Ir al contenido
_
_
_
_

Oriol Cardona: “El esquí de montaña es disfrute y naturaleza, no dos minutos de agonía en los Juegos”

El campeón olímpico de esquí de montaña, bronce también en el relevo de Milán-Cortina junto a Ana Alonso, repasa su éxito, la presión de las semanas previas y el impacto de su medalla de oro: “Me manejo mejor en soledad que en sociedad”

Oriol Cardona, campeón olímpico en los Juegos de Milán - Cortina, posa con sus dos medallas en el Petit Palace Posada del Peine de Madrid.LUIS SEVILLANO

Pega el sol en el corazón de Madrid y Oriol Cardona (Banyoles, Girona; 31 años) agota entre la muchedumbre los últimos retales del anonimato. En su rostro, ni la falta de sueño puede borrar una sonrisa impecable. Su bolsillo guarda dos pesadas medallas, el oro logrado en el sprint individual del esquí de montaña olímpico, y el bronce conquistado con suspense, también en las laderas de Bormio, en el relevo mixto junto a la granadina Ana Alonso. “Aún no he podido celebrarlo, llegué a casa muerto y me fui a dormir temprano”, confiesa el catalán antes de tomar asiento y comenzar el repaso de un hito que le ha cambiado la vida.

Pregunta. ¿Qué le decía antes y qué le dice ahora el nombre de Paquito Fernández Ochoa?

Respuesta. Al final, su oro me queda muy lejos, no lo vi, pero antes de los Juegos y de toda esta expectativa de medalla, vi su descenso en Sapporo. Es un honor poner mi nombre al lado del suyo después de tantos años.

P. ¿Cómo nace su vínculo con la montaña?

R. Fue todo gracias a mis padres. En Bañolas no hay mucho monte y la nieve nos queda a hora y media, así que de pequeño hacía mucho atletismo, sobre todo cross, porque dar vueltas en la pista me aburría. Con 13 años, mis padres empezaron a subirnos a mi hermano y a mí muchos fines de semana a esquiar a La Molina y a Vallter, que eran las estaciones que nos quedaban más cerca. Allí creé un vínculo de amistades y descubrí mi pasión.

P. ¿Por qué con 18 se mudó a Font Romeu, en el Pirineo francés?

R. Tenía claro que quería enfocar mi vida por el deporte. Entonces, no era tan frecuente lo de estudiar a distancia, así que fui allí para hacer Ciencias del Deporte y un máster de entrenamiento en altitud. Es un sitio plagado de deportistas. Ves a gente como Mo Farah, Kristian Blummenfelt... Se respira un ambiente especial.

P. Fue solo.

R. Sí, pero no me quejo. Yo lo elegí así. Con 18 años no tenía carnet de conducir y me fui a vivir en mitad de la montaña, sin internet ni nada.

P. ¿Le costó?

R. Diría que no. Sé estar bien solo. De hecho, creo que me manejo mejor en la soledad que en sociedad. Necesito también mis momentos de socializar, claro, pero no me cuesta estar solo. De hecho, tengo tendencia a ello. A ir más a mi bola, a estar en mi mundo. Me gusta.

P. Lo apostó todo por el esquí de montaña, un deporte que sería olímpico en Milán-Cortina 2026.

R. Cuando nos lo confirmaron, lo vi como algo muy positivo. Ahora, con el tiempo, solo puedo confirmarlo. Los Juegos han sido una oportunidad. Un escaparate mundial para dar a conocer este deporte, que es mucho más que una prueba de dos minutos y medio, agónica, y en la que seis corredores van a muerte de principio a fin.

P. ¿Qué es entonces?

R. El esquí de montaña es naturaleza y tranquilidad. Es saber disfrutar del monte. Por eso hay a quien no le gusta esa agonía del sprint olímpico.

P. ¿Cómo ve usted esa contradicción?

R. Yo he tratado de adaptarme, algo que llevo siempre como filosofía de vida. Al final, intento explicar esas dos caras porque es una pena que en estas pruebas olímpicas no se hayan podido transmitir todos los valores del esquí de montaña. Hacer que este deporte fuera olímpico era una oportunidad de oro y estoy encantado de que se haya aprovechado, pero es posible que la gente tenga ahora una imagen algo distorsionada de lo que es esto.

P. ¿Lo que se encontró en los Juegos era lo que esperaba?

R. Sí y no. La verdad es que me esperaba un poco más, y esto quiero explicarlo bien. En estos Juegos, al ser varias sedes y cinco Villas distintas, fuimos a la nuestra, en Bormio, y solo estábamos nosotros. No convivimos con gente de otros deportes. Y eso es algo que en cierto modo me faltó para vivir la experiencia completa. Yo qué sé, estar comiendo y tener al lado a [Johannes] Klaebo o a la gente del patinaje. Todo era nuevo y espectacular, todo estaba magnificado, y como experiencia me encantó, pero me quedó esa espinita para que fuera redonda.

