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Malinin lleva su arte callejero y agresivo a la cima olímpica

El patinador norteamericano lidera con holgura tras el programa corto

“Está loco”, dicen los aficionados cuando leen los saltos que intentará Ilia Malinin, el dios del patinaje, en el programa corto, y no hablan del mortal hacia atrás que subyuga al mundo, que deja con la boca abierta a Djokovic en las gradas y convierte en una fan rendida a Natalie Portman, que desde los efectos especiales de su Guerra de las Galaxias no ha visto nada tan fabuloso. Los entendidos hablan de los saltos. Son 2m 50s en los que todos los patinadores arriesgan, pero ninguno como el norteamericano, que prevé una entrada con un cuádruple Axel (4A) combinado con un triple toeloop (3T), e incluye otro quad, un Lutz. Solo él se atrevería a hacer lo que solo él sabe hacer. Ese es su dominio sobre el patinaje, ese es su deseo de que un deporte que solo despierta atención por sus escándalos y solo cada cuatro años entre en la vida cotidiana de todos.

Aunque finalmente renunció a la combinación con el 4A, que se guardará, seguramente, para su programa libre, la cordura que guió su paso seguro en la prueba por equipos, en la que su programa libre concedió la victoria a Estados Unidos sobre Japón, la olvidó llegado el momento de afirmar su individualidad camino de su segunda medalla de oro en la pista de Milán.

Ningún patinador en la historia ha cuadrado aún un 4A en unos Juegos Olímpicos, mucho menos uno en combinación, que obliga a un derroche de energía exagerado nada más comenzar, aterrizar y con el pie libre inmediatamente volver a elevarse más de medio metro sobre el hielo y girar tres veces más en sentido contrario. A su lado, un gran reserva de Borgoña o así, lo del mortal es una coca-cola con sentido.

Lo del mortal es un añadido, un berretín, un capricho que se da y regala, pues no puntúa. Es también un homenaje, un gesto hacia Surya Bonaly, la patinadora francesa que desafió a las estrechas miras federativas, que lo habían prohibido poco después de que el norteamericano Terry Kubicka lo estrenara en los Juegos de Innsbruck 76. “Eso no es patinaje”, dijeron. “Es gimnasia u otra cosa”. Quien lo incluyera en su programa sería penalizado con dos puntos. En los Juegos de Nagano 98, Bonaly lo hizo y aterrizó grácilmente sobre un pie, lo que le dio valor de salto de patinaje. Pasó del sexto al noveno puesto final. Pasó a la memoria del patinaje y a la de Malinin, que hace un par de años, cuando el francés Adam Siao Him Fa lo hizo y pese a la deducción de dos puntos ganó el campeonato de Europa, dijo públicamente que él también se lo debía a Bonaly. La federación internacional lo legalizó inmediatamente introduciéndolo en los motivos coreográficos, y Malinin le envió un whatsapp a Dominic Di Tommaso, la estrella australiana del freerunning y el parkour: “Oye, amigo, el mortal me sale perfecto en el gimnasio, pero en el hielo no lo logro, ¿qué me aconsejas?”. “Practica y practica en el gimnasio y acabarás lográndolo”.

La consulta a un deportista que hace de la calle su lienzo de expresión y conocimiento no fue casual. Junto a su valor atlético, y su técnica única, de marciano en la tierra, el espíritu rompedor y falsamente gamberro, ciertamente macarra, del patinador de 21 años se manifiesta por su amor por un cierto espíritu callejero en las coreografías que le prepara Shae-Lynn Bourne conjuntamente con sus padres, que son dos de sus entrenadores, y un tercer entrenador, el armenio Rafael Arutyunyan. Y para completar el cuadro, la canción La corona perdida, sacada de la música de un videojuego, El Príncipe de Persia. Y una licra de fantasía confeccionada por un sastre japonés, Satomi Ito. Son 108,16 puntos, cinco más que el segundo clasificado, el subcampeón olímpico en Pekín 22, el ágil y ligero japonés Yuma Kagiyama, delicado y estílistico, sensible, que solo tembló en el triple Axel.

El otro patinador viral de los Juegos, el español Tomás Guarino, que convirtió su lucha para ganar los derechos de usar la música de los Minions en el Minionsgate, patinó entusiasta, entregado, nervioso e impreciso. Quedó eliminado y no disputará la gran final de 24 el viernes 13, que coronará, probablemente, al Dios del Quad.

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