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Biel Ràfols, de profesión cámara-runner: así se graba a los mejores corredores de trail

Uno de los pioneros de una tarea que exige la máxima pericia y forma física explica sus inicios como una cámara de comuniones y cómo sus imágenes han hecho crecer a su deporte

Biel Ràfols (Barcelona, 7 de agosto de 1987) fue uno de los pioneros que inventó un término: cámara-runner, adaptación hispánica mediante. Ha vivido los inicios, hace más de una década, cuando acompañaba a los corredores de montaña con cámaras de andar por casa. Y la actualidad, en la que ya buscar puntos alternativos de grabación para algunas zonas que ya están masificadas. Gracias a su trabajo de malabarista, eligiendo qué ceguera vale como mal menor —no mirar al suelo o hacerlo y confiar en que la toma valga igualmente— ha explicado la esencia de un deporte solitario que no se entendía solo con las imágenes de una línea de meta anodina en un pueblo. Hay crestas, bajadas vertiginosas y días de meteorología terrible que hubiera tocado imaginar de no ser por enamorados como él, que esperan una eternidad en la piedra elegida, vigilando el objetivo mientras mantienen los músculos calientes para poder aguantar un minuto al fuego al líder y repetir la fórmula con el siguiente hasta que el cuerpo diga basta. Son un pilar imprescindible del trail, un deporte que necesita operarios con piernas y mucho tacto mientras otros pueden tirar de vehículos.

Así acabó alguien que utilizaba la montaña como una ruptura a su infancia en Barcelona. En el colegio aprovechó su estatura para jugar al baloncesto, pero se encontró en la orientación, aprovechando las escapadas familiares al monte y la herencia de su abuela, Pilar Lladó, que recibió hace dos años el premio Mujer y Deporte del Ayuntamiento de Barcelona. “Era un deporte en contacto con la naturaleza y, además, tienes que pensar, escoger tu recorrido”. De ahí a sus hijos, Tura y Arau, presume de cuatro generaciones en la misma carrera. “Yo tuve una adolescencia muy distinta a la de la gente. En el viaje de fin de curso la gente iba de fiesta y yo a la mañana siguiente salía a entrenar dando vueltas a la manzana porque no me dejaban ir más lejos. Ahora todos los que estaban conmigo en clase corren, pero entonces yo era el único raro. Recuerdo que la semana era una tortura, me sentía un condenado a muerte. Y el fin de semana era la felicidad, oxígeno”.

Con unos 20 años empezó a recibir material de Salomon, como sus tres hermanos menores, que también hacían orientación. De ahí pasó a echar “unas horas” en la logística, desde poner banderas en meta a coordinar material para los atletas. En ese tránsito desde “becario” a manager, el puesto que ocupa hoy, una productora le puso en 2012 una cámara clásica de vídeo, de las que se usaban en bautizos y comuniones: “Como estás por ahí, haces lo que tú puedas”. Más de veinte kilómetros. “Con la cabeza de carrera. Cuando me iban pasando, grababa al siguiente. Ahora las veo y eran imágenes súper movidas, pero eran puntos a los que no se llega en coche”. Aquello, anecdótico, sirvió de complemento a resúmenes deportivos. El siguiente paso lo facilitó la tecnología —en 2015 salieron los estabilizadores de las GoPro—, y empezó a hacer vídeos para promocionar a los atletas de la marca.

El punto de inflexión fue su vídeo en 2016 de Kilian Jornet tomando la cabeza de carrera en Sancti Spiritu, el epicentro de la maratón de Zegama que evoca a un puerto del Tour de Francia. Se hizo viral y trasladó un deporte minoritario a grandes medios como L’Équipe. “Estos vídeos han ayudado a difundir el trail. Sin los camera-runners, bikers y drones seguiríamos sin ver lo que es realmente este deporte. Es fácil retransmitir un partido de basket con una cámara fija”. Él dio un paso más y empezó a hacer vídeos en directo en pleno monte que otros compañeros hacían en meta. “¿Por qué no enlazamos varios de estos?” Así encadenaron mediante directos “caseros” los 31 kilómetros de Sierre-Zinal, otra carrera histórica. Tomó nota el Marathon du Mont Blanc, que replicó la tecnología del Tour con un avión dando cobertura y mochilas de tres kilos para los cámara-runners. Pequeños hitos hacia un presente en el que toda carrera de cierto nivel asume como obligatorio una retransmisión en directo.

Los múltiples estímulos de la orientación le formaron para la tarea. “No se me hace extraño llevar un objeto en la mano y no mirar al suelo. He cambiado el mapa por la cámara”. No se dedicó nunca a tiempo completo porque su primer trabajo es el de manager, pero ha encontrado hueco para cubrir una docena de carreras al año. “Voy a carreras a grabar, a ver, porque me gusta, como el Mundial. A Miguel Heras ahora le pagan por ir, pero antes no le pagaban e iba igual. Ahora estoy viviendo la transición, es como un trabajo, pero yo me lo tomo como hobby”. Un empleo, eso sí, cogido con alfileres. “No creo que nadie pueda vivir de cámara-runner, pero hay corredores que lo complementan”. Sus cálculos son que los profesionales a tiempo completo —en circuitos como UTMB o las Golden Trail Series, los que dan directos— superan por los pelos la decena.

Para cuadrar el círculo, Biel es uno de esos casos que obra la conciliación imposible, entrenando a las seis de la mañana. “Igual es un defecto, pero prefiero estar aquí con mis hijos que ir a una cena de empresa”. Se lo reconoce Kilian Jornet en una frase de su documental Behind the Camera: “Biel se mueve muy bien en terreno técnico. Muy pocos corredores pueden ir a esa velocidad”. Su siguiente misión es lograr la máxima objetividad, algo muy complicado cuando el cámara está compartiendo un espacio solitario al extremo con el corredor y crea, simplemente por ello, una conexión emocional. Habla del reglamento de los motoristas del Tour para plantear una mínima “guía” para la profesión como, por ejemplo, no corregir al atleta si se pierde o no recogerle el bidón. “Yo intento hablar cada vez menos, no animar, solo estar ahí. Tiene que ser lo más justo posible”.

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