó. Como Carlos Alcaraz: a su manera. El calor abraza este sábado a Melbourne desde primera hora y estruja la musculatura de Jannik Sinner, el fenómeno de las montañas que además del murciano, ha encontrado en la temperatura otro serio adversario. No es nueva la escena, verle como encalla, se agarrota, cojea y las pasa canutas. “No sé qué hacer…”, transmite a los miembros de su equipo cuando se acerca al colapso y Eliot Spizzirri le aprieta, sabedor de que las piernas del número dos no dan más de sí. Interviene, sin embargo, una regla salvadora para él. Con nombre y apellidos: Heat Extreme Policy.

“Me han pasado muchas cosas por la cabeza, no podía moverme”, admite a pie de pista. “He sufrido mucho”. Y tanto. Porque de no ser por la aplicación de la normativa en el tercer parcial, cuando cuádriceps y gemelos se le habían bloqueado y los 38 grados que han envuelto la ciudad le aprisionaban, el desenlace bien podía haber sido muy distinto. Hasta ahí, un infierno para él, expuesto al abismo; más o menos a merced del norteamericano, a lo suyo este. Sin embargo, el juez detiene el partido porque así lo exige la reglamentación, la escala: índice de 5 sobre 5. Y todo cambia. Sinner sigue en pie: 4-6, 6-3, 6-4 y 6-4, tras 3h 45m.

De sobra conocida la alergia del italiano al impacto del calor. Los calambrazos casi se lo llevan por delante en el US Open de 2023, contra Zverev, y este año la atmósfera de Shanghái —30º y un 94º de humedad— le consumió. Hoy, previo aviso de los pronósticos, por Melbourne embiste con fuerza el verano australiano y los pingüinos de St Kilda se refugian bajo las rocas. El torneo es una sartén. Corras, cremas, aspersores de agua y líquidos y más líquidos. Nadie se libra. Se multiplica la sensación ahí abajo, sobre el asfalto. Y lo padece Sinner, al que su técnico, Darren Cahill, trata de reanimar como sea.

“Tenemos que llegar hasta el final del tercer set, amigo. Aunque lo hagas paseando, no te preocupes. Nosotros asumiremos la culpa”, le dice el preparador desde el box, consciente de que la historia se ha puesto muy fea. Otra vez: él y el físico. Las pájaras. Esas dos patas de alambre que tienden a fallar de vez en cuando, sobre todo cuando el termómetro se dispara. Son 38º, pero la sensación térmica es superior. ¿Jannik Sinner ko? Puede ser. ¿Sinner eliminado? A esa hora, predomina la impresión. ¿El Open de Australia perdiendo al defensor del título y, con toda seguridad, el máximo aspirante junto con Alcaraz? Quizá.

Acumula casi 30 errores no forzados. Break en contra en el tercero (1-3). Su cuerpo flaquea más y más. Y Spizzirri, que había dado prueba de su buen momento al apear a João Fonseca en la primera ronda, no desiste. Así que negro el panorama, hasta que el árbitro recibe la orden y la acción se congela. Ahí, el oasis. El protocolo. Los partidos de las pistas exteriores (sin cubrir) y los entrenamientos ya se han detenido. “1: temperatura óptima. 2: hidratación. 3: toallas heladas y aire acondicionado. 4: pausa. 5: suspensión”. Sinner… ¡salvado! Por los pelos. Se enfrentará a su compatriota Luciano Dardieri en los octavos.

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