Quién es Aday Mara, el primer español en ganar la liga universitaria de baloncesto en Estados Unidos
El jugador de 21 años y 2,21 metros creció entre deportistas, se formó en las categorías inferiores del Casademont Zaragoza y cambió de continente a los 18


No podía haber mejor regalo de cumpleaños para Aday Mara. Apenas había arrancado a celebrar su histórico título en la liga universitaria de Estados Unidos cuando sus compañeros de equipo se arrancaron a cantarle el Happy Birthday tocada la medianoche del martes en Indianápolis. El pívot, nacido en Zaragoza el 7 de abril de 2005, cumplió los 21 años minutos después de culminar un logro inédito para el deporte español: ganar la NCAA y hacerlo, además, convertido en un pilar en defensa y en ataque para los Michigan Wolverines, triunfadores 37 años después de su único alirón.
En un estadio abarrotado con 72.000 personas, dos destacaban por encima del resto: con sus 2,01 metros de altura, Francisco Javier Mara, en su día ala-pívot en la ACB con el CAI Zaragoza de Manel Comas; a su lado, 1,92 metros de estatura, Angélica Geli Gómez, referente del voleibol español con amplia trayectoria internacional. Los padres de la criatura, los pacientes escultores de su magnífica inteligencia emocional y competitiva. Emocionados todos, alguna que otra lágrima en la mejilla, se fundieron en un sentido abrazo con el gigante bonachón de 2,21 metros, llamado a ser uno de los principales referentes del baloncesto español en años venideros.
“Cuando estaba en España, casi ni sabía lo que era esto. Solo seguía el baloncesto europeo y la NBA. No fue hasta que llegué a UCLA que me di cuenta de la enorme influencia e interés que despertaba en la gente la NCAA y este tipo de partidos, pero jamás pensé que esto me iba a ocurrir, es toda una sorpresa”, reflexionaba el jugador aragonés durante las celebraciones del título. Su móvil ya ardía en la previa, mientras intentaba echar su habitual siesta antes de los partidos, y estalló después del alirón. Entre el océano de mensajes, los que más ilusión le harán serán los de sus ídolos, los hermanos Gasol.
Con Marc llegó a coincidir durante la etapa de ambos en la LEB Oro, uno recién aterrizado a la competición como cedido en Huesca y el otro de salida con el Girona, club de su propiedad. “Me alegro mucho por ti, Aday, te lo mereces”, le escribió Pau, con quien había charlado también a las puertas de la gran final. No son pocos quienes comparan la inteligencia y visión de juego de Mara con las habilidades de ambos Gasol, puntales del renacimiento y reconversión de los pívots como armas polivalentes encima de la pista, como ejemplifica ahora mejor que nadie Nikola Jokic. En el mundillo, es de sobra conocido el análisis de un ojeador de la FIBA que le comparó con el astro serbio de los Denver Nuggets y tres veces MVP de la NBA.






El camino de Mara, a pesar de su físico de predestinado, no ha sido fácil para nada. El chaval, que de pequeño combinaba fútbol y baloncesto, terminó por elegir el deporte de su padre a los ocho años después de un tiempo soñando con emular a Iker Casillas. Empezó en el Basket Lupus, club formativo que cuenta con más de 30 equipos en la actualidad, pero su tamaño y movilidad pronto llamaron la atención del Casademont Zaragoza, que lo formó con mimo y le hizo debutar como profesional a los 16 años. “Me gusta su ilusión y su jeta”, destacó entonces Jaume Ponsarnau, técnico del primer equipo. El jugador tuvo luego sus más y sus menos con Porfirio Fisac en su única campaña completa en la Liga Endesa, donde promedió 5,3 puntos y 3,2 rebotes en 12 minutos de juego por encuentro. Demasiadas broncas con los árbitros, lamentaba el preparador.
