Irlanda sienta a Inglaterra en el diván con su mayor paliza en Twickenham
El XV del Trébol descuelga a Inglaterra, pone a su seleccionador en la picota (21-42) y se reengancha al Seis Naciones, como Escocia, segunda tras ganar con apuros en Gales (23-26)


El anunciado declive irlandés y el esperado asalto de Inglaterra al primer escalón mundial saltaron por los aires cuando ambos augurios se cruzaron este sábado en la catedral londinense de Twickenham. El XV del Trébol logró su victoria visitante más holgada en una rivalidad de 144 partidos (21-42) con un inglés, Andy Farrell, como seleccionador. Una herida que pone su a homónimo, Steve Borthwick, en la picota al ver como su asalto al Seis Naciones —un torneo que aspiraba a discutir con Francia en la última jornada en busca de su primera corona desde 2020— se marcha por el retrete a falta aún de dos jornadas. La bofetada escocesa del pasado sábado, el detonante de una semana de muchísima presión, queda ahora en un segundo plano mientras su verdugo mantiene sus aspiraciones. Como Escocia, que remontó en Cardiff ante una Gales que estira a 14 su racha de derrotas seguidas en el torneo (23-26). Son la alternativa a Francia, líder, que buscará este domingo ante Italia mantenerse como la única selección que cuenta sus partidos por victorias.
Tras no plantar cara en París y ganar por lo justo a Italia, los irlandeses llegaban con sus propios problemas a Londres. Quizás Farrell haya resuelto la sucesión en el 10 devolviendo a Jack Crowley al puesto de apertura tras los fiascos de Sam Prendergast, su apuesta. Le bastó con recuperar a dos delanteros de postín —su gran fortaleza, su línea más mermada por las lesiones— como Furlong y Van der Flier para prender su fortaleza patria y frenar su declive tras ganar en 2023 y 2024. Fue una actuación sólida al extremo de los verdes, controlando el verbo del rugby —las fases de conquista del balón— para asegurar sus posesiones y frustrar los ataques ingleses, que confirmaron su falta de punch quedándose una y otra vez a las puertas del ensayo. Mientras, los irlandeses canjearon los poros de una defensa descosida para anotar cinco marcas ante su eterno rival.
Inglaterra dejó dudas en un arranque insípido que el medio-melé verde Gibson-Park rompió al aprovechar un golpe de castigo para sacar rápido ante una zaga descolocada y aprovechar su condición de intocable en los siguientes diez metros. El 0-10 agudizó las dudas locales, con errores tontos como mandar una patada de golpe de castigo por la línea de fondo o regalar el balón desde la touch. Una inoperancia que se tradujo en drama defensivo cuando McCloskey exhibió su aceleración, generando un descuadre que Gibson-Park no perdonó con una rápida reanudación a la banda para el ensayo de Baloucoune, que ya anotó uno clave la semana pasada ante Italia. El rápido auge de un ala que en noviembre estaba jugando contra España con la selección filial. Dos irrupciones que sirven de cimientos para cualquier transición.
Sharp as a tack from Ireland's Jamison Gibson-Park for the opening try 🔥🔥#GuinnessM6N #Since1883 pic.twitter.com/PG2OG3R0iy
— Guinness Men's Six Nations (@SixNationsRugby) February 21, 2026
Tanto aceleró McCloskey que rompió muscularmente al árbitro, Andrea Piardi. “Mi cuádriceps está muerto”, les dijo a los capitanes antes de ceder la dirección a Pierre Brousset. Irlanda no le dio tiempo para calentar, pues apenas llevaba dos minutos en el césped cuando Baloucoune rompió la línea inglesa amagando con un pase que nunca dio para marcharse y asistir a O’Brien, que posó a placer bajo palos para un sangrante 0-22 en apenas 31 minutos. Inglaterra se quitó el cero al filo del descanso —se fue con una mochila 15 balones perdidos— pero la marca de Dingwall llegó más por agotamiento que por estrategia, con cada inglés haciendo la guerra por su cuenta en los últimos metros. De tanto cabezazo, llegó la grieta, pero Irlanda respondió con la misma moneda a los tres minutos de la reanudación: ensayo de Sheehan tras aprovechar otro delantero, Doris, una autopista de cuatro carriles en la zaga.
Maro Itoje, el capitán inglés, parte de la generación que perdió la final del Mundial de 2019, se marchó anonadado en la tarde de sus 100 internacionalidades. Incluso tras acercarse con una marca de Lawrence, acompañada de una amarilla, los irlandeses ganaron el parcial de 10 minutos con uno menos y siguieron engordando el marcador con patadas fáciles entre palos de Crowley y la guinda de Osborne, que estiró el brazo con orgullo para superar la línea de marca mientras era placado. Victoria con bonus ofensivo que mantiene en la liza a los irlandeses mientras los ingleses se descuelgan tras su segunda semana sin sumar ni un solo punto. Dos derrotas letales para un equipo que surcaba el rugby con 12 victorias consecutivas.
Escocia remonta a una rehabilitada Gales
Gales cuajó su mejor partido en casi dos años haciendo bien los básicos —los contactos de la delantera, los placajes que brillaron por su ausencia ante Francia— y dominó en la primera parte a una Escocia errática e impaciente con las marcas de su delantero Carre y su ala Josh Adams, uno de los veteranos, de los que levantó el último título de los suyos, en 2021. Culminó por la izquierda una buena asistencia de Costelow, que hizo méritos para mantener el timón de apertura antes de irse lesionado. Como le ocurriera en su derrota en Roma, Escocia tenía una montaña al descanso (17-5), pero esta vez tuvo tiempo para escalarla. La remontada llegó de la mano de su líder, Finn Russell, que primero anotó tras una larga secuencia de los delanteros —casi 30 fases— y luego pilló en un renuncio a los galeses, que se comieron su patada de reinicio y vieron como Graham les robaba la cartera. Los locales se agarraron a sus últimos ahorros, pero no pudieron evitar el ensayo decisivo, culminado por la plataforma escocesa tras un saque desde la touch. Al final, susto sin consecuencias: victoria con punto bonus ofensivo que les mantiene segundos antes de recibir el sábado 7 de marzo a Francia con medio torneo en juego.
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