P. ¿Qué le hubiera preguntado a Klaebo?

R. Seguramente no me hubiera atrevido a decirle nada [ríe]. Una foto y ya. Él es el mejor en su deporte y tendrá un conocimiento enorme, así que claro que me hubiera encantado preguntarle algo, pero ni me hubiera atrevido ni tampoco creo que él me hubiera contado mucho.

P. ¿Qué ha sido lo más difícil de toda esta experiencia olímpica?

R. Días antes de viajar a Bormio, todavía en Font Romeu, no me encontraba bien en los entrenos y me entraron las dudas. Decía, ostras, estoy muy cansado. ¿Habré calculado mal? ¿Habré entrenado demasiado? Por suerte, me ayudaron mucho tanto mis entrenadores, Víctor [López], Andrés [Arroyo] y Kilian [Jornet], como mi pareja.

El bronce del relevo me dejó un sabor agridulce. Me hubiera gustado sacar ese segundo oro

P. ¿Cuánto le ha aportado Kilian Jornet?

R. Muchísimo. Sobre todo psicológicamente, pero también a nivel táctico. Me ayudaba a visualizar la competición. Al final, él como deportista ha pasado por situaciones muy similares, así que ha sido un apoyo muy importante.

P. Si le diera por competir, ¿sería capaz de dar algún susto?

R. Él tuvo la oportunidad de probar los sprints cuando estaba al máximo nivel y no le gustó el formato. Si se lo hubiera propuesto, hubiera dado mucha caña, seguro, porque como deportista es increíble. Si lo pienso, casi que le tengo que dar las gracias por no haberlo probado.

P. ¿Y pasados los Juegos qué le reconcome?

R. Sin duda, el sabor agridulce que me dejó el relevo [mixto]. Me hubiera gustado sacar ese segundo oro. Lo di todo y aun así no fue suficiente. Me quedé con las ganas.

P. Aún le da vueltas.

R. Sí, claro. Al final, era una gran oportunidad. Creo que el error no fue el del cambio [de Alonso, que se pasó del límite para ejecutar la transición], que me podía haber pasado a mí perfectamente, sino la gestión de la carrera. Tres semanas antes en la Copa del Mundo de Boí Taüll corrimos mucho mejor, tuvimos mejores tiempos y gestionamos mejor el ritmo. Eso se me ha quedado dentro.

P. Eso sí, llegó vacío a la meta.

R. No me había pasado nunca que me doliera tanto la cabeza al terminar una carrera. Había tenido entrenos duros, de esos que acabas con la tripa revuelta, pero nunca había sentido ese nivel de agotamiento. Creo que alcancé mis pulsaciones máximas, entre 196 y 198 por minuto.

P. ¿Se quitó una losa de encima?

R. La presión la tenía, pero también porque me la había puesto yo. Los medios me apretaron mucho con esos titulares de “a por el oro”, pero yo era el primer interesado en conseguirlo. Creo que como deportista es parte de mi trabajo gestionar esa presión. Si yo la siento, no me quiero imaginar quienes llevan dos o tres Juegos Olímpicos ganando medallas. En cualquier caso, sí, el trabajo ya está hecho y tengo aquí las medallas, así que estoy mucho más relajado que antes.

P. Ha pasado a ser una cara conocida. ¿Cómo lo lleva?

R. Problema de ricos. Para mí es genial que este deporte tenga la visibilidad que está teniendo estos días. Que alguien como yo, que hace esquí de montaña, sea reconocido por la calle, es un paso de gigante para nuestra comunidad.

P. ¿Está preparado para ser un personaje público?

R. Uf, qué pregunta. Yo creo que sí. Tampoco es algo que quiera o que busque, pero creo que lo podría manejar, sí. En cualquier caso, no creo que mi vida vaya a cambiar tanto de ahora en adelante.

P. ¿Qué parte de Oriol Cardona está lejos de ganar una medalla?

R. Hay muchísimas cosas en las que no soy bueno ni lo seré nunca. Hablar en público me cuesta mucho, por ejemplo. Expresarme también. Relacionarme con la gente... Si lo pienso, creo que solo soy bueno en el esquí de montaña y en los sprints.

P. Y ahora, ¿qué objetivos tiene por delante?

R. Quiero volver a la montaña para correr algo de trail running este verano. Lo dejé de lado por los Juegos y tengo ganas de volver a alguna carrera, porque me encanta. Aún no sé cuál, pero en cualquier caso será a finales de verano, porque necesito tiempo para adaptarme y no lesionarme.

P. Después, defenderá oro en los Juegos de 2030, donde se esperan cambios en el formato.

R. Sí, desde Francia están apretando mucho para que se introduzca la prueba individual, que es la carrera reina del esquí de montaña: 50 o 55 minutos en formato de bucles. Si pasa, poco o nada tendrá que ver con lo que hemos visto en Bormio.

P. ¿Y le gusta?

R. Que vayan entrando disciplinas de esquí de montaña en los Juegos siempre es positivo. A mí, además, me iría muy bien. Al final, en 2030 tendré 35 años, así que una prueba un poco más larga se adaptará mejor a mis características.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_