A pesar de la voluntad de proteger al jugador del lógico ruido mediático a su alrededor, las platas en el Mundial sub-17 y el Europeo sub-18 antes de cumplir la mayoría de edad hicieron el resto y situaron al jugador en el radar de los ojeadores en Estados Unidos. “Será un jugador único, pero no hace falta compararlo con nadie. Tiene una movilidad muy importante para su altura y gran capacidad de pase. Llama la atención cómo lee y entiende el juego. Se anticipa. Por su tamaño condiciona el juego en ataque y en defensa”, analizaba para EL PAÍS Javier Zamora, su técnico en aquella selección que incluía a talentos como Izan Almansa, Hugo González, Álvaro Folgueiras o Sergio De Larrea.
Su decisión de marcharse al otro lado del charco a los 18 años estuvo marcada por la polémica entorno a los derechos de formación y las cláusulas contractuales del jugador. Se trata de una tendencia al alza ante la irrupción de los salarios en concepto de derechos de imagen introducidos hace poco en la liga universitaria, que a la postre convierten la NCAA en otra competición profesional. El Zaragoza llegó a reclamar en 2023 más de 600.000 euros al pívot, que esgrimió que podía marchar libre al no contar todavía con un vínculo de carácter profesional. El asunto se zanjó entre bambalinas, sin trascender a día de hoy ninguna acción legal ni retribución definitiva por el caso.
La inevitabilidad del deslumbrante panorama económico en Estados Unidos ha provocado la reacción por parte de la ACB y la Federación Española de Baloncesto en los últimos tiempos. Se creó la Liga U, dedicada a dar más recorrido a los talentos menores de 22 años en España, y la FEB ha estrenado este año un programa de seguimiento exhaustivo a los españoles que deciden dar el salto al continente norteamericano. Chus Mateo, seleccionador español, espera a Mara ya con la absoluta después de verle brillar de primera mano, presente en la gran final en Indianápolis. “Es un pilar dentro de su equipo a nivel ofensivo y a nivel defensivo. En defensa ha hecho muchos progresos y cada vez tiene más solidez con el tapón, aprovechándose de su envergadura. Y a nivel ofensivo es un puntal para Michigan, tanto en el juego al poste como a la hora de generar juego”, valoraba tras el encuentro.
El estallido con los Wolverines ha llegado después de dos años amargos en UCLA, el programa de baloncesto universitario más laureado (11 títulos). Allí, Mara topó con un entrenador muy duro, Mick Cronin, y no llegó a contar con todos los minutos que esperaba a pesar de su enorme esfuerzo en los entrenamientos y en las escasas oportunidades en la cancha. Los cambios normativos de la NCAA hicieron que pudiera buscar otra opción y fichar por Michigan, donde el quinteto titular al completo se construyó a base de fichar talentos desaprovechados en otros equipos.
Dustin May, el entrenador, logró cohesionar el grupo a través de un enfoque libre del juego, sin demasiadas estrategias marcas más allá de un compromiso férreo con la defensa. El técnico logró dar a Mara la confianza y la manga ancha —también los minutos— que no había encontrado en sus dos anteriores etapas, y el pívot respondió con promedios de 12 puntos y siete rebotes este curso, donde fue el mejor taponador del Big Ten, su conferencia. “Estoy muy contento y agradecido por formar parte de este grupo. Ha sido todo un proceso venir de dos años donde no tuve la oportunidad de demostrar de lo que era capaz y ahora estar en esta posición. Ha sido un año largo, duro, pero también divertido”, analizaba el jugador.
La guinda del pastel ha sido su actuación brillante en la Final Four de la NCAA tras un magnífico crazy march (marzo loco). En las semifinales comandó a los suyos con 26 puntos, nueve rebotes y tres tapones, el mejor partido de su vida. En la final también resultó clave con su capacidad para intimidar a los atacantes, además de aportar ocho puntos y cuatro rebotes, la mayoría en momentos claves del encuentro contra UConn, resuelto por 69-63. “Aday ha trabajado mucho, y se tarda tiempo en crecer en un papel así. Ahora es físicamente más maduro. ¿Nos podíamos imaginar esto? Fuimos a ver sus cintas jugando con la selección española y el Zaragoza y ya había demostrado destellos de lo que es hoy”, resumía May.
La siguiente parada para Mara, si nada se tuerce, será el Draft de la NBA a finales de junio.
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